La Masacre de Vassy (1 de marzo, 1562)

La masacre de Vassy, que precipitó la primera Guerra de Religión en Francia (1562-1563) es uno de los acontecimientos que han marcado la Historia de nuestro vecino país y, en cierto sentido, también la europea. No es de extrañar, pues, que esté siendo continuamente revisado por parte de los historiadores.

De entrada, hay que constatar un problema no pequeño: las fuentes primarias sobre las cuales se reconstruye el relato de la masacre son, o bien católicas, o bien protestantes. Es decir, no hay fuentes primarias, digamos, neutrales, sobre las cuales basarse. Los historiadores deben, pues, escoger entre ellas lo que le parecen los datos más contrastados o verosímiles. Pero también hay que ser conscientes que ante este hecho, sobretodo en la interpretación del mismo, tenderán siempre a buscar una cierta equidistancia entre los actores católicos y protestantes, para no dar la impresión de que se está abrazando unilateralmente un bando. Las Guerras de Religión son uno de los acontecimientos más traumáticos (por no decir, el más traumático) de toda la Historia de Francia. Además, hay que tener presente que el mundo académico no es exento a la exigencia de laicidad imperante en Francia.

Para los que lean francés pude ser interesante la lectura de este artículo de la Sociedad de la Historia de Francia.[1] Es algo antiguo (de 1913) pero da una buena reconstrucción del suceso, sobretodo, un análisis bastante detallado, algo muy importante, de sus fuentes primarias.

En la presentación e interpretación de la masacre de Vassy, no faltan a veces voces que censuran a los protestantes el hecho de reunirse en tierras del Duque de Guisa, o que incluso acusan a los reformados de contravenir “acuerdos previos”. Esto equivale a achacar la masacre como si fuera debida a una provocación previa de los reformados, explicación ya dada en su día por Guisa mismo y por sus defensores católicos.[2]

Hay que decir que, en diciembre 1561, los reformados de Vassy obtuvieron autorización del conde d’Eu, François II de Clèves, gobernador de Champagne. En cuanto a los “acuerdos previos” contravenidos, en realidad no son tales, sino el Edicto real de Enero 1562, que concedía tolerancia al ejercicio público de la religión fuera de las ciudades (para el texto íntegro, en francés antiguo, pulsen aquí).

Sin embargo, debido a la resistencia ofrecida por el Parlamento de París, el edicto no entró en vigor hasta después de la masacre de Vassy. La reunión de los reformados en Vassy estaba, por tanto, dentro de la legalidad.

En cuanto al número de víctimas, los que hoy día la cifran alrededor de 23 no hacen más que retomar la cifra que personalmente dio en su día el duque mismo de Guisa, en una carta de clara naturaleza apologética de su acción.[3] En su obra de 1961, Émile G. Léonard lo cifra en 74,[4] cifra que es la historiofrafía universitaria más reciente mantiene (Delumeu, 73 muertos)..[5]

Les dejo, pues, con la traducción del párrafo dado por Thomas Lindsay, en el que describe el relato de la matanza:
“El duque de Guisa, cuando viajaba de Joinville a París, acompañado por su hermano, el cardenal de Guisa, sus hijos y su esposa, y escoltado por un gran séquito armado, se detuvo en Vassy (1 de marzo de 1562). Era domingo, y el duque deseaba oír misa. Apenas a un disparo de distancia de la iglesia había un granero, donde los protestantes (desafiando el edicto, puesto que Vassy era una ciudad amurallada) estaban celebrando  un culto. La congregación, de apenas un año de edad, era numerosa y con gran celo. Era una monstruosidad para Antonieta de Borbón, la madre de los Guisa, que vivía en el vecino castillo de Joinville, ver a sus subordinados atraídos por la predicación de Vassy. El duque se exasperó al ver que los hombres a los que consideraba sus súbditos lo desafiaban en su presencia. Él envió a algunos de sus criados para pedir la a los fieles que abandonaran el lugar. Fueron recibidos por el gritos de “¡Papistas! ¡Idólatras!” “Cuando se trató de forzar la entrada, las piedras comenzaron a volar, y el Duque recibió una pedrada. 

El granero fue atacado, los adoradores fusilados, y antes que el Duque diera la orden de cesar el fuego, sesenta y tres de los seis o 700 protestantes fueron asesinados, y más de un centenar de heridos. La noticia de la masacre se extendió rápidamente, y al mismo tiempo que exasperó a los hugonotes, los Romanistas la aclamaron como una victoria. El condestable de Montmorency y el mariscal de San André salieron al encuentro del duque, y los Guisa entraron en París triunfalmente, escoltado por más de tres mil hombres armados. Los protestantes comenzaron a armarse, y se reunieron para ir a París para ponerse bajo las órdenes del príncipe de Condé. Se temía que los dos bandos lucharan en las calles.

 La regente se retiró con el rey a Fontainebleau. Tenía miedo del Triunvirato (Montmorency, el duque de Guisa, y el mariscal Saint-André) y pidió al Príncipe de Condé que la protegiera a ella y a sus hijos. Condé perdió la oportunidad de colocarse a sí mismo y a sus correligionarios en la posición de dar apoyo al trono. El Triunvirato, con Antonio de Borbón, que ahora parecía  ser el siervo obediente del ellos, marchó sobre Fontamebleau, y obligó al rey y la reina madre a volver a París. Catalina creyó que los protestantes la habían abandonado, y se volvió hacia los romanistas.


El ejemplo de la masacre perpretada en Vassy fue seguido en muchos lugares donde la romanistas eran mayoría. En París, Sens, Rouen, y en otros lugares, los lugares protestantes de adoración fueron atacados, y muchos de los fieles asesinados. En Toulouse, los protestantes se encerraron en el capitolio, y fueron sitiados por los romanistas.  Al final se rindieron, confiando en la promesa de que se les permitiría salir de la ciudad con seguridad. La promesa no fue mantenida, y tres mil hombres, mujeres y niños fueron asesinados a sangre fría. Esta masacre, en violación del juramento, fue celebrada por los católicos romanos de Toulouse en las fiestas del centenario, que se celebraron en 1662, en 1762, y que se habrían celebrado en 1862 si el gobierno de Napoleón III no lo hubiera prohibido”.[6]


[1] Annuaire-bulletin de l’Histoire de France, année 1913 (París: Librairie Renouard), pp. 188-235.

[2] Cf. Mémoires de Claude Haton, contenant le récit des événements accomplis de 1553 à 1582, principalement dans la Champagne et la Brie, 2 vol. (París: éd. Félix Bourquelot, 1857).

[3] Ibid., p. 216.

[4] Émile G. Léonard, Histoire générale du protestantisme, 3 vols. (París: Quadrige – PUF, 1961, reed. 1981), vol. 2, p. 113.

[5] Jean Delumeau, Renaissance et discordes religieuses in L’histoire de France, sous la direction de Georges Duby, Larousse, 2007, p.  474.

[6] Thomas M. Lindsay, A History of the Reformation, 2 vols. (Nueva York: Scribner. 1907), pp. 189-191.

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  1. Pingback: Pío Moa, despedido por torpe « La Voz Liberal
  2. pablo perez

    Cuando uno lee estas cosas le hirve la sangre. Lo que no logro entender es que alguien pueda ir de la mano de los dirigentes de roma, aunque sea para un fin comun. El ecumenismo no es un camino en el que todos llegan a la misma meta, pues para unos la meta será el cielo y para otros el infierno.
    Aun conociendo estas atrocidades que se cometieron con hermanos nuestros, debemos descansar en las palabras del Señor y no pedirle que haga caer fuego del cielo para destruir a nuestros enemigos. Hebreos 10:30 Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor.

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