Cita Diaria con Calvino (123)

“Al afirmar esto, no es mi propósito aprobar la perniciosa filosofía o fantasía que mantienen hoy algunos papistas. Como no les es posible sostener aquel error tan burdo enseñado en las escuelas de teología, según el cual la fe es solamente una opinión dudosa, se acogen a otra invención, y enseñan que la fe está mezclada con la incredulidad. Admiten desde luego, que mientras tenemos los ojos puestos en Cristo encontramos en Él materia plena para esperar; mas como siempre somos indignos de todos los bienes que nos son propuestos en Jesucristo, afirman que al considerar nuestra indignidad vacilamos, andamos indecisos y dudamos. En suma, de tal manera ponen la conciencia entre la esperanza y el miedo, que ora se inclina a una parte, ora a otra, y asimismo de tal manera entrelazan la esperanza con el miedo, que al imponerse la esperanza, cae por tierra el temor; y viceversa, en volviendo a ser dueño el temor, ahuyenta de nuevo la esperanza, cae aquí de qué manera Satanás, al ver descubiertos los artificios con los que antes solía destruir la certidumbre de la fe, procura secretamente y como minando el terreno, quitarle su fuerza.

Mas yo pregunto: ¿qué clase de confianza sería ésta, que a cada paso resultara vencida por la desesperación? Si consideramos a Cristo, dicen, la salvación nos parece cierta; mas si ponemos los ojos en nosotros, estamos seguros de nuestra condenación. De aquí concluyen que es necesario que la desconfianza y la esperanza reinen alternativamente en nuestros corazones. ¡Como si debiéramos considerar a Cristo lejano de nosotros, y no más bien habitando en nosotros! Precisamente la causa por la que esperamos de El la salvación es que no se nos muestra lejano, sino que, incorporados nosotros a su cuerpo, nos hace partícipes, no solamente de sus bienes, sino incluso de sí mismo.

Por lo tanto, vuelvo contra ellos su propio argumento de esta manera:

Si nos consideramos a nosotros mismos, es cierta nuestra condenación; mas como Cristo se nos ha comunicado con todos sus bienes para que cuanto Él tiene sea nuestro y para que seamos sus miembros y una misma sustancia con Él, por esta razón su justicia sepulta nuestros pecados, su salvación destruye nuestra condenación, y Él mismo con su dignidad intercede para que nuestra indignidad no aparezca ante la consideración de Dios. Y ello es tan cierto, que en modo alguno debemos apartar a Jesucristo de nosotros, ni a nosotros de Él, sino mantener firmemente la unión con la que nos ha juntado consigo mismo. Esto nos enseña el Apóstol que hagamos, cuando dice que “(nuestro) cuerpo está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia” (Rom. 8: 10). Según el error de éstos, el Apóstol debiera decir: Es verdad que Jesucristo tiene vida en si; mas nosotros, en cuanto somos pecadores, permanecemos sujetos a muerte y a condenación. Sin embargo, él se expresa de modo muy distinto, pues enseña que la condenación que por nosotros mismos merecemos queda suprimida por la salvación de Cristo; y para probarlo da la razón que antes he aducido: que Jesucristo no está fuera de nosotros, sino que habita en nosotros; y no solamente está unido a nosotros por un lazo indisoluble, sino que, merced a una unión admirable que supera nuestro entendimiento, se hace cada día más un mismo cuerpo con nosotros, hasta que esté completamente unido a nosotros.

Con todo no niego, como lo acabo de indicar, que a veces hay ciertas interrupciones de la fe, porque su debilidad entre tan rudos combates la hace oscilar de un lado a otro. Y así la claridad de la fe se ve sofocada por la espesa oscuridad de las tentaciones; pero en cualquier coyuntura, no deja de tender siempre a Dios”. 

Institución de la religión cristiana III.II.24 (p. 428-429).

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Un Comentario

  1. Cristino Enrique Robles Perea

    Mi primer comentario al respecto hace referencia a la dialéctica que en torno a la fé, y en oposición deliberada a lo que sostenemos los reformados,hacen los romanos.Podemos resumirlo en ésto:ëstos,considerando de manera cierta lo que se entiende por fé en la iglesia cristiana(Fé en Cristo),y aún sosteniendo que la prueba de la fé la da el amor(Gal.5,6),hacen una flagrante des-conversión cristológica de la misma, en pro de un pragmatismo soteriológico en base al texto tan traido y llevado en réplica con la Reforma de Santiago 2,14-26.El resultado inmediato es el reconocimiento de la propia indignidad de la salvación, gratuitamente ofrecida por Cristo para los que son de la fé en El(Rom.3,26),y por consiguente la pérdida de la fé(de esa fé adulterada) .Lo que debiera fortalecer la fe y la esperanza del auténtico cristiano,da lugar a la más grasa desesperanza en la salvación;ésto no es lo que se afirma en Rom.3,21-31,porque ésto no es la fé cristiana basada en la “dikaiosine tou Zeou””(Justicia de Dios,de Romanos).Nuestras obras no merecen la salvación por buenas que sean,sólo Cristo muerto y resucitado,merece nuestra salvación.Desconocer, ó no afirmar claramente ésto,es por ende no tener fé.Por otra parte,el texto mencionado por Calvino de Rom.8,10,encuadrado en su contexto(8,1-27),hace referencia a la obra del Espíritu Santo en el creyente(regeneración espiritual),más explícitamente que a la cristología de la Redención vicaria,en sintonía directa(hermenéutica) de Sant.2,26(“porque como el cuerpo sin espíritu está muerto,así tambien la fé sin obras está muerta”).Todo ello abunda más, si cabe, en lo dicho.El argumento romano de la “indignidad de la salvación basada en nuestras obras ó méritos”,no sólo des-convierte la fé en Cristo y en nuestra salvación,sino que ignora por completo el núcleo básico de la soteriología cristiana:la regeneración del alma del hombre pecador por obra del Espíritu Santo derrramado en Pentecostés(Hech.2,32-36:cf.todo el capítulo).

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