Cita Diaria con Calvino (108)

“Pero antes de pasar más adelante, consideraremos brevemente cómo es posible que Dios, el cual nos ha prevenido con su misericordia, haya sido enemigo nuestro hasta que mediante Jesucristo se reconcilió con nosotros. Porque ¿cómo podría habernos dado en su Hijo Unigénito una singular prenda de amor, si de antemano no nos hubiera tenido buena voluntad y amor gratuito? Como parece, pues, que hay aquí alguna repugnancia y contradicción, resolveré el escrúpulo que de aquí podría seguirse.

El Espíritu Santo afirma corrientemente en la Escritura que Dios ha sido enemigo de los hombres, hasta que fueron devueltos a su gracia y favor por la muerte de Cristo (Rom. 5: 10); que los hombres fueron malditos, hasta que su maldad fue expiada por el sacrificio de Cristo (Gál.3:10. 13); que estuvieron apartados de Dios, hasta que por el cuerpo de Cristo volvieron a ser admitidos en su compañía (Col.1:21-22). Estas maneras de expresarse se adaptan muy bien a nuestro sentido, para que comprendamos perfectamente cuán miserable e infeliz es nuestra condición fuera de Cristo. Porque si no se dijera con palabras tan claras, que la ira, el castigo de Dios y la muerte eterna pendían sobre nosotros, conoceríamos mucho peor hasta qué punto seríamos desventurados sin la misericordia de Dios, y apreciaríamos mucho menos el beneficio de la redención.

Ejemplo: Cuando uno oyere decir: “Si Dios mientras tú eras aún pecador, te hubiera aborrecido y desechado de sí como lo merecías, ciertamente debías esperar un castigo horrible; mas como por su gratuita misericordia te mantuvo en su gracia y no permitió que te separases de Él, te libró de tal castigo”; el interesado se sentiría en parte conmovido y vería lo que debía a la misericordia de Dios. Mas si oyese también decir, según lo enseña la Escritura, que había estado muy apartado de Dios por el pecado, que había sido heredero de la muerte eterna, sujeto a la maldición, privado de toda esperanza de salvación, excluido de las bendiciones de Dios, esclavo de Satanás, cautivo bajo el yugo del pecado, y que, finalmente le estaba preparado un horrible castigo; mas que entonces intervino Cristo, e intercediendo por él tomó sobre sus espaldas la pena y pagó todo lo que los pecadores habían de pagar por justo juicio de Dios; que expió con su sangre todos los pecados que eran causa de la enemistad entre Dios y los hombres; que con esta expiación se satisfizo al Padre y se aplacó su ira; que Él es el fundamento de la paz entre Dios y nosotros; que Él es el lazo que nos mantiene en su favor y gracia, ¿no le movería esto con tanta mayor intensidad, cuanto más al vivo se le pinta ante sus ojos la gran miseria de que Dios le ha librado? […]

Mas, para que lo que decimos tenga mayor autoridad entre los que desean la aprobación de los doctores antiguos, alegaré solamente un pasaje de san Agustín, (1) en el que enseña esto mismo.

“Incomprensible”, dice, “e inmutable es el amor de Dios. Porque no comenzó a amarnos cuando fuimos reconciliados con Él por la sangre de su Hijo, sino que nos amó ya antes de la creación del mundo, a fin de que fuésemos sus hijos en unión de su Unigénito, incluso antes de que fuésemos algo. Respecto a que fuimos reconciliados por la muerte de Jesucristo, no se debe de entender como si Jesucristo nos hubiese reconciliado con el Padre para que éste nos comenzase a amar, porque antes nos odiase; sino que fuimos reconciliados con quien ya antes nos amaba, aunque por el pecado estaba enemistado con nosotros. El Apóstol es testigo de si afirmo la verdad o no:  “Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Rom.5:8). Así que ya nos amaba cuando éramos enemigos suyos y vivíamos mal. Por tanto, de una admirable y divina manera, aun cuando nos aborrecía, ya nos amaba. Porque Él nos aborrecía en cuanto éramos como Él no nos había hecho, mas como la maldad no había deshecho del todo su obra, sabía muy bien aborrecer en nosotros lo que nosotros habíamos hecho, y a la vez amar lo que Él había hecho.” Tales son las palabras de san Agustín”.

(1) Tratados sobre el Evangelio de San Juan, CX, 6.

Institución de la religión cristiana II.XVI.2 y 4 (p. 373-375).

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  1. Digg

    Cierto, Dios nos amo siendo enemigos de el. Esto es la gracia expresada en aquellos que son elegidos desde la eternidad. El pecado tiene sus propias consecuencias temporales para los que estan en Cristo, pero para aquellos reprobados son consecuencias eternas. La paga del pecado es muerte, mas la dadiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesus. Asi que cuando estabamos en nuestros delitos y pecados estabamos bajo la ira de Dios con un proposito que no entendiamos por estar muertos en pecados como los demas, pero venido el Espiritu Santo quien infundio en nosotros vida comprendimos la vida en Cristo y el lugar en que estabamos y el destino que como pecador no arrepentido ibamos a tener, LA CONDENACION ETERNA, mas gracias sean dadas a Dios por Jesucristo, quien nos rescato para su propia gloria. Aunque a nuestra mente sea contradictorio esta postura es biblica. Pero no es pretexto para afirmar que “Dios ama al pecador pero aborrece el pecado” hay otra “Dios te ama como estas” o “ven como estas a Jesucristo” en fin. En la predicacion del evangelio debemos presentar el evangelio tal cual es para no causar estragos en la vida humana, pues Dios nos llama de las tinieblas a su luz admirable. El pecado debe llamarse pecado y mostrar la negrura de las mismas tinieblas y sus tristes consecuencias. Por otro lado presentar a Jesucristo el Salvador de su pueblo perdonando y rescatando, justificando, santificando a sus hijos para estar en la luz admirable. Dios odia al pecador, la ira de Dios esta sobre los hijos de desobediencia, el pecado y el pecador son la transgresion y el transgresor, existiendo en si una estrecha relacion y un gran abismo entre Dios y el pecador, por lo tanto hay una imperiosa necesidad del mediador nuestro Señor y Salvador Jesucristo-hombre.

  2. Cristino Enrique robles Perea

    Como teólogo,es para mi un tema apasionante el que aquí se plantea por parte de Calvino.Quiero ser intencionalmente breve:la explicación que nos aporta Agustín citada por el Reformador,debe ser explícitamente desarrollada a partir de su propio contexto.Creo por tanto,que no es aventurado(en Teología no aventuramos, sino más bien exponemos”quaestiones disputata”a modo de “hipó-tesis”),sostener que el amor”ab aeterno”de Dios por toda su Creación,especialmente por el hombre que iba a ser creado a su “imagen y semejanza”, no debemos vincularlo diréctamente en cuanto a su teleorientación redencionista, al amor-misericordia sentido por la criatura pecadora,sino más bien,ó en todo caso,a su divina Providencia.De ésta manera creo que se resuelve el presunto dilema planteado por el Reformador,e interpretamos correctamente el texto agustiniano,sin ningún tipo de extrapolaciones doctrinales.Está claro que la Escritura nos revela el Amor incondicional de Dios por el hombre-pecador ó no-,pero que una vez caido de la” justicia original”,necesita ser redimido,no tanto por ser librado de la cólera divina,sino tambien(ó más bien),para ser hecho “hijo de Dios en el Hijo”,tal como nos revela Juan la Encarnación del Verbo de Dios(Jn.1,1-18).Esto último lo vemos en Juan,mientras Pablo, en su “theología crucis”,tal vez por su ascendencia judia,contempla con mayor relevancia el papel del Mediador entre Dios y los hombres a partir del sacrificio cruento en la Cruz,destacando la enemistad entre Dios y los hombres a causa del pecado, atribuyendo la Redención a la misericordia divina,lo cual significaría que Dios amó al hombre “en su propio pecado”,por tratarse de un Amor incondicional y eterno.Estas son las dos tesis-teológico-cristológico-soteriológicas,y a partir de ahí debemos establecer la hermenéutica correcta tanto de la teología de la Encarnación del Hijo de Dios,como de nuestra propia Redención, a ella estrechamente vinculada. Si queremos considerar(pues viene al caso),la tesis calvinista de la Predestinación absoluta e incondicionada de Dios,señalamos que en ella se mantiene igualmente, tanto el amor incondicional y eterno de Dios por el hombre-no pecador-,como la misericordia divina por el pecador,en términos de Alianza..

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