Cita Diaria con Calvino (66)

“ La costumbre de medir las fuerzas del hombre por los mandamientos es ya muy antigua, y confieso que tiene cierta apariencia de verdad; sin embargo afirmo que todo ello procede de una grandísima ignorancia de la Ley de Dios. Porque los que tienen como una abominación el que se diga que es imposible guardar la Ley, dan como principal argumento – muy débil por cierto – que si no fuese así se habría dado la Ley en vano. Pero al hablar as! lo hacen como si san Pablo jamás hubiera tocado la cuestión de la Ley. Porque, pregunto yo, ¿qué quieren decir estos textos de san Pablo: “Por medio de la ley es el conocimiento del pecado” (Rom. 3:20); “no conocí el pecado sino por la ley” (Rom. 7:7); “Fue añadida (la ley) a causa de las trasgresiones” (Gál.3:19); “la ley se introdujo para que el pecado abundase” (Rom. 5: 20)? ¿Quiere por ventura decir san Pablo que la Ley, para que no fuese dada en vano, había de ser limitada conforme a nuestras fuerzas? Sin embargo él demuestra en muchos lugares que la Ley exige más de lo que nosotros podemos hacer, y ello para convencernos de nuestra debilidad y pocas fuerzas. Según la definición que el mismo Apóstol da de la Ley, evidentemente el fin y cumplimiento de la misma es la caridad (1 Tim. 1: 5); y cuando ruega a Dios que llene de ella el corazón de los tesalonicenses, harto claramente declara que en vano suena la Ley en nuestros oídos, si Dios no inspira a nuestro corazón lo que ella enseña (1 Tes.3:12) […]

Mas ¿a quién se va a convencer, dicen ellos, de que Dios ha promulgado su Ley a unos troncos o piedras? Respondo que nadie quiere convencer de esto. Porque los infieles no son piedras ni leños, cuando adoctrinados por la Ley de que sus concupiscencias son contrarias a Dios, se hacen culpables según el testimonio de su propia conciencia. Ni tampoco lo son los fieles, cuando advertidos de su propia debilidad se acogen a la gracia de Dios. Está del todo de acuerdo con esto, lo que dice san Agustín: “Manda Dios lo que no podemos, para que entendamos qué es lo que debemos pedir”.[1] Y: “Grande es la utilidad de los mandamientos, si de tal manera se estima el libre albedrío que la gracia de Dios sea más honrada”.[2] Asimismo: ‘Ta fe alcanza lo que la Ley manda; y aun por eso manda la Ley, para que la fe alcance lo que estaba mandado por la Ley; y Dios pide de nosotros la fe, y no halla lo que pide si Él no da lo que quiere hallar”.[3] Y: “Dé Dios lo que quiere, y mande lo que quiera”.[4]

Institución de la religión cristiana II.V.6 y 7 (p. 225-227).


[1] De la gracia y el libre albedrío, cap. XVI.

[2] Carta CLXVII.

[3] Homilía 29, sobre san Juan.

[4] Confesiones, lo. X, cap. XXIX.

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