Ley y Evangelio, Correctamente Distinguidos

La distinción entre ley y evangelio es uno de los puntos doctrinales decisivos de la Biblia. Su importancia para el día de hoy, verdaderamente transcendental, en todos los sentidos. No encuentro mejor manera para presentar brevemente esta distinción que la dada por el gran doctor reformado americano Louis Berkhof:

“a. Como ya dijimos en lo que precede, la distinción entre la ley y el evangelio no es la misma que hay entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Tampoco es la misma que los dispensacionalistas actuales hacen entre la dispensación de la ley y la dispensación del evangelio. Es contrario a los hechos claros de la Escritura decir que no hay evangelio en el Antiguo Testamento o al menos en aquella parte del Antiguo Testamento que se ocupa de la dispensación de la ley. Hay evangelio en la promesa maternal, evangelio en la ley ceremonial y evangelio en muchos de los profetas, por ejemplo, Isa. 54 y 54; 55:1-3, 6-7; Jer. 31:33,34; Ezeq. 36:25-28. De hecho, hay una corriente de evangelio que cruza por todo el Antiguo Testamento y que alcanza su punto más alto en las profecías mesiánicas. Y también es igualmente contrario a la Escritura decir que no hay ley en el Nuevo Testamento, o que la ley no se aplica en la dispensación del Nuevo Testamento. Jesús enseño la vigencia permanente de la ley, Mat. 5:17-19. Pablo dice que Dios proveyó que los requerimientos de la ley se cumplieran en nuestras vidas, Rom. 8:4, y sostuvo que sus lectores eran responsables por la guarda de la ley, Rom. 13:9. Santiago asegura a sus lectores que aquel que ha transgredido un solo mandamiento de la ley (y aquí menciona él algunos de ellos), es un transgresor de la ley, Sant. 2:8-11. Y Juan define el pecado como “ilegalidad”, y dice que en esto consiste el amor de Dios, en que guardemos sus mandamientos, I Juan 3:4; 5:3. Seguir leyendo