Cita Diaria con Calvino (89)

“El fin de este mandamiento es que, como Dios quiere que toda nuestra alma esté llena y rebose de amor y caridad, debemos alejar de nuestro corazón todo afecto contrario a la caridad. La suma del mismo será, que no concibamos pensamiento alguno, que suscite en nuestro corazón una concupiscencia perjudicial o propensa a causar daño a nuestro prójimo. A lo cual responde el precepto afirmativo de que cuanto imaginamos, deliberamos, queremos y ejercitamos, vaya unido al bien y provecho de nuestro prójimo.

Pero en esto existe, al parecer, una gran dificultad. Porque, si es verdad lo que un poco más arriba hemos dicho, que bajo el nombre de fornicación y el de hurto se prohíbe el deseo de fornicar y la intención y propósito de hacer mal y de engañar, parece superfluo prohibir de nuevo el deseo de los bienes ajenos.

Sin embargo, podemos resolver fácilmente esta duda considerando la diferencia que existe entre intento y concupiscencia. Llamamos intento — según lo que hemos notado en los mandamientos anteriores — a un propósito deliberado de la voluntad, cuando el corazón del hombre es vencido y subyugado por la tentación. La concupiscencia o deseo puede existir sin tal deliberación o consentimiento, cuando el corazón es solamente incitado a cometer alguna maldad. Así como el Señor ha querido en lo que hasta ahora hemos tratado, que nuestra voluntad y nuestros actos estuviesen regulados por la norma de la caridad, igualmente en esto desea que los pensamientos de nuestra inteligencia se sometan a la misma norma, a fin de que no haya nada que incite al corazón del hombre a seguir otro camino. Antes prohibió el Señor que el corazón se dejase llevar por la ira, el odio, la fornicación, el hurto y la mentira; el presente prohíbe que sea provocado o incitado a ello […]

Pide, pues, el Señor un admirable ardor de caridad, y quiere que no se vea retardado por el menor asomo de concupiscencia. Exige un corazón perfectamente bien regulado, y no quiere que se vea incitado contra la ley de la caridad por los más pequeños estímulos”.

Institución de la religión cristiana II.VIII.49 y 50 (p. 299-300).

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Un Comentario

  1. Cristino EnrMtque Robles Perea

    Dice Calvino dos cosas muy importantes al final del texto citado(pto.50),que aquí se ha omitido, y que quiero destacar yo personalmente,pues resumen de modo muy explícito lo que él queria dejar bien claro en éste momento al comentar el décimo mandamiento:1-“manda Dios que no solamente nos obstengamos de defraudar y de hacer mal,y que dejemos a cada uno poseer en paz sus bienes,sino además que no nos mueva la menor sombra de codicia que incite nuestro corazón a hacer algún daño al prójimo”;2-nuestras obligaciones para con los hombres,están en primera instancia normadas y reguladas por la caridad,cuyo fundamento es el temor y reverencia que es debida a Dios por todos los creyentes./Tal vez parece como si en el ánimo del legislador,con éste mandamiento(décimo),se quisiera destacar la enorme importancia que debe tener para nosotros el amor pleno y sin reservas que debemos a nuestro prójimo-lo cual preludia ya el contenido del nuevo mandamiento dado por Jesús en su testamento, como plenitud evangélica(Jn.13,34-35)-,ya que el primer mandamiento de la Ley hacia referencia al amor incondicional debido a Dios,con lo que en éstos dos-primero y último-quedarían resumidos todos los restantes.

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