Cita Diaria con Calvino (105)

“ Dice muy bien san Agustín, que aunque los herejes prediquen el nombre de Cristo, sin embargo no les sirve de fundamento común con los fieles, sino que permanece como bien propio de la Iglesia; porque si se considera atentamente lo que pertenece a Cristo, no se le podrá encontrar entre dos herejes más que de nombre; pero en cuanto al efecto y la virtud no está entre ellos. De la misma manera en el día de hoy, aunque los papistas digan a boca llena que el Hijo es Redentor del mundo, sin embargo, como se contentan con confesado de boca, pero de hecho le despojan de su virtud y dignidad, se les puede aplicar con toda propiedad lo que dice san Pablo, que no tienen Cabeza (Col. 2:19).

Por tanto, para que la fe encuentre en Jesucristo firme materia de salvación y descanse confiada en Él, debemos tener presente el principio de que el oficio y cargo que le asignó el Padre al enviarlo al mundo; consta de tres partes; puesto que ha sido enviado como Profeta, como Rey, y como Sacerdote. Aunque de poco nos serviría conocer estos títulos, si no comprendiésemos a la vez el fin y el uso de los mismos […]

Debemos, pues, advertir que el nombre de Cristo se extiende a estos tres oficios. Porque es bien sabido que tanto los profetas, como los sacerdotes y los reyes, bajo la Leyeran ungidos con aceite sagrado, dedicado a esto. De aquí que al Mediador prometido se le haya dado el nombre de Mesías, que quiere decir “ungido”. Y aunque admito que fue así llamado especialmente por razón de su reino, sin embargo también la unción profética, y sacerdotal conservan su valor y no se deben menospreciar.

Queda, pues, por inconcuso y cierto que con la perfección de su doctrina ha puesto fin a todas las profecías; de tal manera que todo el que no satisfecho con el Evangelio pretende añadir algo, anula su autoridad. Porque la voz que desde el cielo dijo: “Este es mi Hijo amado; a él oíd” (Mt.3:17; 17:5), lo elevó con un privilegio singular por encima de todos los demás”.

Institución de la religión cristiana II.XV.1 y 2 (p. 364-366).

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Un Comentario

  1. Cristino Enrique Robles Perea

    Este importantísimo capítulo(XV) del libro II de la Institución de la Relig.Crist. de Calvino, creo que debe ser contemplado en su conjunto doctrinal a fin de aprehender la figura del Redentor en la unidad e indisolubilidad de su “munus”(oficio mesiánico),que de hecho se manifiestan y operan al mismo tiempo en el Jesús terreno.Resumo muy brevemente,el contenido que nos quiere transmitir el Reformador:el oficio profético queda manifestado en la proclamación del Reino de Dios entre los hombres(Mc.1,15),con la demanda-exigencia previa por parte de los destinatarios, del arrepentimiento-conversión acompañado de la fé ó acogida del mensaje de salvación anunciado a todos los hombres sin distinción de razas ó pueblos;el oficio real,hace referencia al reino espiritual que se instaura a partir de la acogida por fé del reino anunciado,y hace por tanto referencia explícita a la iglesia cristiana,discípulos ó seguidores en el tiempo de su advenimiento.Aquí debemos hacer mención explícita al bautismo de fuego ó del Espíritu Santo,que recoge tanto la tradición sinóptica como la joánica a través del ministerio penitencial(ó de preparación:Is.40,3)de Juan Bautista, el último de los grandes profetas en el pórtico de la nueva economia salvífica neotestamentaria como precursor mesiánico,que no significa otra cosa que la manifestación visible-como comunidad de fé-de los discípulos del Resucitado,investidos del poder y la autoridad mesiánica; en último lugar,el oficio sacerdotal-palmariamente desconsiderado por los “romanos”(papistas)-,que según Pablo hace referencia remota al oficio ministerial del sacerdote levítico, que como tal ofrecia diariamente sacrificios a Dios, en primer lugar por sí mismo,y en segundo lugar por todo el pueblo de judio,pero que es tanto más superior cuanto es más alta la vocación y unción divina recibida por su receptor, y tanto más eficaz su intercesión en favor de todos los hombres-Heb.4,14-5,10-,por tratarse del Cristo de Dios, no solo en su vida terrena, sino más bien despues de su exaltación mesiánica a la diestra de Dios Padre.Para concluir,señalar que la intención del Reformador no es otra que señalar el fin por el cual ha sido enviado el Hijo por el Padre,ésto es la salvación de los hombres a través del oficio mesiánico de Enviado:Jesucristo-Hombre, y de su posterior muerte,resurrección y sacensión a los cielos como vemos a lo largo de cap.XVI,de éste mismo libro.

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