¿Se tiene que bautizar a los hijos de los creyentes?

¿Se tiene que bautizar a los hijos de los creyentes? Es decir, ¿hay que bautizarlos cuando son recién nacidos? No es exagerado afirmar que en España, el 99% de los creyentes evangélicos son de tipo bautista. Así que, si hacemos esta pregunta en España a los evangélicos, un 99% de los mismos nos van a responder un tajante y rotundo “¡NO!” Y si les preguntamos por qué razón no se les tiene que bautizar, la respuesta más común va a ser, sin duda, que “porque así lo hace la iglesia católica” –es decir, dicha por su nombre, con propiedad, papista–.

Hemos de decir, de entrada, que esta respuesta nos parece muy equivocada. Los evangélicos no nos tenemos que guiar por lo que hace o deja de hacer la iglesia papista en lo que creemos, practicamos o decimos al mundo. Muchas veces pienso que a los evangélicos nos pasa lo mismo que a los papistas, pero al revés. Para estos, el criterio de verdad último es “lo que dice la Iglesia”. Para nosotros, la verdad siempre ha de ser lo contrario de lo que dice la iglesia papista. En uno u otro caso, la verdad está definida en relación con la iglesia dominada por el “papa”; ella es así, de una u otra manera, el referente y la guía de la verdad. ¡Flaco favor nos hacemos los evangélicos al pensar así! ¡Nuestro referente último ha de ser siempre la Palabra de Dios, y es en base a ella que hemos de enjuiciar todas las cosas, en todo lugar!

Pero tenemos que decir, además, que esta respuesta nos parece muy equivocada porque, según la Palabra de Dios, los hijos de los creyentes en Jesucristo no sólo pueden sino que deben recibir el bautismo. No tenemos problema alguno en afirmar que ella es una práctica bíblica. Pero, es más, no vacilamos en calificarla y presentarla a los demás como UNA ORDENANZA DE DIOS.

En efecto, y lo repetimos, el bautismo de los hijos de los creyentes es una ordenanza divina para Su pueblo, en el Pacto de la Gracia. Y ordenanza divina significa, no que se practique sobre la base y la autoridad de la Iglesia, sino sobre la base y autoridad de Dios, quien nos habla en las Sagrada Escrituras, que Él ha inspirado y de las que Él es el autor.

Y si alguien nos objeta que cómo nos atrevemos a hacer esta afirmación, puesto que en la Biblia no se encuentra ni un solo versículo en el que se ordene administrar el bautismo a niños recién nacidos, responderemos que en la Biblia tampoco se nos ordena que las mujeres deban participar de la Santa Cena. ¿Es incorrecto, entonces, que ellas lo hagan? Por supuesto que no, dado que han de participar de la Santa Cena “todos” los creyentes[1] (Mat. 26:27). No se encuentra, pues, es un mandamiento individualizado a las mujeres para que participen, o a sus maridos para que se lo permitan. Sin embargo, es a partir del mandamiento general dado a todos los creyentes que ellas pueden participar, y lo hacen. Pues exactamente del mismo modo en la Biblia no nos encontramos un mandamiento individualizado expreso con respecto a que los hijos de los creyentes, de que estos hayan de recibir el bautismo al nacer, pero tenemos esta otra declaración general del bautismo que afecta a toda la Iglesia del Señor Jesucristo:

“Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (Ef. 5:25-26).

Como vemos, la doctrina de este versículo es la Iglesia de Cristo el objeto y destinatario del bautismo. Y es sobre esta verdad general que descansa y se asienta la práctica del bautismo de los hijos de los creyentes, puesto que si el destinatario del bautismo es la iglesia, los hijos de los creyentes ciertamente forman parte de la iglesia visible de nuestro Señor Jesucristo.

Por supuesto, esta afirmación y proposición no se hace de manera gratuita, sino que está sustentada en todo el desarrollo doctrinal, armonioso y coherente, que este tema recibe a lo largo de todas las páginas de la Biblia. Estas serían sus bases doctrinales más importantes:

1. Existe, en esencia, un solo Pacto de Gracia que se desarrolla entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, y que los une.

Se trata del Pacto de Gracia establecido con Dios con Abraham, y lo encontramos fundamentalmente en el cap. 17 de Génesis. Este pacto lo hizo Dios con el creyente Abraham (cf. Gn. 15:6)  establecido sobre la promesa de ser su Dios y el de su descendencia.

“Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti” (Gen 17:7)”

Podemos decir que esta es la promesa esencial del Pacto de Gracia, que Dios repite a los creyentes, a lo largo de toda la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento (Ex. 6:7 ; Lv. 26:12 ; Jr. 24:7 ; 30:22 ; 31:1.33 ; 32:38 ; Ez. 11:20; 34:24; 36:25-28; 37:27; Os. 2:25; Za. 8:8; 13:9; 2 Co. 6:16; Hb. 8:10; Ap. 21:3).

El apóstol Pablo deja bien clara esta unidad esencial de la alianza entre los dos Testamentos al afirmar que los creyentes son “hijos de Abraham” (Rom. 4:11-12; cf. también 4:24-25). En el cap. 3 de Gálatas este tema es desarrollado ampliamente (Gal. 3:7.9.14.) hasta concluir con esta declaración capital del vs. 29: “Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según la promesa”. Es decir, la promesa de ser su Dios y la de su descendencia, promesa que comporta la vida eterna (cf. Mt. 22:31-32).

2. El sacramento del Pacto de Gracia en el Antiguo Testamento es la circuncisión; en el Nuevo, el bautismo.

La circuncisión era el sacramento del Pacto de Gracia en el Antiguo Testamento. Era una ordenanza de carácter no carnal, sino espiritual, por lo que apuntaba y significaba a Cristo. Era la “señal y sello de la justicia de la fe” (Rom. 4:11). Asimismo, era señal de la purificación espiritual:

“Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas” (Deut 30:6).

Por su parte, el sacramento del Pacto de la Gracia en el Nuevo Testamento, el bautismo, es señal y sello de:

a) el perdón de los pecados y, por consiguiente, la justificación por la fe. Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados” (Hch.  2:38; cf. 22:16);

b) nuestra unión a Cristo y, por consiguiente, de nuestra regeneración: nuestra muerte al pecado y nuestra resurrección a una nueva vida en Él; “¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Rom 6:3-4).

 

3. En el Antiguo Testamento, los hijos de los creyentes estaban en el Pacto (lo cual significa recibir las promesas de Dios) y por ello eran circuncidados.

“Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti” (Génesis 17:7).

“Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos” (Hch. 2:39).

“Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra” (Hch. 3:25).

“Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres” (Rom 15:8).

 

4. En el Nuevo Testamento, los hijos de los creyentes son también coherederos (cf. Heb. 11:9), juntamente con sus padres, de las promesas de Dios y, por consiguiente, también están en el Pacto.

“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hch. 16:31).

El apóstol Pablo llama a los hijos de los creyentes “santos” (1 Cor. 7:14; cf. 1 Cor. 1:2). En la carta a los Efesios y a los Colosenses, el apóstol se dirige a ellos de la misma manera que lo hace a sus padres, es decir, como a creyentes, en base a la Palabra de Dios, y, por lo tanto, como miembros de la iglesia (Ef. 6:1-3.4; Col. 3:21-22).

5. En el Nuevo Testamento, el bautismo sustituye a la circuncisión como sacramento del Pacto.

“En él [en Cristo] también fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal, en la circuncisión de Cristo; sepultados con él en el bautismo” (Col 2:11-12).

Por consiguiente, en base a todas estas consideraciones, concluimos que:

6. Los hijos de los creyentes han de recibir el bautismo al nacer.  

Es en base a todo lo enseñado por la Palabra que lo deducimos como una “consecuencia buena y necesaria de la Escritura” (Confesión Westminster 1.6). Esto significa que lo deducido forma parte de la misma verdad bíblica que todo lo previamente expuesto. Dios en el Antiguo Testamento extendió sus promesas a los hijos de Abraham (y por extensión, a los hijos de los creyentes) y ordenó que estos recibieran la señal y sello del Pacto. Esta realidad espiritual sigue siendo la misma y en el Nuevo Testamento no se revoca que los hijos de los creyentes tengan que recibir la señal del Pacto. Por tanto, si antes recibían la señal y sello de las promesas como circuncisión, ahora la tienen que recibir como bautismo. El Pacto sigue siendo el mismo en esencia y Dios les sigue dirigiendo Sus promesas, nunca ha revocado las mismas. Si se les dirige Sus promesas, entonces son dignos receptores de la señal que las significa y sella.

A todo esto, sin duda, se objetará que el bautismo es para los creyentes (Mc. 16:16; Hch. 8:36-37). A lo cual nosotros respondemos que estamos de acuerdo, en la medida que hablemos de paganos o pecadores convertidos, que vienen del mundo y que, de esta manera, han de recibir el bautismo para marcar solemnemente su entrada en el pueblo de Dios. Pero que esto no habla nada de los hijos de los creyentes, ni elimina ni revoca toda la realidad que hemos expuesto anteriormente. Por lo tanto, esto no los excluye del bautismo.

Se nos objetará también, sin duda, que los niños no van a ser salvos por recibir el bautismo, porque sólo serán salvos si creen en Cristo con fe salvadora. A lo cual nosotros respondemos que estamos de acuerdo que el bautismo por sí mismo no salva. No los bautizamos para salvarlos, ni para hacerlos santos. Los bautizamos porque Dios los declara “santos” en Su Palabra, lo creemos y, por lo tanto, estamos en el deber de expresar esta realidad debidamente, conforme a la Palabra de Dios. Y es por esta razón, porque ya son “santos” (es decir, que el Señor los ha apartado para sí) que creemos que si nuestros hijos se mueren antes de la edad suficiente para tener uso de razón y creer por sí mismos, con todo partirán con el Señor, y ello en virtud y gracias al Pacto de Gracia del Señor. Y creemos que los hermanos bautistas tendrán este mismo convencimiento y estarán de acuerdo con nosotros en este punto.

Si esto estamos de acuerdo en esto, y además las promesas de Dios para nuestros hijos no dependen del bautismo, sino que, por así decirlo, le son anteriores, ¿qué tiene de más bautizarlos a no bautizarlos? Pues una razón fundamental: al bautizar a nuestros hijos, se les administra visiblemente el Pacto, se les aplica visiblemente la señal de las promesas de Dios. No se les pone al margen y afuera de la gracia de Dios, sino que se les introduce realmente por gracia en la iglesia de Jesucristo. Al hacerlo, los padres adquieren la responsabilidad de educar a sus hijos “en la disciplina y la amonestación del Señor” (Ef. 6:4), siendo para ellos un verdadero ejemplo de fe y fidelidad, de manera que al llegar los hijos a la edad adulta estos tengan esa misma fe verdadera que sus padres. Esa también es la responsabilidad de los hijos que han sido bautizados y que se les ha administrado el Pacto: la de abrazar por la fe a Cristo que le ha sido ofrecido desde siempre en las aguas de su bautismo por la fe de sus padres.

Se nos dirá, tal vez, que porque al llegar a la edad adulta los hijos podrán ser inconversos y hasta apartarse del Señor, y que entonces esto contradeciría la práctica del bautismo de niños. En realidad, esto mismo ocurre con muchos de los que son bautizados de adultos, y a nadie se le ocurre tratar de invalidar el bautismo de adultos por este motivo. De todos modos, en lo que respecta a los niños bautizados, en ese caso, si al llegar a jóvenes o adultos se apartaren, entonces habrán sido apóstatas al Señor. Y Hebreos 10:29 habla de la apostasía en estos términos: “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” Para ser apóstata, uno ha debido ser realmente “santificado con la sangre del pacto”, y esto es lo que hacemos con nuestros hijos al bautizarlos. En el fondo, se confirma la realidad de su bautismo.

Pero el mayor beneficio del bautismo de niños no es el marcar su responsabilidad si se llegan a apartar, sino el convertirse en el medio por el que el niño pueda creer y ser salvo. Aunque el bautismo no salva, sí que, no obstante, puede ser el medio para que ellos depositen su fe en el Señor de manera salvadora. De acuerdo que nuestros hijos han de creer para ser salvos, pero hemos de partir de la base que ellos, por naturaleza, ni quieren hacerlo (Juan 5:40) ni tampoco pueden (Juan 6:44). ¿Se puede, entonces, convertir el Evangelio en una ley que han de cumplir por sí solos para salvarse? ¡Pero si el Evangelio es el mensaje que somos salvos no por nuestras obras sino por la gracia de Dios (Ef. 2:8)! El Pacto de Gracia es el mensaje de que Dios les está hablando, en misericordia y gracia, que será el Dios también de ellos. Y ello, antes que hagan nada por merecerlo, y sin que después de creerlo lo vayan a merecer, sino sólo por los méritos de Cristo. Si crees esto, eres salvo; sí, salvo simplemente por creerlo. ¡Esto, señores, es el puro Evangelio!

En conclusión, realmente, a la luz de todo esto, no vemos ninguna objeción válida a que los creyentes bauticemos a nuestros hijos. Lo vamos a seguir haciendo, pues, como siempre se ha hecho, con la conciencia bien limpia ante Dios; creyendo que, por ello, la bendición espiritual estará sobre nuestras familias; orando para que llegue un día en el que el 100% de los evangélicos en España lleguen al mismo convencimiento en Su Palabra


[1] Es decir, los que están en edad adulta para “examinarse a sí mismos” y participar de la Cena “de manera digna, discerniendo el cuerpo del Señor” (1 Cor. 11:28-29).

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  2. Alejandro

    Lo que me llama mucho la atención es que expuestos los argumentos haya creyentes que crean con toda confianza que se debe bautizar a sus niños y otros creyentes que sigan creyendo lo contrario, también con toda confianza. Y esas dos posturas se han mantenido por siglos dentro de la iglesia de Cristo

      • Alejandro

        A mí me parece que todos los creyentes podemos estar equivocados en algunos aspectos que pueden ser distintos. A veces en alguna doctrina bíblica, a veces porque no vemos el panorama completo, o a veces cuando bien podemos estar en lo correcto en una doctrina, estamos en el error respecto al énfasis que le damos

      • Jorge Ruiz Ortiz

        Sí, todos nos podemos equivocar, es bien cierto. Pero la Palabra no lo hace. Y cuando hay dos enseñanzas contradictorias entre sí, ambas no pueden ser igualmente verdad. Una es verdadera, y otra es falsa o equivocada. El énfasis que le damos a una o a otra no afecta a la verdad bíblica: el error no pasará a ser verdad porque lo presente de manera correcta, y la verdad no se convertirá en error porque lo haga yo con mala actitud. Si se presenta la verdad con un mal énfasis, el problema lo tendrá el que la presenta, pero no la doctrina. Estamos en una época muy subjetivista, es cierto, pero es bueno que la Palabra también nos cuestione todo, hasta esto mismo.

  3. Melvin Vega

    Hay cierta certeza, pero ustedes dan uso équicoco a las Escrituras, aportando su opinion personal y no escritural. Un par de ejemplos: Si el bautismo no salva, pero bautizan porque son hijos de creyentes y son declarados “santos”. ‘Que sucede cuando en una edad adulta rechazan a Cristo como Salvador y mueren? Eran santos (separados)? No. Si segun el A. T. la circuncisión era la promesa de Dios a los Judios, por que entonces los padres de los hijos judios tenian que circunsidar a los hijos? No eran parte de la promesa por sus creyentes padres judios?
    Como bautista (no de España) nunca el bautismo de infantes no se práctica por la practica Católica. Los Católicos al comienzo bautizaban por inmersión. Deben conocer la historia que cambio esta práctica. (No entrare en detalles ). No lo hacemos porque Cristo fue presentado al Sacerdote a los ocho dias y bautizado por los treinta años. Otro punto es, de la misma forma que Cristo murio y resucito, el bautismo por inmersión realiza simbolicamente en un “creyente” que ha confesado a Cristo como Salvador personal. Esto conlleva, morir al pecado, (inmersión) resucitar (sacado de las aguas) y hacer publicamente su profesión de fe ante la congregación. No es para salvacion, pero SI como testimonio. Examinemos la gran comisión. Id por todo el mundo predicad el evangelio a toda criatura. El que CREYERE y fuere BAUTIZADO sera salvo…(Marcos 16:15-16). Para los Bautistas primer hay que creer y despues de acuerdo al conocimiento recibido de la Palabra y su afecto a ella, es bautizado. Ahora un infante siedo hijos de creyentes, puede creer? Sino, entonces no debera ser bautizado, debería más bien ser presentado a Dios. Es bíblico, y nuestro modelo es Cristo al igual que para ustedes. Tambien segun la ley o la gracia Dios respondiendo por medio del Profeta dice: “el alma que pecare esa morira, el hijo no llevara el pecado del padre, ni el padre del hijo” (Ez. 18:20). Entonces, si ustedes no bautizan por salvación, por cual razón bautizan? No hay tal cosa como transferir gracia. Asi que los hijos de lis creyentes bautizadon o no daran cuenta por sus propios pecados cuando tengan raíz de razón. ‘Cierto? Entonces tendriamos también que considerar a los Mormones que bautizan a los hijos de los creyentes muerto, con tierra. Y hacer la práctica porque el Ápistol Pablo lo menciona en una de sus cartas a los Corintios. No erréis mis amados hermanos. En querer buscar objesión para prácticar un evento tan precioso como lo es el bautismo de CREYENTES. hay muchísimo mas que añadir, pero creo que solo en estos párrafos El Espiritu Santo que mora en ustedes les abrira el entendimiento para comprender esta práctica Teológica, mas que un simple celebración con padrinos.

    • Jorge Ruiz Ortiz

      Gracias por su respuesta, que es la típica de los bautistas cuando se presenta la doctrina bíblica del Pacto y del bautismo de infantes. Ciertamente conozco todos estos argumentos, pues he sido pastor bautista. Pero son extrapolaciones de textos que no dan respuesta a la cuestión fundamental: los hijos de los creyentes son declarados santos en la Escritura en virtud del único Pacto de gracia que une las dos dispensaciones, Antiguo y Nuevo Testamento. Si son declarados santos por la Escritura (por el Señor), ¿quién puede rechazarles el agua del bautismo?

      Dice usted: ‘Que sucede cuando en una edad adulta rechazan a Cristo como Salvador y mueren? Eran santos (separados)? No.
      Respuesta: Sí: “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? (Heb 10:29)

      Creo que ustedes no reflexionan debidamente este punto, que es el que por la gracia de Dios me llevó a abrazar la enseñanza bíblica en este punto.

      Hay mucho más que decir, pero creo que con el artículo y esta respuesta es suficiente para afirmar la postura del bautismo de infantes como la bíblica.

      Por cierto, y por último, para nosotros el bautismo de nuestros hijos es un SACRAMENTO DEL SEÑOR (no una simple celebración de padrinos).

      • Eliseo Tapia

        -“Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (Ef. 5:25-26).

        Como vemos, la doctrina de este versículo es la Iglesia de Cristo el objeto y destinatario del bautismo. Y es sobre esta verdad general que descansa y se asienta la práctica del bautismo de los hijos de los creyentes, puesto que si el destinatario del bautismo es la iglesia, los hijos de los creyentes ciertamente forman parte de la iglesia visible de nuestro Señor Jesucristo.-

        Creo que hay una mala interpretación de las escrituras en este contexto, y más bien se está usando todas las citas bíblicas que usan como pretexto, se está omitiendo un texto muy importante y si se predican las doctrinas de la Gracia y dejan este texto de lado entonces nuestro estudio no es correcto:

        “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; LOS CUALES NO SON ENGENDRADOS DE SANGRE, NI DE VOLUNTAD DE CARNE, NI DE VOLUNTAD DE VARÓN SINO DE DIOS.”
        Juan 1:12-13

        Defender el linaje humano como de Dios nos trae complicaciones, primordialmente delante de Dios.
        No queramos hacer que las escrituras dicen lo que no dicen ni justifiquemos nuestros deseos con las escrituras.

      • Jorge Ruiz Ortiz

        No veo ninguna mala interpretación de las Escrituras en este estudio, ni ningún uso de las mismas como pretexto. La cuestión es que, al llamar Dios a los hijos de los creyentes “santos”, ellos forman parte de la iglesia visible. ¿Es tan difícil aceptar lo que la misma Palabra dice acerca de nuestros hijos?

        Por supuesto, que tendrá un problema si quiere limitar la iglesia a los verdaderamente regenerados. No era así en el Antiguo Testamento ni tampoco lo vemos en el Nuevo. ¿No eran miembros de la iglesia visible Ananías, Sáfira, Simón, los que seguían las enseñanzas de Balaam y Jezabel en el Apocalipsis? Cuánto más lo serán los hijos de los creyentes.

        Si la iglesia visible está compuesta por sólo los verdaderamente regenerados, entonces nunca habrá apostasía. Justo lo contrario de lo que afirma Heb 10:29.

        Me sorprende que los que profesan las “doctrinas de la Gracia” (e.d., los Cánones de Dordt) no vean esto

      • Belkys Julieth Cárdenas Maldonado

        Tómese el tiempo de leer el artículo y verá que las objeciones que presenta ya han sido respondidas. El bautismo de infantes es un mandato de Dios y para poderlo comprenderlo hay que estudiar la teología del pacto, el pacto de gracia hecho por Dios con los hombres.

        Gracia y paz de nuestro Señor Jesucristo.

  4. Mauricio

    Buena exposición. Sin embargo, creo que la Biblia enseña que el bautismo es para personas que han creído en la persona y obra del Señor Jesucristo y se han arrepentido de sus pecados. Los hijos de los creyentes no son santos en automático, así como no todo descendiente de Abraham es israelita. Soy bautista reformado, aunque respeto su postura y les amo en el Señor. Saludos.

    • Jorge Ruiz Ortiz

      Gracias por su respuesta. A pesar de que nos unen muchas doctrinas de la Palabra de Dios, tenemos una diferencia muy importante, que es que el bautismo para ustedes es sólo un testimonio de fe y para nosotros un sacramento del Pacto de gracia. Pero yo también les amo en el Señor. Saludos en Cristo

      • Alejandro

        ¿Es para usted la santa cena también un sacramento del pacto de gracia? Porque usted hace partícipes de la santa cena sólo a “los que están en edad adulta”

      • Jorge Ruiz Ortiz

        Pues porque, a diferencia del bautismo, la misma Palabra de Dios establece que los participantes de la Santa Cena han de “examinarse a sí mismos” y “discernir el cuerpo y la sangre del Señor” (1 Cor 11:27-31), lo cual implica el uso de razón y ser tenidos como responsables.

        Por supuesto, esto no quita que la Santa Cena sea también el segundo sacramento del Pacto de Gracia en el Nuevo Testamento.

    • Jorge Ruiz Ortiz

      Sí, ya pensaba que comentaba desde una óptica bautista. Pero, obviamente, aunque ambos presentan a Cristo, los dos sacramentos no son el mismo sacramento, ni tienen la misma función. Bíblicamente (e. d., teniendo en cuenta el conjunto de la enseñanza bíblica sobre el Pacto) no se puede hacer la amalgama de los dos sacramentos,

      • Felipe Fabio

        Estimado hermano, Dios le bendiga. Ud no recomendaría la participación de infantes en el sacramento de santa cena? Es posible que ellos participen de manera respetuosa respecto a éste?

      • Jorge Ruiz Ortiz

        Estimado hermano Felipe: Exactamente, conforme a la enseñanza y práctica de las iglesias de la Reforma, la participación de los hijos de los creyentes en la Cena del Señor vendría tras una profesión de fe a una edad en la que puedan ser tomados como responsables.

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