La Justificación de Abraham

Texto en formato pdf aquí

¿Para qué tenemos los cristianos la Sagrada Escritura? Esta pregunta sólo tiene una respuesta evidente, que es “para que la leamos”. En efecto, la Escritura nos fue dada por Dios por algo, la puso por escrito para que se lea. Pero no sólo que se lea, sino que se lea con atención, o lo que es lo mismo, que se estudie.

Mi mayor deseo esta mañana es que pudiéramos gustar los beneficios del estudio de la Escritura. La bendición del Señor viene sobre el estudio de la misma, como dice el Salmo 1, cuando ella es meditada continuamente, día y noche. Es en el estudio reposado de la misma que gustamos, que probamos la luz del Señor, Su bendición sobre nuestro entendimiento y sobre nuestra alma. Esto afecta también a nuestro corazón, y nuestras emociones son despertadas por la guía y bendición del Espíritu, que nos habla por la Escritura. Nuestro corazón es así afirmado para cumplir con la voluntad del Señor, para cumplirla nosotros por propia voluntad, aunque sabemos que es Dios quien en nosotros obra tanto el querer como el hacer (Flp. 2:13).

El estudio de la Escritura crea un ambiente, una atmósfera, que es en la que nacemos y crecemos espiritualmente, pues la fe viene por el oír la Palabra de Dios (Rm. 10:17). Ahora que ya estamos en otoño, podemos ver esto como la fina lluvia que tenemos aquí casi a diario, que aunque uno no se dé cuenta de ella, de lo fina que es, al final hace que estemos del todo impregnados de agua. Así es con la Palabra de Dios. Como Moisés dijo al comenzar su cántico en Deuteronomio: “Goteará como lluvia mi doctrina, destilará como la lluvia sobre la hierba” (Dt. 32:2). ¡Que el Señor nos dé hoy esta lluvia de la bendición de Su Palabra!

El pasaje de hoy, en estos primeros versículos del capítulo 4, viene a ser la confirmación por medio de las Escrituras del Antiguo Testamento de todo lo que el apóstol Pablo acababa de decir acerca de la justicia de Dios, la justificación por la fe sin obras y, como veíamos la semana pasada, la ley o la norma de la fe en la Escritura. Vemos el proceder de Pablo: si lo que dice él ha de ser creído y aceptado por los cristianos de Roma —muchos de los cuales eran de origen judío— no es porque lo diga él, sino porque lo enseña la Sagrada Escritura. Vemos aquí, pues, cómo el apóstol funda la autoridad de la Escritura por encima de todo.

Y bien, hemos de tener en cuenta que estamos en uno de los lugares cruciales de la Biblia, porque aquí es donde, en buena medida, se dirimen y se tendrían que decidir los debates y controversias acerca de la justificación por la fe, principalmente entre los protestantes y los católicos-romanos. Hace casi 500 años, en el siglo XVI, hubo toda una Reforma de la Iglesia puesta en marcha sobre todo a partir de la comprensión de lo que dice este pasaje de la Escritura. Las diferencias de entonces perduran hasta el día de hoy.

Y uno se podría entonces preguntar “¿Cómo es esto posible? ¿No tenemos todos la misma Biblia? Si es la Biblia quien está dando aquí una enseñanza en concreto, ¿cómo es que no vemos todos lo mismo? ¿Cómo es que hay tales diferencias entre unos y otros a la hora de entender lo que dice la Escritura?”

Pues, sin duda, pueden influir muchas cosas para que haya estas diferencias de interpretación. Pero creo que sobretodo es debido a lo que decíamos justo al inicio: la falta del estudio de la Escritura. Un estudio serio, un estudio detenido, no partiendo de nuestras ideas, sino de lo que dice el texto, y tomándose el tiempo necesario para verlo es lo que se necesita a la hora de entender lo que la Biblia dice, y después, someterse a ello y recibirlo.

Y es preciso que nos demos cuenta que estamos ante un pasaje especial. Me explico: estoy de acuerdo con algunos reformadores del siglo XVI, como Calvino o Bucer, que escribieron comentarios sobre Romanos, y que acerca de este capítulo 4 dijeron que para entender bien la enseñanza del pasaje sobre la justificación, hemos de atender más al argumento que a las palabras.[1] ¿Qué significa esto? Que hay que seguir el argumento de lo que Pablo dice paso a paso. Si vamos directamente a ver las palabras, sin considerar el hilo del pensamiento, seguramente no acabaremos de sacar bien la enseñanza del pasaje. Y seguramente sea por esto que existe estas diferencias en cuanto a la interpretación de este pasaje y, consiguientemente, las divisiones por causa de él.

Así, por lo tanto, en esta mañana vamos a proceder de una manera algo distinta a lo habitual, pues normalmente vamos directamente a tratar las verdades o enseñanzas de los textos, por así decirlo, vamos directamente “a las palabras”. Esta mañana, pues, vamos a intentar seguir el pensamiento, el argumento de lo que dice Pablo, para ver qué nos dice este pasaje acerca de la justificación por la fe.

En el versículo 1, pues, Pablo hace una pregunta y saca a relucir el caso de Abraham. Con Él concertó Dios la alianza en Génesis 17 y le dio la circuncisión como señal y sello de la misma. (Rm. 4:11) Abraham era el padre de Israel, de la nación judía, pero como también nos enseñará Pablo un poco más adelante, también lo será de los creyentes en Cristo que no son judíos, sino gentiles. (Rm. 4:11-12) En esta pregunta, pues, se le presenta, precisamente como “padre”: “¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne?”

Es interesante notar que en el original griego, el orden de estas palabras no es el mismo que en la traducción en español. El orden en griego no dice: “qué halló Abraham, nuestro padre según la carne”, sino “¿Qué, pues, diremos que nuestro padre Abraham halló según la carne. El punto de lo que decía Pablo en esta pregunta no es que se estaba dirigiendo aquí solamente a judíos —pues Pablo no lo hacía, ya que en la iglesia de Roma había creyentes judíos y gentiles— sino, más bien, el punto era que si Abraham obtuvo lo que obtuvo, es decir, la justificación ante Dios, “según la carne”, es decir, “por sí mismo, por su propia naturaleza y por sus propios esfuerzos”. Esta manera de utilizar la expresión “según la carne”, para hablar de querer justificarse o ser aprobado por Dios por las obras, es típica de Pablo; véase Gálatas 3:2-3 “¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, ó por el oír de la fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora os perfeccionáis por la carne?”.

“¿Qué es lo que Abraham, pues, recibió según la carne?”. La respuesta a la pregunta: nada.

En el versículo siguiente, el vs. 2, lo deja bien claro, al explicar que “si fue (según la carne, o) por las obras, entonces tiene de qué gloriarse”. La semana pasada veíamos que la ley de la fe excluía precisamente el jactarse, el vanagloriarse por las obras que uno ha hecho. (Rm. 3:27) Eso, según la ley de la fe. Pero si la justificación de Abraham fue por las obras, entonces que tenía motivo para gloriarse, pero, dice Pablo, “no para con Dios”, sino sólo en sí mismo. ¿Por qué? La explicación nos la da el vs. 4: porque entonces, la justificación que recibió por parte de Dios fue el pago de una deuda, de Dios a Abraham:

“Al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda”.

En definitiva, si Abraham fue justificado porque él hizo obras, entonces la base de su justificación está en él, en Abraham mismo. Dios le da entonces lo que él merece y lo justifica. Dios está a remolque de Abraham. Abraham es el actor principal, es él quien se gana su propia salvación. Esta es la idea inicial de la que Pablo parte en este pasaje, pero para refutarla en estos versículos que siguen, y esto por medio de la Escritura.

¿Cómo lo hace? Pues, simplemente, Pablo señala que no es este el testimonio que da la Escritura acerca de Abraham. En cuanto a la justificación, la Escritura sólo dice esta cita de Génesis 15:6: “Creyó Abraham a Dios y le fue contado por justicia”. La Escritura no dice en ninguna parte que Abraham obró y fue justificado por Dios. Esa fue, sí, la interpretación que algunos rabinos judíos hacían de estas palabras de Génesis 15. Pero no es esto lo que dice la Escritura. Lo que la Escritura precisamente destaca de Abraham acerca de su justificación es precisamente su fe. Como vemos en el vs. 3: “¿Qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios y le fue contado por justicia” o, como la RV1909 dice “atribuido a justicia” (RV1909).

Vamos a detenernos un momento en esta expresión. El verbo griego detrás de “contado por” o “atribuido” tiene el significado primero de estimar, considerar, o atribuir. Es lo que uno concluye acerca de algo, después de haberlo pensado y considerado. Aquí se refiere a Dios, y dice que Dios le cuenta a Abraham por justicia cuando él cree. Nos quedamos con la traducción de la Biblia antigua “atribuido a justicia”. Llama la atención en esta frase la preposición “a”, como también la de “contado por”. Hay que tener en cuenta que esta es una manera de hablar propia de los hebreos. Por ella, esta preposición “a” —como también “contado por”— prácticamente no añade nada a la frase. [2] Se podría decir perfectamente, “le fue atribuida justicia”. Dios atribuyó justicia a Abraham, según lo que dice precisamente el vs. 6, cuando habla “del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras”.

De esta manera, este pasaje enseña que la justificación es simplemente el acto por el cual Dios considera a un hombre justo, y más concretamente, le atribuye justicia. Lo veremos seguramente más claro si decimos que este pasaje enseña que la justificación es una declaración judicial, de un juez, Dios, que absuelve a una persona de sus pecados (como vemos en los vss. 6-8, aunque hoy no entremos a tratarlo de lleno), y que además da la sentencia definitiva de que es justo. Una justificación forénsica.

E

l sentido del pasaje, de lo que hemos visto hasta ahora, resulta claro. Vemos que enseña que la justificación de Abraham: 1) no es por las obras; 2) es por la fe; 3) es una declaración judicial en la que Dios le atribuye justicia. Y esto es, precisamente, la enseñanza protestante o evangélica acerca de la justificación por la fe, lo que enseñaron todos los reformadores y lo que al final fue declarado en todas la confesiones de fe protestantes del siglo XVI. A la vista de esto, ¿dónde está el problema? ¿Cómo es que hay gentes que disputan en contra del sentido tan evidente de lo que hemos visto? ¿En qué se basan? ¿Qué es lo que dicen?

Estamos hablando evidentemente de la Iglesia católica-romana, al menos de su Magisterio oficial, compuesto por el papa de Roma y los teólogos que él considere oportunos. Si intentamos presentar su enseñanza de una manera sencilla, pero sin faltar a la verdad, ante este pasaje ellos dirán lo siguiente: “Es cierto que aquí se habla de la justificación por la fe. Nosotros esto no lo hemos negado nunca, nosotros también creemos en la justificación por la fe. ¿Cómo no vamos a creerlo, si está declarado en la Escritura de manera clara, aquí o en la carta a los Efesios, por ejemplo (Ef. 2:8)?”

Bien, esto lo tienen, también ellos dirán que la justificación es por la fe. Ahora bien, ¿qué entienden por esto? ¿A qué se refieren cuando hablan de justificación por la fe? Pues es sencillo: toman el vs. 5, “la fe le es contada por justicia o atribuida a justicia”, y entonces dicen: “¿Veis? ¡Es la fe que lo que les es atribuida a justicia! ¡La fe que tiene Abraham!” ¿Qué significa esto según ellos? Pues dirán: “De acuerdo que Abraham no fue salvo por las obras. Abraham era un pagano, no podía ser salvo por las obras. Abraham no tenía obras para salvarse. Pero tenía fe. Y esta fe reinició su relación con Dios, puso el contador de nuevo a cero. Y, de esta manera, fue justificado por causa de esta fe. ¿Y por qué? Pues porque esta fe, como dice Santiago, tiene obras o si no, es muerta (Stg. 2:17). Abraham fue justificado por la fe, pero porque con ella están las obras de justicia. Y es así cómo Dios justifica a Abraham, al contar también las obras de justicia que trae su fe”.

Esta es la justificación por la fe para la Iglesia católica-romana. No es una declaración hecha por Dios una vez y para siempre. Es algo continuo, que siempre está haciéndose en uno, que siempre está por hacerse. De esta manera, uno unas veces está más justificado por la fe, otras veces menos; en función si acompañan más o menos obras. A veces, la justificación incluso se puede perder, pero a su vez, si se hace la penitencia que marca la Iglesia, se puede recuperar. En todo caso, vemos que la justificación por la fe para la Iglesia católica-romana no es una declaración judicial de Dios, sino que es algo que tiene que tiene más bien que ver con el estado de Abraham y con lo que él hace, la justicia es la que Abraham tiene en sí mismo. En una palabra, Dios justifica a Abraham porque él ya era justo.

Pero, atención, esta no es sólo la enseñanza del Magisterio romano: también lo es, o muy parecida, de buena parte del mundo evangélico, que se ha apartado de la enseñanza de la Reforma del siglo XVI, que tienen por nombre “arminianos”. Al menos es muy parecida. Como la Iglesia católica-romana, ellos dirán que Abraham no tiene obras, pero que tiene fe. Pero esta fe es una obediencia a Dios, una obediencia evangélica, que suple la obediencia a toda los mandamientos de Dios. Pero como obediencia, en el fondo, esta fe es una especie de obra. De la misma manera que la Iglesia católica-romana, según ellos esta justificación no es nada definitivo. Es, digamos, provisional, siempre se puede perder, a no ser que se persevere en la fe. Y también, como la iglesia católica-romana, está justificación Dios la da sobre la base de la justicia que Abraham tuvo en sí mismo al creer.

Como vemos, tanto la interpretación católica-romana como la protestante arminiana se basan casi enteramente en su interpretación de la frase del vs. 5: “la fe le fue contada por justicia”. Bien, ante ello, ¿qué tenemos que decir nosotros a esto? Varias cosas:

1) En primer lugar, diremos que la Biblia no sanciona esta interpretación de la frase “la fe le fue contada por justicia”. Esta misma expresión aparece en el Salmo 106:31, hablando del Finees, cuando alanceó a un israelita y una moabita en los sucesos de Baal-Peor: “Entonces se levantó Finees e hizo juicio, y se detuvo la plaga; y le fue contado por justicia de generación en generación para siempre” (véase Números 25:1-13). Es evidente que Finees no fue justificado ante Dios por haber cometido esta acción, porque ello contradeciría toda la Biblia, porque entonces habría dos maneras de justificación. Pero vimos la semana pasada que, como Dios es uno, así el justificará por la fe y sólo por la fe tanto a judíos como a gentiles (Rm. 3:30). El significado, más bien, es que este celo de Finees fue considerado justo por Dios, o fue aprobado por Dios. Por tanto, esta expresión “la fe le fue contada por justicia” no puede significar que Abraham fue justificado por causa de su fe. Como en el caso de Finees, su significado muy bien puede ser que fue aprobada por Dios.[3]

2) En segundo lugar, que si, como la Iglesia católica-romana enseña, Abraham fue justificado por la fe porque ella iba acompañada de obras, entonces esto contradeciría al apóstol Pablo, que en Romanos 3:28 afirmó: “Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley”.

3) En tercer lugar, que si, como la Iglesia católica-romana y los protestantes arminianos enseñan, Abraham fue justificado por causa de su fe, es decir, que Dios lo justificó, por la justicia inherente de Abraham al creer, o por su obediencia al mandamiento de creer, entonces, contrariamente a lo que el apóstol afirma en el vs. 2, Abraham ¡sí que tiene de qué gloriarse! Se podría gloriar por su fidelidad al creer. Podría decir, “te lo has ganado a pulso, muchacho. ¡Qué grande eres!”.

4) Pero no sólo eso, contradeciría al mismo apóstol Pablo en el v. 5, porque entonces, la justificación de Abraham sería un salario, una deuda contraída por Dios con él por el hecho de que Abraham creyó y obedeció (según unos) o obedeció al creer (según otros).

Por lo tanto, no pudo ser así la justificación de Abraham. No puede ser esta la enseñanza de la Escritura, porque la Biblia no puede decir una cosa y la contraria, ni en su conjunto, ni mucho menos en el espacio de unos tan pocos versículos. ¿Es que Pablo no sabía lo que decía? ¿Es que decía las cosas porque sí, sin seguir un hilo, un pensamiento o un argumento? ¿Cuál es el argumento, entonces, que el apóstol está diciendo en este pasaje?

Pongámonos por un momento en la escena de Génesis 15. Dios había llamado a Abraham y le había dado la promesa de que de su descendencia serían benditas todas las naciones de la tierra (véase Génesis 12:1-3). Sin embargo, su mujer Sarai era estéril, y, como da a entender la trama de la historia de Abraham en el Génesis, Abraham tenía motivos para pensar que esto era debido a que Dios había cerrado la matriz a su mujer (véase la historia de Abraham con Abimelec, la segunda ocasión que Abraham entrega a su mujer a un rey pagano porque era su hermana, para salvar la vida, la primera está en Génesis 12:10-20, justo al inicio de la historia de Abraham; la segunda, en Génesis 20:18; justo antes del relato del nacimiento de Isaac, Génesis 21:1-7). Motivos tenía Abraham, pues, ya que había tomado a su media hermana, en contra del testimonio de la ley natural y la ley revelada del Señor (véase Levítico 20:17).

Sin embargo, Dios viene a Abraham de noche, lo saca fuera de su casa y le dice: “Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar. Y le dijo: Así será tu descendencia”. (Gn. 15:5).

Dios le estaba prometido un hijo, y con ello Dios le estaba presentando su gracia que no toma en cuenta sus pecados. Pero es que, además, Dios le estaba certificando la promesa de que de su descendencia vendría el Mesías, en quien serían benditas todas las naciones de la tierra.

“Y creyó Abraham y le fue contado por justicia”. “Y creó Abraham y le fue atribuida justicia”. “Y creyó Abraham y le fue imputada justicia”. Y creyó Abraham y fue considerado justo ante Dios, fue declarado justo por Dios. Y esto, no porque Abraham fuera justo al creer. Al contrario, lo único que hizo Abraham fue lo que dice el vs. 5: “cree en aquel que justifica al impío”.

¿Qué, pues, diremos de la justificación de Abraham en este pasaje? Que él no fue justificado porque fue justo al creer. La justicia no estaba en Abraham. La justicia estaba fuera de Abraham, estaba en Dios. Más adelante, en los capítulos 4 y 5, Pablo enseñará que es la justicia de Cristo. (Rm. 5:16-18) Aquí, sólo se limita a dejar bien firme que Pablo fue declarado justo por Dios cuando él era un pobre y miserable pecador.

Comparemos por un momento estos dos versículos de Pablo:

Rm. 3:26: “con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús

Rm. 4:5: “mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío”.

Estas dos declaraciones: “Dios justifica al que es de la fe de Jesús” y “Dios justifica al impío”. El que es “de la fe de Jesús” sabe que él, en sí mismo, en su carne, no es más que un miserable, un pobre “impío”. Y sin embargo, cree en que Dios lo justifica, porque así se lo promete en el Evangelio, y porque la justicia de Cristo, y la gracia de Dios, son infinitamente mayores que sus pecados. Él se acoge a su misericordia que el Señor le ofrece. Descansa en Cristo, y dice: “Él es mi justicia ante Dios”.

Por lo tanto, no esperes tener justicia delante de Dios por tus buenas obras. Ni porque cumples con los preceptos de la Iglesia. Ni porque eres un buen cristiano. Ni siquiera (¡escúchalo bien!) porque te convertiste. Espera tener justicia delante de Dios solamente por causa de Cristo. Que Él sea la base de toda tu seguridad, y que en Su justicia y Su salvación te goces para siempre.

Esta es la justicia que prevalece delante de Dios, si es que, como Abraham, la recibes por la fe. Esta es la fe que Dios aprueba. ¿Qué impide que tengas tú también esta fe? ¿Lo que tu iglesia diga? ¿Quién tiene más autoridad: la palabra de los hombres o la Palabra de Dios?

Esta es la enseñanza que la Palabra nos da sobre la justificación por la fe. Se puede decir que, entre unos y otros, ella todavía no ha llegado ni ha calado en nuestro país. Quiera el Señor de la mies que sobre este país vengan lluvias de la doctrina verdadera de la justificación por la fe. Para la Gloria de Cristo, la Reforma de Su Iglesia y la Salvación de Su Pueblo. Amén.

___________

Pastor Jorge Ruiz Ortiz.

Predicación en ICP Miranda de Ebro, Culto de la Mañana, 14-11-2010.


 

[1] Juan Calvino, Juan, Epístola a los Romanos, p. 110.

[2] En griego, perífrasis de acusativo con preposición eis; cf. Moulton, Grammar of New Testament Greek, vol. III, p. 253. Traducción directa del hebreo, un hebraismo. En Génesis 15:6, lamed usada de manera análoga a la preposición de acusativo het ; cf. P. Joüon, Grammaire de l’hébreu biblique, § 125 k, p. 371.

[3] Charles Hodge, Romans, p. 110.

Anuncios

Un Comentario

  1. Eduardo

    !Ciertamente que en Abraham el proceder en Gracia no solo se implìca la Gracia meramente sino incluso el tema del diezmo. Pues incluso ciertamente reciben los diezmos hombres mortales Heb 7:8a, pero èstos los Ancianos dignos de doble honor por su extenuado proporcionar pastos frescos deben ser 1 Tim 5:17, porque el probar los espiritus consiste tambièn en èsto, en conocer primero a quienes se ponen en mayores servicios, porque aùn en èsto por decirlo asì los que EN Abraham ejercitaràn mayordomìa y ministraciòn como Abraham son LOS AUTENTICOS ESCOGIDOS, que no terminaràn maldestinando el diezmo del diezmo ni las ofrendas hacia sus vientres por completa gana simulada mientras adulaban a las congregaciones para sacar luego provecho sin restricciòn alguna!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s