Cita Diaria con Calvino (97)

“Dirá, pues, alguno, ¿no existe diferencia alguna entre el Antiguo y el Nuevo Testamento? ¿Qué diremos de tantos textos en los que se los opone a ambos como cosas completamente diversas? Respondo que admito plenamente las diferencias que la Escritura menciona, mas a condición que no se suprima la unión que hemos señalado, según podrá verse cuando las expongamos por orden.

Ahora bien, por lo que he podido notar en la Escritura, son cuatro las principales diferencias. Si alguno quiere añadir otra más, no encuentro razón para oponerme. Admito que son diferencias; pero afirmo que más se refieren a la diversa manera que Dios ha observado al revelar su doctrina, que a la sustancia de la misma. Por ello no puede haber impedimento alguno en que las promesas del Antiguo y del Nuevo Testamento sean las mismas, y Cristo el único fundamento de ellas.

La primera diferencia es que, aunque el Señor quiso que el pueblo del Antiguo Testamento elevase su entendimiento hasta la herencia celestial, sin embargo para mejor mantenerlos en la esperanza de las cosas celestiales, se las hacía contemplar a través de los beneficios terrenos, dándoles un cierto gusto de las mismas. En cambio ahora, habiendo revelado mucho más claramente por el Evangelio la gracia de la vida futura, guía y encamina nuestros entendimientos derechamente a su meditación, sin entretenernos Con estas cosas inferiores, como hacia con los israelitas […]

El Señor, pues, los mantuvo en esta clase de enseñanza: darles las promesas espirituales, pero no claras y evidentes, sino en cierto modo encubiertas y bajo la figura de las promesas terrenas. Queriendo, pues, Dios introducir a Abraham, Isaac y Jacob, ya toda su descendencia en la esperanza de la inmortalidad, les prometió la tierra de Canaán como herencia; y ello, no para que se detuviesen allí sin apetecer otra cosa, sino a fin de que con su contemplación se ejercitasen y coll1irmasen en la esperanza de aquella verdadera herencia que aún no se veía. Y para que no se llamasen a engaño, añadía también Dios esta otra promesa mucho más alta, que les daba la certidumbre de que la tierra de Canaán no era la suprema felicidad y bienaventuranza que deseaba darles”.

Institución de la religión cristiana II.XI.1 y 2 (p. 329-331).

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Un Comentario

  1. Cristino Enrique Robles Perea

    Creo que Calvino viene a decir lo mismo(en esencia)de lo que decian sus adversarios(anabaptistas,Miguel Servet..),aunque partiendo de diversas concepciones de índole teológica en ambos grupos que debemos matizar,pues no se trata tan sólo de aspectos formales vinculados a la expresión sistemática de un mismo contenido teológico,sino de algo mucho más importante a mi modo de ver.En primer lugar,el pensamiento calvinista retrotrae la existencia de la Iglesia cristiana-de forma prefigurada-ya al Edén,y habla de” iglesia judia”,dando con ello a significar que el Pacto de Dios con la humanidad es uno,e inmutable .Esto no es aceptado por el anabaptismo,pues ven,(en líneas generales),un “antes y un depués” a partir de la venida de Cristo;por tanto,la “intemporalidad”del Pacto se diluye,y con ello,todo lo que ello significa en cuanto a la doctrina propiamente cristiana de la salvación integral(destaco éste término)del ser humano,lo cual ya nos introduce de lleno en lo que entendemos en soteriología cristiana,como vida sobrenatural y eterna.El Reformador lo sabe,lo tiene en cuenta,pero(de ahí,elementos doctrinales que suponen más que aspectos meramente formales), sostiene la intemporalidad del Pacto(esencialidad intríseca),para de alguna manera salvaguardar la inmutabilidad de los Decretos de Dios,que son de por sí mismos eternos.El matiz que creo que debemos aportar al respecto,una vez dicho lo anterior,es que siendo uno y el mismo en su esencia teológica el Pacto eterno de Dios con su Pueblo elegido-vinculado en sí mismo al Decreto eterno y soberano de Dios-,el Pacto con el Pueblo mesiánico(cristiano),como” Nuevo Pacto en la Sangre de Cristo”(Lc.22,20),está circunscrito exclusivamente a los creyentes por los cuales es derramada esa Sangre,y partido ese Cuerpo.Añadamos al respecto que es Lucas, el único evangelista que pone en boca del Jesús histórico el mandamiento de la perpetuación del signo,y respetando escrupulosamente las diferentes fuentes y tradiciones orales, circunscribe el cumplimiento de la salvación(cristiana) a la Ciudad Santa de Jerusalén,con todo lo que ello significa a la hora de de ver tanto al unicidad del Pacto,como su propia particularidad como”Nuevo Pacto”,algo que por otra parte exige ser considerado a partir de la teología que se desprende de la Antigua Alianza.

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