Cita Diaria con Calvino (99)

“Pasemos a la tercera diferencia, tomada de Jeremías, cuyas palabras son: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero éste es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová. Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón, y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová, porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado” (Jer. 31:31-34).

De este lugar tomó ocasión el Apóstol para la comparación que establece entre la Ley, doctrina literal, y el Evangelio, enseñanza espiritual. Llama a la Ley doctrina literal, predicación de muerte y de condenación, escrita en tablas de piedra; y al Evangelio, doctrina espiritual, de vida y de justicia, escrita en los corazones (2 Cor. 3:6-7). Y añade que la Ley es abrogada, mas que el Evangelio permanece para siempre.

Como quiera que el propósito del Apóstol ha sido exponer el sentido del profeta, basta considerar lo que dice el uno para comprenderlos a los dos. Sin embargo, hay alguna diferencia entre ellos. El Apóstol presenta a la Ley de una manera mucho más odiosa que el profeta. Y lo hace así, no considerando simplemente la naturaleza de la Ley, sino a causa de ciertas gentes, que con el celo perverso que tenían de ella, oscurecían la luz del Evangelio. Él disputa acerca de la naturaleza de la Ley según el error de ellos y el excesivo afecto que la profesaban. Y esto hay que tenerlo en cuenta especialmente en san Pablo.

En cuanto a la concordancia con Jeremías, como ambos ex professo oponen el Antiguo Testamento al Nuevo, ambos consideran en ella exclusivamente lo que le es propio. Por ejemplo: en la Ley abundan las promesas de misericordia; mas como son consideradas bajo otro aspecto, no se tienen en cuenta cuando se trata de la naturaleza de la Ley; solamente le atribuyen el mandar cosas buenas, prohibir las malas, prometer el galardón a los que viven justamente, y amenazar con el castigo a los infractores de la justicia; sin que con todo esto pueda corregir ni enmendar la maldad y perversidad del corazón connatural a los hombres”.

Institución de la religión cristiana II.XI.7 (p. 334-335).

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  1. Cristino Enrique Robles Perea

    Quiero señalar,dos puntos:
    1-Los judios fervorosos que se aferraban a la Ley mosaica,y no aceptaban el evangelio de Jesucristo como el Mesias venido en carne,muerto y Resucitado en tiempos de Pablo: a pesar de la disputa que él mantenia no sólo con ellos,sino tambien con las tendencias judaizantes que querian disuadir a los neoconversos del cristianismo de origen judio de abrazar la nueva doctrina,está en la mente del Reformador(al tratar de confrontar al profeta con el apóstol),indicarnos que la Ley”habla a la carne”(“doctrina literal”tal como él la llama),y el Evangelio”habla al corazón”=circuncida la carne,ésto es,ensalza el espíritu(“enseñanza espiritual”,tal como es definida),para con ello dar razón de la controversia mantenida “ab principio” entre la Ley y el Evangelio,haciendo el discurso posteriormente extensivo a la polémica con Roma(Calvino) entre las obras y la gracia.2-En segundo lugar,y por todo ello,creo que la terminologia empleada por Calvino:”doctrina literal”-“enseñanza espiritual”,no es del todo afortunada,sino somos capaces de entender correctamente el pensamiento del profeta citado por el Reformador,que lejos de contraponer ambas Alianzas(la antigua y la nueva),lo que anuncia es no sólo el total cumplimiento de la antigua en la nueva en lo que en síntesis aquélla representaba,sino más bien y sobre todo,indicar al supremacia absoluta de la nueva,ésto es,como”ley escrita no en tablas de piedra,sino en el corazón”,tal como nos indicará Pablo en su doctrina sobre el ministerio evangélico en su totalidad, en 2.Cor.3,3.

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