Cita Diaria con Calvino (62)

“Dios mueve nuestra voluntad, no como durante mucho tiempo se ha enseñado y creído, de tal manera que después esté en nuestra mano desobedecer u oponernos a dicho impulso; sino con tal eficacia, que hay que seguirlo por necesidad. Por esta razón no se puede admitir lo que tantas veces repite san Crisóstomo: “Dios no atrae sino a aquellos que quieren ser atraídos”.[1] Con lo cual quiere dar a entender que Dios extiende su mano hacia nosotros, esperando únicamente que aceptemos ser ayudados por su gracia. Concedemos, desde luego, que mientras el hombre permaneció en su perfección, su estado era tal que podía inclinarse a una u otra parte; pero después de que Adán ha demostrado con su ejemplo cuán pobre cosa es el libre albedrío, si Dios no lo quiere y lo puede todo en nosotros, ¿de qué nos servirá que nos otorgue su gracia de esa manera? Nosotros la destruiremos con nuestra ingratitud. Y el Apóstol no nos enseña que nos sea ofrecida la gracia de querer el bien, de suerte que podamos aceptarla, sino que Dios hace y forma en nosotros el querer; lo cual no significa otra cosa sino que Dios, por su Espíritu, encamina nuestro corazón, lo lleva y lo dirige, y reina en él como cosa suya. Y por Ezequiel no promete Dios dar a sus elegidos un corazón nuevo solamente para que puedan caminar por sus mandamientos, sino para que de hecho caminen (Ez. 11: 19-20; 36:27). Ni es posible entender de otra manera lo que dice Cristo: “Todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí” (Jn. 6:45), si no se entiende que la gracia de Dios es por sí misma eficaz para cumplir y perfeccionar su obra, como lo sostiene san Agustín en su libro De la Predestinación de los Santos (cap.VIII); gracia que Dios no concede a cada uno indistintamente, como dice, si no me engaño, el proverbio de Ockham: “La gracia no es negada a ninguno que hace lo que está en sí”.[2]

Por supuesto, hay que enseñar a los hombres que la bondad de Dios está a disposición de cuantos la buscan, sin excepción alguna. Pero, como quiera que ninguno comienza a buscarla antes de ser inspirado a ello por el cielo, no hay que disminuir, ni aun en esto, la gracia de Dios. Y es cierto que sólo a los elegidos pertenece el privilegio de, una vez regenerados por el Espíritu de Dios, ser por Él guiados y regidos. Por ello san Agustín, con toda razón, no se burla menos de los que se jactan de tener parte alguna en cuanto a querer el bien, que reprende a los que piensan que la gracia de Dios les es dada a todos indiferentemente. Porque la gracia es el testimonio especial de una gratuita elección.[3] “La naturaleza dice, “es común a todos, mas no la gracia”.[4] Y dice que es una sutileza reluciente y frágil como el vidrio, la de aquellos que extienden a todos en general lo que Dios da a quien le place. Y en otro lugar: “¿Cómo viniste a Cristo? Creyendo. Pues teme que por jactarte de haber encontrado por t mismo el verdadero camino, no lo pierdas. Yo vine, dirás, por mi libre albedrío, por mi propia voluntad. ¿De qué te ufanas tanto? ¿Quieres ver cómo aun esto te ha sido dado? Oye al que llama, diciendo: Ninguno viene a mí, si mi Padre no le trajere”.[5] Y sin disputa alguna se saca de las palabras del evangelista san Juan que el corazón de los fieles está gobernado desde arriba con tanta eficacia, que ellos siguen ese impulso con un afecto inflexible. “Todo aquel”, dice, “que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él” (1 Jn. 3,9). Vemos, pues, que el movimiento sin eficacia que se imaginan los sofistas, por el cual Dios ofrece su gracia de tal manera que cada uno pueda rehusarla o aceptarla según su beneplácito, queda del todo excluido cuando afirmamos que Dios nos hace de tal manera perseverar, que no corremos peligro de poder apartarnos”

Institución de la religión cristiana II.III.10 (p. 208-210).


[1] Homilía XXII,5.

[2] Calvino atribuye, con dudas, a Ockham una frase que en realidad pertenece a Gabriel Biel, y que aparece en su comentario a las “Sentencias” de Pedro Lombardo: Epythoma Pariter… II, 27,2 [facientibus quod in se est Deus non denegat gratiam].

[3] Sermón XXVI, cap. III y XII.

[4] Ibid., cap. VII.

[5] Contra dos Cartas de los Pelagaianos, lib. I, cap. XIX.

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Un Comentario

  1. Denis Cobar

    Esta es la más dulce de las teologías. Dios operando libre, soberana y graciosamente en el corazón de los que quiere para redimirles,santificarles y glorificarles para de esta manera dar gloria a Su Nonbre por la eternidad. Gracias hermano por publicar estas citas increíbles de Calvino. Gracia y paz. Denis Cobar

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