Todos los Santos y Día de Difuntos

Según la Biblia, el temor a la muerte es una característica humana que no conoce diferencias entre culturas y naciones, sino que es un hecho universal. Uno de los aspectos de la obra del Señor Jesucristo fue humanarse, precisamente, “para destruir por la muerte al que tenía el imperio de la muerte, es a saber, al diablo, y librar a los que por el temor a la muerte estaban por toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 3,14-15). España, sin embargo, país que ha sido evangelizado y teóricamente cristianizado desde siglos, parece continuar ajena a esta liberación efectuada por Cristo, y vivir permanentemente bajo las sombras del temor a la muerte, y a todo lo relacionado con ella. No en vano, hablar de la muerte en público es considerado, por lo menos, de mal gusto. Ninguna mención, asimismo, se hace normalmente de ella en los medios de comunicación, por no hablar de la ubicación de los cementerios, siempre excluidos de las ciudades, en las afueras, rodeados de altos muros e inconfundiblemente señalados por cipreses.

Sólo hay un momento en el año en el que es permitido a la muerte, o más bien a los muertos, ocupar un cierto espacio en la vida pública. Es a primeros de noviembre, coincidiendo con el inicio real del mal tiempo del otoño, cuando los árboles han perdido ya sus hojas y nos precipitamos hacia un invierno que, en ocasiones, será largo. Son las festividades de “Todos los santos” (1 de noviembre) y “Día de difuntos” (2 de noviembre). Es en estos dos días cuando los cementerios son visitados masivamente, y las tumbas son limpiadas y adornadas con multitud de flores, especialmente crisantemos. Son días marcados por el recuerdo de los seres queridos que faltan, muy a menudo en comidas familiares concluidas por los dulces típicos de estas fechas y propios de cada región.

Estas celebraciones llaman mucho la atención a sociólogos y antropólogos, que aprovechan para publicar artículos en los que se reflexiona acerca de la celebración de los difuntos, y el papel de la muerte en la sociedad actual. Es bastante habitual, así, leer que el origen de estas celebraciones se remonta hasta las festividades de Año Nuevo de los antiguos pueblos celtas, a principios de noviembre, en las que se creía que los muertos tenían una participación muy especial. Pero hay otros lugares comunes y tópicos corrientes al respecto de esta festividad. Tampoco faltan en los medios de comunicación referencias al montante económico que supone en nuestro país la venta de flores en estas fechas, que se calcula alrededor de un 20% del total anual. Asimismo, comienza a ser habitual hablar de los gastos, cada vez mayores, alrededor de la celebración del “Halloween” (el 31 de octubre), que cada vez más se implanta en nuestro país gracias al peso de la cultura americana en el mundo, y en la que el ingrediente de paganismo es todavía más evidente. No son raras así las comparaciones entre ambas celebraciones, la propia y la importada, para preferir por lo general aquella que tradicionalmente forma parte de nuestra cultura, aunque es evidente que ambas compartan el mismo origen común. La idea, siempre la misma, es que en estos días de noviembre, en los que parece que todo en la naturaleza muere y que la vida cotidiana entra en una especie de estado de hibernación, nos disponemos a tener una especial comunión con los muertos.

Ajena, tal vez, a las influencias celtas, la celebración de un día dedicado especialmente a los difuntos se desarrolló en el cristianismo sobretodo en Roma, y gracias a su impulso. Lo cual no significa que dejaran de estar marcadas por el paganismo ambiente. Como los antiguos celtas, en la Roma pagana también el día de Fin de Año estaba dedicado de manera especial a los muertos, aunque en Roma esta festividad, llamada Feralia y en la cual se rezaba y hacían sacrificios por los difuntos, se celebraba el 21 de febrero. Tras la cristianización del Imperio Romano, los papas tuvieron un especial interés en remplazar las prácticas paganas adaptándolas e introduciéndolas en el cristianismo. El 13 de mayo de 609 o 610, el papa Bonifacio IV consagró así el Panteón romano de Agripa, donde antes se honraba a dioses paganos, como templo dedicado a la Virgen y a Todos los Mártires. De este modo, en esta misma fecha de mayo, se comenzó a celebrar anualmente la Fiesta de Todos los Santos. Posteriormente, Gregorio III (731-741) transfirió la festividad al 1 de Noviembre, y otro papa, Gregorio IV (827-844) extendió esta fiesta a toda la Iglesia, cuando habían sido evangelizados y cristianizados prácticamente la totalidad de los pueblos paganos en suelo europeo. La festividad cristiana de los muertos se situaba así en las fechas en las que, como hemos visto, estos pueblos celebraban tradicionalmente las suyas, a primeros de noviembre.

Pero todavía quedaba algo importante por hacer. Porque, en un principio, esta festividad conmemoraba a los santos y mártires, es decir, aquellos que teóricamente estaban ya en la presencia del Señor, los cuales no tienen necesidad de rogativas. La festividad no era, pues, el equivalente exacto de las celebraciones paganas, en las que sí se rogaba por los que habían muerto. Fue así como, finalmente, en los albores de un nuevo milenio, en el año 998, fue instaurado el día 2 de noviembre como festividad de los “fieles difuntos” por Odilón, abad del monasterio de Cluny, en el sur de Francia. Por cierto, dicho sea de paso, orden monástica, la de Cluny, de capital importancia para el avance y consolidación de los intereses del papado en aquel momento de la Edad Media. De ello es ejemplo la instalación, por parte del papa de Roma, de un monje de Cluny como primado de la sede de Toledo, cuando esta ciudad fue reconquistada por Alfonso VI en el año 1086…

Hay que decir que en la celebración del Día de Difuntos, la cultura hispánica ha tenido un papel bien importante. Tradicionalmente, en España, Portugal, y América Latina, en este día se celebraban tres misas para rogar por los muertos. Se había querido que esta práctica de las tres misas se extendiera al conjunto de la Iglesia católica-romana, pero en el siglo XIX, Roma, con el papa León XIII, por las razones que fuese, lo denegó. Finalmente, en el año 1915, Benedicto XV accedió a tal concesión. Eran el inicio de la tremenda sangría de la I Guerra Mundial. También parece que influyó en la decisión papal la necesidad de reponer el dinero de las fundaciones de misas por los difuntos, requisadas en las distintas desamortizaciones del siglo XIX.

¿Cuál es, en definitiva, la necesidad de orar por los muertos? No hay, en la Palabra inspirada de Dios, una sola sugerencia en este sentido, como tampoco hay una sola palabra acerca de un hipotético “purgatorio”. Al contrario, se nos dice que “está establecido a los hombres que mueran una vez, y después el juicio” (Hebreos 9,27). La muerte de Jesucristo en la cruz fue eficaz para salvación, es decir, efectuó realmente, no una posibilidad de salvación, sino la salvación de muchos. Dice la Biblia “Porque con una sola ofrenda (Jesucristo) hizo perfectos para siempre a los santificados” (Hebreos 10,14). Con todo nuestro respeto por los que sienten preocupación por sus seres queridos que han partido, les diríamos, sobre la base del testimonio de la Escritura, que dejen el juicio en manos de Dios, lo cual es ya en sí mismo un acto de fe; que dejen de rogar por aquello de lo que nunca podrán tener ninguna certeza, puesto que están pidiendo por la salvación de quien ya nada puede hacer para salvarse; que tampoco busquen entrar en contacto con los muertos, para de alguna manera saber acerca de su estado actual. Si alguna “Comunión de los santos” buscan, procuren tenerla con los vivos. Comiencen a reunirse donde el Evangelio de la pura gracia de Dios es predicado y busquen de todo corazón encontrar en Cristo la paz y la salvación de sus almas. Y, sinceramente, dejen todo lo demás. Hay un paso a dar para dejarlo, pero es necesario darlo.

________

Jorge Ruiz Ortiz. Artículo publicado en “En la Calle Recta” nº 203, nov.-dic. 2006, pp. 10-13.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s