Cita Diaria con Calvino (57)

“Por esta causa, lo que aquí quita al hombre lo atribuye en otro lugar a Dios, rogándole por los efesios de esta manera: “El Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación” (Ef. 1: 17). Vemos por ello que toda la sabiduría y revelación es don de Dios. ¿Qué sigue a continuación? Que ilumine los ojos de su entendimiento. Si tienen necesidad de una nueva revelación, es que por sí mismos son ciegos. Y añade: para que sepáis cuál es la esperanza de nuestra vocación. Con estas palabras el Apóstol demuestra que el entendimiento humano es incapaz de comprender su vocación. Y no hay razón alguna para que los pelagianos digan que Dios socorre a esta torpeza e ignorancia, cuando guía el entendimiento del hombre con su Palabra a donde él sin guía no podría en manera alguna llegar. Porque David tenla la Ley, en la que estaba comprendida toda la sabiduría que se podía desear; y, sin embargo, no contento con ello, pedía a Dios que abriera sus ojos, para considerar los misterios de su Ley (Sal. 119:18). Con lo cual declaró que la Palabra de Dios, cuando ilumina a los hombres, es como el sol cuando alumbra la tierra; pero no consiguen gran provecho de ello hasta que Dios les da, o les abre los ojos para que vean. Y por esta causa es llamado “Padre de las luces” (Sant. 1: 17), porque doquiera que Él no alumbra con su Espíritu, no puede haber más que tinieblas. Que esto es así, claramente se ve por los apóstoles, que adoctrinados más que de sobra por el mejor de los maestros, sin embargo les promete el Espíritu de verdad, para que los instruya en la doctrina que antes habían oído (Jn. 14,26). Si al pedir una cosa a Dios confesamos por lo mismo que carecemos de ella, y si Él al prometérnosla, deja ver que estamos faltos de ella, hay que confesar sin lugar a dudas, que la facultad que poseemos para entender los misterios divinos, es la que su majestad nos concede iluminándonos con su gracia. Y el que presume de más inteligencia, ese tal está tanto más ciego, cuanto menos comprende su ceguera”.

Institución de la religión cristiana II.II.21 (p. 190-191).

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  1. Cristino Enrique Robles Perea

    Este texto del Reformador,lo encontramos inserto en el apartado(dentro del mismo libro y capítulo):”corrupción de la inteligencia”(12.a).Lo que cabría destacar de éste contexto próximo es que-constante en la antropología calvinista-la corrupción innata a la que está somentida nuestra naturaleza en razón del pecado de origen, nos impide no sólo hacer la voluntad de Dios,sino tambien adquirir el verdadero conocimiento en orden a El y a nuestra salvación,no de orden natural ó filosófico(incluso religioso),sino de orden sobrenatural,aquél que nos es dado por una intervención especial del Espíritu Santo,sencillamente porque se trata de la desvelación de los misterios de Dios concernientes a nuestra eterna salvación(1· Cor.2,6-16;Jn.14,26).Se da por tanto una relación causa- efecto a partir de una misma realidad-la corrupción radical de la naturaleza humana-,incapaz no sólo de buscar y hacer el bien,sino tambien inclinada a hacer el mal;en el caso del entendimiento-inteligencia,conocer a Dios como Bien y Verdad suprema, que no está al alcance ni de la voluntad, ni de la razón humana.

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