Una Europa sin Rostro

Durante el año pasado, el futuro de Europa ha dado un vuelco decisivo, pero no podemos decir aún cuál será el destino final del mismo. En noviembre de 2002, la cumbre de la OTAN en Praga aceptó la integración de los siete países de detrás del antiguo Telón de Acero (las repúblicas bálticas, Rumania, Bulgaria, Eslovaquia y Eslovenia). Estos países se unirán en 2004 a Polonia, la República Checa y Hungría, que ya estaban incluidos. Esto consagra la primacía militar de Occidente en el ex-bloque comunista. Los Estados Unidos se implantan en los territorios anteriormente bajo dominio soviético en Occidente, reforzando así en relación con Rusia la posición de fuerza que tomaron durante la guerra en Afganistán, cuando establecieron bases militares Uzbekistán y Kirguistán.

Además, la guerra relámpago anglo-estadounidense contra Irak ha producido algunas reacciones diplomáticas realmente sorprendentes. En primer lugar, todos los países del Este han apoyado la campaña militar –el ejército polaco incluso situándose en primera línea–. Esto ocurría cuando las tesis EE.UU. no pudieron prevalecer en las Naciones Unidas contra Francia, Alemania y Rusia, que combinaron sus diplomacias en el Consejo de Seguridad, y, especialmente, cuando la mayoría de los países del antiguo bloque del Este –excepto Rumania y Bulgaria, que serán admitidas en el 2007–se preparaban para ingresar en enero de 2004 en la Unión Europea.

Luego, la guerra de Irak, hecha en gran parte, como ahora se sabe, para mantener el dólar de EE.UU. como divisa internacional del petróleo (desde 2000, Irak había elegido que se le pagara en euros), contó con el apoyo diplomático de los Países Bajos, España o Italia, países estrechamente asociados con el destino de la moneda única europea. La aparente paradoja llegó a un punto crítico cuando el primer ministro católico de España, José María Aznar, apareció, sonriente, rodeado por dos presidentes protestantes George Bush y Tony Blair, durante una reunión en las Azores… ¡y esto justo cuando el papa Juan Pablo II anunciaba su intención de comparecer ante las Naciones Unidas para abogar por la paz! El papa, que a pesar de su edad y la enfermedad todavía mantiene todo su fuego, no es la clase de hombre que sufra este tipo de insubordinaciones en silencio. Reaccionó de inmediato haciendo una visita relámpago a España. Esta visita sólo puede ser vista como una expresión de su deseo de marcar la soberanía papal sobre uno de los países más tradicionalmente fieles a Roma. Aun si el papa se guardó de no repudiar en público al presidente Aznar, recibió los elogios de la izquierda tradicionalmente anticlerical por su postura sobre la guerra. El dominio del papado sobre España se ha visto bien fortalecido.

La política de equilibrio de poderes

Es evidente que ahora asistimos en Europa a una expresión muy clara, pero en muchos aspectos novedosa, de la política de equilibrio de poderes. Tal política es inherente a la división de la humanidad pecadora en diferentes naciones, dispersión del poder político querida por Dios después de la auto-exaltación de la humanidad por la Torre de Babel (Génesis 11:1-9). Se basa en dos principios fundamentales, propios de la existencia misma de las naciones: la soberanía y el poder, realidades que están ligadas, entre otros factores, al territorio, población y situación geográfica de cada país. El juego de poderes entre naciones soberanas tiende al equilibrio (siempre inestable, cierto, y a veces muy lento en ser alcanzado), y esto, principalmente, mediante el establecimiento de alianzas que se establecen en función de la relación de fuerzas en un momento dado. El propósito que se persigue es que ningún poder desarrolle una hegemonía hasta el punto que otras naciones se hallen en peligro de perder su propia soberanía. La antítesis del equilibrio de poderes, es el imperio.

La expresión clásica de la política de equilibrio de poderes en Europa fue la diplomacia del cardenal Richelieu, quien, durante la Guerra de Treinta Años, promovió las alianzas que el Reino de Francia mantuvo con el mundo protestante, con los príncipes del Norte de Alemania y el rey de Suecia en particular, en contra del emperador católico del Sacro Imperio Romano Germánico. Los frutos de la política de equilibrio de poderes de Richelieu se cosecharon en la Paz de Westfalia (1648), tratado que iba a permitir unos 150 años de paz relativa en el continente europeo. El abandono progresivo de esta política no hizo sino llenar el continente de las guerras. En efecto, la Revolución Francesa abrió el camino, a través de la centralización política y administrativa del país más grande de Europa occidental, a una nueva carrera por la hegemonía europea. Desde entonces, el debilitamiento de Francia en el Congreso de Viena (1814-1815), tras el derrumbe del Imperio Napoleónico, allanó el camino para la unificación de Alemania en torno a Prusia. El desmantelamiento posterior del Imperio Austro-Húngaro en Versalles (1919) sólo podía conducir a la expansión alemana hacia el Este o el de la Rusia Soviética hacia el Sur, lo cual es lo que efectivamente sucedió tras cada una de las guerras mundiales.

Tras estos 150 años de guerras nacionales y revolucionarias, Europa ha conocido, una vez más, de 50 años de paz a través de un proceso de unificación económica y militar bajo el liderazgo de los Estados Unidos. Este movimiento buscaba terminar con el antagonismo entre Francia y Alemania y garantizar la defensa de Occidente contra el bloque comunista. Es evidente que la desaparición de la URSS y la desintegración del bloque comunista, así como la reunificación alemana que siguió a ambas, ha cambiado por completo el juego de fuerzas en el escenario europeo, pues se ha abierto la puerta de nuevo para una nueva expansión occidental, y más específicamente alemana, hacia el Este. Alemania necesita promover el desarrollo de la Unión Europea para su expansión hacia el Este no sea visto como el advenimiento de un nuevo Reich. Por su parte, Francia apoya la llamada “construcción europea” con la esperanza de controlar a Alemania, gracias a una teórica paridad de poder en los órganos de toma de decisiones comunitarios. De esta manera, Francia y Alemania, aunque por razones diferentes, incluso opuestas, se han convertido en los principales promotores de la idea de una Europa unida, de la que el Tratado de Maastricht, el euro y el proyecto de una Constitución Europea, que se acaba de presentar en junio pasado, son los jalones ineludibles.

Por lo pronto, se ha unificado una zona económica continental, un enorme mercado de 400 millones de personas, el doble de la población de los Estados Unidos y cuatro veces la de Japón. En el horizonte se perfila la posibilidad de integrar en esta nueva Europa incluso a Rusia, con lo que se realizaría así la idea del general De Gaulle: una Europa que se extienda “desde el Atlántico hasta los Urales” –en el pensamiento de De Gaulle, principalmente, en lo que se refiere a la política de defensa–. El éxito de este proyecto permitiría a Europa desprenderse de la tutela de los EE.UU., dependencia que, tras las campañas militares posteriores a los atentados del 11 de septiembre, ha tenido el carácter de humillante para los socios europeos, al menos para Francia y Alemania.

El poder en la nueva Europa

Por consiguiente, durante el primer semestre de este año, mientras las diplomacias europeas se dividían acerca de la guerra en Irak, hemos asistido a dos actos de extraordinaria importancia para el futuro de Europa: el anuncio una Europa de 25 miembros para el próximo año y la publicación de un proyecto de Constitución de la Unión Europea que tendrá que ser votada en referéndum por los países miembros. Lejos de ser contradictorias, esta división diplomática y la unión política que se perfila están profundamente ligadas entre sí. En efecto, las bases sobre las que descansa la nueva Constitución, la ciudadanía europea y los principios de atribución y subsidiariedad, no significan más que la formación de una nueva Europa federal, si no en las estructuras de gobierno, si al menos en la aplicación del principio de soberanía. En otras palabras, la realidad que disfraza la engañosa retórica comunitaria no es otro que la pérdida del principio mismo de la soberanía nacional por los Estados miembros.

En efecto, el artículo 10 de la nueva Constitución establece la primacía del derecho europeo sobre el derecho de los Estados. La excepción es Alemania, el único país que declaró en la década de 1990 que la legislación nacional alemana iba a prevalecer, en el ámbito interno, sobre el derecho de la Unión Europea. Al hacerlo, ella marca una clara preponderancia sobre el resto de Europa. Además, la Unión Europea tendrá competencias exclusivas sobre áreas clave de la economía (política monetaria, el comercio y aduanas) y ella ejercerá otros según el principio bien conocido de la subsidiariedad. Este principio, tomado directamente al Magisterio romano [1], pero cuyo sentido es aquí invertido, significa que la Unión Europea va a ejercer su autoridad en otras áreas distintas que las que le son las propias, de acuerdo con un criterio de eficacia (art. 9,3). Por ello, hay que esperar que una vez que la autoridad europea haya actuado en un ámbito supuestamente de “competencia compartida” o “de acción de apoyo”, este ámbito se convertirá en uno de sus competencias exclusivas. En efecto, como el derecho europeo tiene primacía sobre los nacionales, nada puede impedir que se produzca una acumulación de competencias y poderes por parte de la administración centralizada de Bruselas. Por lo demás, la Unión Europea tendrá cada vez mayores competencias en materia de política de empleo, así como en la política exterior y de seguridad (defensa europea), políticas que los Estados miembros tendrán que apoyar “sin reservas” (art.  15,2). La espectacular división diplomática entre los Estados miembros de la Unión durante la reciente guerra en Irak no ha hecho más que poner de relieve el hecho de que las áreas de la política exterior y de seguridad son los únicos en los que los Estados miembros quieren, o todavía pueden, ejercer su soberanía, y esto buscando el apoyo de la nación más poderosa en la actualidad, los Estados Unidos. Estas áreas de la política exterior y de seguridad serán sin duda el aspecto más conflictivo del próximo desarrollo de la nueva Europa. No obstante, es previsible que, al permanecer dentro de la Unión, los engranajes del poder de la comunidad prevalezcan finalmente sobre las resistencias nacionales.

La obligación de que el proyecto de Constitución europea sea aprobada por medio de referéndum en todos los Estados miembros no es, por tanto, sorprendente: en caso de que sea aprobado, el principio de soberanía será de hecho transmitido por los diferentes pueblos a la Unión Europea. La pérdida de la soberanía será entonces definitiva. Es evidente que el consenso a escala europea, que se ha forjado poco a poco entre los partidos políticos nacionales que compiten por el poder y los grandes medios de comunicación, se pondrá a trabajar para camuflar completamente esta realidad en los distintos referendos que se han de celebrar.

Sólo el poder

Por tanto, estamos punto de presenciar el nacimiento de algo que todavía carece de rostro definido, cuyo futuro es incierto y al que es difícil, debido a su tamaño y estructura de su poder, encontrar paralelos históricos, a no ser la antigua URSS. Sin duda, el aspecto más innovador de la Unión Europea reside en la nueva doctrina que entraña de equilibrio de poderes. Si en la doctrina clásica, el balance se da a partir del reconocimiento del principio de la soberanía nacional, ahora no se alcanzará más que una vez este principio haya sido abolido. De esta manera, en lo que se refiere a las antiguas naciones, en tanto que su anterior identidad política no haya sido completamente borrada, dentro de la Unión Europea no habrá más que una relación bruta entre poderes nacionales, una situación extrema de la que no somos capaces de prever los peligros.

No hay que equivocarse: la Unión Europea está diseñada exactamente en función de este nuevo equilibrio de poderes. Así, los órganos ejecutivos (el Consejo de Ministros y la Comisión Europea) son nombrados directamente por los Estados miembros; se dispone de un doble poder legislativo (Parlamento y el Consejo de Ministros); y cada país tendrá un porcentaje de votos determinado por su poder, real o supuesto, cláusula constitucional que decidirá la mayoría de los actos legislativos de la Unión. Es precisamente el procedimiento de toma de decisiones lo que hace imprescindible la búsqueda de un equilibrio de poderes entre las alianzas que se forman entre los Estados miembros de la Unión Europea.

En este sentido, la paridad del poder entre Alemania y Francia (en 2009, ambos países tendrán 29 votos cada uno) es una ilusión óptica, porque se tiene que agregar a la cuenta de Alemania las voces de los países del Este tradicionalmente pro-alemanes, como las repúblicas bálticas, Eslovaquia, Eslovenia, Bulgaria y la predecible incorporación de Croacia. En 2009, Alemania tendrá el control de estos países, después de una intensiva colonización económica de veinte años. Además, esta colonización no sólo será de carácter económico: la población alemana se volverá masivamente a los territorios orientales por la creación de empresas o simplemente para comprar segundas residencias, lo cual ya ha comenzado a ocurrir en los Sudetes. Pomerania y Silesia, así como el resto occidental de Polonia, no serán capaces de escapar a este proceso de germanización. Es previsible que, alrededor de 2009, el panorama de la Europa del Este no sea muy diferente al de entreguerras. Las poblaciones en Europa del Este están viviendo con una cierta indiferencia, o más bien una especie de fatalismo, el destino que toma forma ante sus ojos, como lo demuestra el gran nivel de abstención en los referendos de adhesión a la Unión Europea, abstencionismo que se sitúa en general cerca del 50% del electorado. Recientemente, un periodista checo describía el futuro que le espera a su país tras su próxima entrada en la Unión Europea con estas palabras:

“Cuando en 2004 la puerta de la jaula se cierre detrás de nosotros, volveremos a encontrar toda nuestra capacidad, tan bien desarrollada durante el comunismo, para no hacer nada contra este mal, sino tan sólo maldecir a nuestros vecinos occidentales, los cuales, con la avaricia que los caracteriza, comprarán el suelo debajo nuestros pies. Ellos comprarán las casas en las que vivimos y nos pondrán a la calle. A continuación, comprarán la calle y nos pondrán en los bosques… ¿Y después? ¿Tendremos que solicitar asilo en Rusia o Bielorrusia?”

El periodista se reía sugiriendo a sus conciudadanos que vayan a pedir limosna en la Plaza Roja. Es mejor, concluye, conformarse con el disfrute de las comodidades de Europa.

En cuanto a Europa occidental, asistiremos cada vez más a la creación de “euro-regiones” transfronterizas que poco a poco diluirán los contornos de los Estados. Precisamente, la UE anima la dispersión de las regiones, al darles una voz política en el comité que, en principio, es sólo consultivo. Regiones como Cataluña o el País Vasco poco a poco se separarán cada vez más de España. Por lo demás, Alsacia y Lorena, por ejemplo, no se ligarán mucho más a Francia. Iniciativas secesionistas van a aparecer por todas partes, lo cual no hará sino debilitar los estados en la Unión. Tanto al Este como al Occidente, tendremos la oportunidad de comprobar el axioma de que una Europa en la que el principio de la soberanía del Estado-nación ha sido eliminado, por definición, no puede ser sino una Europa germánica [2].

Si Francia quiere todavía asumir el papel de contrapoder a Alemania en Europa, ella tendrá que acabar por volverse hacia los países periféricos, tales como, entre otros, el Reino Unido, Países Bajos e Italia (lo cual, en definitiva, ha sido durante mucho tiempo su política). Pero son estos países a los que se opone actualmente tratando de constituirse con Alemania como el núcleo duro de la Unión. Por su parte, los países del Sur de Europa verán, por una parte, alejarse para siempre la lluvia para de subvenciones, la financiación de sus infraestructuras de Bruselas recibida durante veinte años; pero por otra parte, constatarán la deslocalización de sus empresas hacia los países del Este. Sin duda, su única posibilidad es, mientras tanto, mantener su poder por el crecimiento acelerado de la economía (por lo tanto artificial), asociado principalmente con el aumento de la población debido a la inmigración masiva. En unos 10 años, España (para no citar más que este país) ha recibido a unos dos millones de inmigrantes. Las previsiones (¿o deberíamos hablar de proyectos?) indican que en 2009 esta cifra se habrá duplicado. La reserva población proveniente de las antiguas colonias da a los líderes europeos un margen de maniobra que permite la movilización industrial masiva de la mujer y su consecuencia necesaria, la de seguir hundiendo todavía más el declive demográfico. Esta movilización económica de las mujeres es un prerrequisito para que se dé un crecimiento económico forzado.

Ciertamente, es aquí, desde un punto de vista cristiano, donde se encuentra el aspecto más inquietante de la nueva Europa. Porque tanto en lo que se refiere a la ideología transnacional que la sostiene, como en la carrera por el poder entre Estados que ella conlleva, la nueva Europa debe, como mínimo, reformar la familia y, si es posible, desmembrarla. No se puede interpretar de otra manera la atención “especial” a la protección de los “derechos de los niños” en la Constitución Europea (artículo III.4). A decir verdad, no se necesita que Europa se presente como Protector de los niños, porque las legislaciones nacionales occidentales ya castigan los comportamientos delictivos en contra de ellos. Este propósito (¡que figura incluso como uno de los principales objetivos de la Unión!) sólo puede tener una intención ideológica: la de oponer unos supuestos “derechos de los niños” a la autoridad de sus padres. Se puede apreciar de la misma manera la definición que se da de matrimonio y el acto por el cual se funda una familia (artículo II.9). Lejos de expresar un sincero deseo de fortalecer la institución fundada por Dios en la Creación, este artículo parece no tener otro objetivo más que la de prohibir a las legislaciones nacional el medio de negar legalmente a los homosexuales el “derecho” de casarse y adoptar niños, esto en virtud del principio de no-discriminación en materia de derechos (Art. II.21). El Vaticano ha comprendido bien la naturaleza de este iniciativa y, poco después de la publicación del proyecto de Constitución, ha negado toda competencia a los Estados a legitimar legalmente cualquier “matrimonio” entre homosexuales. Pero el Magisterio romano, sobretodo (lo cual no puede pasar desapercibido) hace un llamamiento a los políticos católicos de los distintos países a que se opongan a las directrices que, se entiende implícitamente, tenían que venir de Bruselas. La reacción furibunda de los principales partidos pro-europeos, los cristianodemócratas alemanes a la cabeza, pone de manifiesto que la decisión en materia del “matrimonio” de homosexuales está ya tomada. Lo que es seguro, es que el Tribunal de Justicia europeo impondrá esta exigencia constitucional a todos los países miembros de la Unión, atacando así a la fortaleza ancestral de la familia, fundamento y apoyo de las verdaderas libertades, sobrepasando las limitaciones nacionales.

El lugar de Dios en el futuro de Europa

La nueva Europa que está tomando forma se alza ante nuestros ojos como la encarnación de la Idea hegeliana, es decir, la culminación ineluctable del desarrollo histórico, Idea-Estado a la que se tiene que someter todo valor. También ella posee como propio este carácter futurista de ruptura radical con el pasado que ha caracterizado al mundo desde la Revolución Francesa. Es este espíritu que durante el último siglo ha producido los peores regímenes totalitarios. Se puede justamente preguntar si esta Europa podrá evitar la tentación totalitaria, cuya semilla lleva en su seno. De hecho, la ideología europea, forjada por socialistas o por conservadores amorales y libertinos, es una variante suave de la utopía socialista. Comparte con el marxismo una concepción materialista de la vida, visión del mundo en la que la economía prevalece sobre todos los ámbitos de la realidad, al ser percibida como el principio rector de la humanidad. Trata de tomar los derechos y deberes que por naturaleza, es decir, de acuerdo con la realidad tal como Dios la creó, le corresponde a las naciones y la familia. Ella no tiene otro fin que el establecimiento de un super-Estado que modelaría a voluntad las poblaciones de todo un continente. En consecuencia, cuando haya arruinado material y espiritualmente a generaciones de europeos, ella tendrá que, o bien reconocer su error fundamental y volver sobre sus pasos (¡arrepentirse!), o bien precipitarse en una huida hacia adelante, manifestando así todo su potencial destructivo. En ambos casos, no es previsible que la decisión se haga en un estado de paz y calma.

Pero a un nivel diferente, tenemos que atraer la atención del lector sobre un hecho que la integración europea supone ya: la muerte programada de la herencia de la Reforma. Ésta se hará no sólo por la ensambladura en una sola Unión de países católicos y protestantes, sino sobretodo por el hecho de que el principio mismo de la Reforma, la soberanía de las naciones y de las Iglesias particulares frente a las pretensiones universales del Imperio y Roma papal, es antitético al principio de la hegemonía transnacional que anima la construcción europea. Durante los primeros 130 años de protestantismo (es decir, hasta el Tratado de Westfalia en 1648), este principio de la Reforma fue defendido por las naciones protestantes hasta derramar su sangre para mantener su soberanía. La última y más larga de las conflagraciones religiosas, la Guerra de Treinta Años, tuvo una suerte desigual para los países de la Reforma: para una parte del mundo protestante, la libertad de los pueblos y las iglesias fue reconocida por la fuerza de las armas. Sin embargo, esta victoria fue ganada a costa de la pérdida de la mitad de la población protestante del continente, principalmente por la recatolización forzosa de los territorios centrales del Imperio. Además, el estado de ánimo producido por estas conflagraciones inter-cristianas no tuvo otra consecuencia que la de hacer germinar la ideología incrédula de la Ilustración, mentalidad que culmina hoy en una especie de ecumenismo cultural europeo animado por un espíritu totalmente secularizado, es decir, ateo. La decadencia doctrinal y espiritual del protestantismo en los siglos posteriores a la Paz de Westfalia fue en paralelo con el fortalecimiento del movimiento católico-romano, que alcanzó su punto culminante en el Concilio Vaticano II, cuando la Iglesia Romana, toda vez que mantenía intactos todos sus principios fundamentales, se ha situado dramáticamente en el centro del tablero de la Modernidad. La idea misma de una Europa unida sigue los modelos corporativos y jerárquicos de la Iglesia romana. Tan sólo queda por ver si Roma será lo suficientemente hábil como para ponerse a la cabeza de esta Europa que se levanta. Esto será ciertamente una tarea muy difícil, dado el carácter fundamentalmente laico que reviste la construcción europea… pero, ¿quién puede saberlo? La Iglesia romana es sobretodo sutil y hábil. ¿Se podía prever, a finales del siglo XIX, el camino que ella iba a tomar en las décadas que estaban por venir?

Los días que se acercan serán difíciles, y apenas puede uno estar animado al contemplar el estado de las Iglesias protestantes del continente europeo, entregadas como están a la desorientación e indiferencia, cuando no abiertamente en la apostasía, bailando al compás de lo que silba el espíritu de la época. Pero si aún puede haber una esperanza para esta Europa, no es más que la de volver al espíritu de la Reforma, espíritu que no es otro que el de un cristianismo auténticamente bíblico. Este espíritu afirma que la distinción saludable entre naciones no está abolido por el ya de la redención, y que la abolición de toda frontera debe esperar al día está aún por venir, el todavía no de la realización plena del Reino de Dios. Este último se manifestará en su plenitud con la venida gloriosa de Jesucristo en el día postrero. Si la división de las naciones es un mal relativo debido a la Caída (véase la condenación por Dios de la torre de Babel) por el contrario es un bien eminente en relación con las tendencias imperialistas de la humanidad caída. Es este bien (la existencia de naciones distintas unas de otras) es lo que permite la evangelización del mundo y retrasa la aparición del “hombre de pecado” predicho por las Escrituras (2 Tesalonicenses 2: 3-4). Éste es el mensaje del la Reforma: es en los límites y posibilidades de cada nación que se manifiestan las riquezas inescrutables de la libre e inmerecida gracia de Dios al separar para Su gloria, de entre el seno de cada una, un pueblo amado desde antes de la fundación del mundo.

Ciertamente, frente al juego de fuerzas que se nos presenta, tenemos muy pocos recursos que presentar: nuestra determinación de servir a Dios con nuestras familias en cualquier circunstancia; la voluntad de no ser barridos por los vientos de la historia o asimilados por los miasmas de las ideologías imperiales; el deseo imperioso de ver su propia cultura y su propio país alcanzado y transformado por la Palabra de Dios. Pero, sobretodo, en nuestra impotencia, tenemos el recurso de la oración, dirigiéndonos con fervor a nuestro Padre celestial, el Dios Todopoderoso.

Notas:

[1] Véase Pío XI, encíclica Quadragesimo Anno, § 71 (15-05-1931).

[2] John Laughland, The Tainted Source. The Undemocratic Origins Of The European Idea, Warner Books, Londres, 1998, p. 155.

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Artículo escrito por Jorge Ruiz Ortiz. Résister et Construire, nº 53-54, (noviembre-diciembre), pp. 41-49

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  1. Jorge Ruiz Ortiz

    Eliécer,

    He leído el artículo del enlace y una lectura muy rápida del documento en pdf. El diagnóstico es evidente para todo el que sea un poco observador. La solución que ellos proponen: más Europa unida. Por supuesto, no tienen en mente una Reforma en las naciones que la componen. Cuando digo Reforma, no me refiero sólo a la Reforma de las iglesias (principalmente, sí) pero también a una que afecte al conjunto de la sociedad.

    Saludos cordiales,
    Jorge Ruiz

  2. eliecer guillen

    Para una nueva Reforma de las Naciones, además de contestar a las observaciones de Christian A. Schwarz, Mark Driscoll y Rick Warren(sí de él también), sería bueno que las Editoriales Reformadas educaran a sus miembros, para que no contestaran con frases como “Tenemos un llamamiento más alto”, “¿para qué hablar del racismo?”, y palabras insultantes, cuando alguien como yo les pregunte sobre libros sobre racismo, derechos civiles, ecología, etc.
    Lo digo porque cada vez recibo respuestas como esa.
    Si las Iglesias Calvinistas quieren que se legisle en base a ideas reformadas, entonces deberán crear materiales sobre esos temas.

    • Jorge Ruiz Ortiz

      Eliécer,

      Yo también quisiera ver muchos libros reformados que creo que todas (o casi) las editoriales evangélicas no serían capaces de publicar (sobretodo porque tampoco hay mucha gente dispuestos a leerlos). Hay que aceptar que cada editorial tiene sus prioridades y son libres de ello. En todo caso, creo que no se tiene que responsabilizar de lo que comentas a todo el mundo reformado en general.

      Saludos cordiales,
      Jorge Ruiz

  3. ELIECER GUILLEN

    Yo también quisiera ver muchos libros reformados que creo que todas (o casi) las editoriales evangélicas no serían capaces de publicar (sobretodo porque tampoco hay mucha gente dispuestos a leerlos).
    Hermano sin acritud, le digo que me parece que está usted pasando mucho tiempo en Francia y Chequia-me gusta más decirlo así-, pues parece desconocer que lo que está de moda entre las editoriales evangélicas en inglés y español, es precisamente obras del reavivamiento neo-calvinista, hablo no de G.C. Berkouwer, sino de John McArthur, R.C. Sproul y compañía.
    Consulte los catalogos de Libros Desafio, Lifeway, Editorial Peregrino, Clie, Pater Noster, Westminster Books, etc.
    De paso los pastores gitanos españoles compran masivamente y leen el comentario bíblico Matthew Henry
    Aparte que si busca literatura reformada, pues acuda a editoriales reformadas, no debemos trabajar tratando de convencer a los de otras denominaciones evangélicas-hablo de iglesias de creyentes reales, no de sectas que crean en salvación por obras-, que se unan a la nuestra, sino de evangelizar a los perdidos.
    Además si las Editoriales son reformadas, sus prioridades deben ser los temas de la teología reformada, los cuales incluyen NECESARIAMENTE esos que menciono.
    Máxime ante la gran responsabilidad y culpa denominacional-confesional por el apartheid sudafricano, y antes por la esclavitud confederada sudista y las leyes Jim Crow, pasando por el Ku Klux Klan.
    Imagínese que usted contacta a una editorial o librería reformadas preguntando por materiales sobre el bautismo, y le contestan que ese tema no es prioridad para ellos, aparte de contestarle con ofensas injustificadas.
    O a una luterana y pregunta por la teología de los dos reinos y por ley y evangelio, y le contestan que esos asuntos no les interesan, luego culminando con alguna descalificacion indebida hacia su ministerio o congregación.
    No creo que esos casos hipotéticos, de ocurrirle a usted o otro Pastor les vaya a agradar o los vayan a descartar simplemente en el olvido.
    Creo que no se tiene que responsabilizar de lo que comentas a todo el mundo reformado en general.
    Por eso mismo dije que sería bueno que las Editoriales Reformadas educaran a sus miembros, para que no contestaran con frases como esas, porque se que hay gente reformada que puede y debería educarlos.
    Pero señaleme usted alguna editorial reformada cuyo personal no responda así, llevo años recibiendo respuestas como esas.
    Como dijo un político Estadounidense Republicano al presbiteriano presidente Ronald Reagan
    Los calvinistas siempre están criticando las soluciones habituales por ser seculares, a los problemas de la inflación, desempleo, guerras, Israel-Palestina, demografía, granjas, impuestos,etc… pero cuando se les pregunta cuales proponen ellos, evaden la pregunta y no contestan.
    Un político ex-comunista ex-ateo Ortodoxo Ruso le hizo una pregunta similar a unos misioneros bautistas reformados calvinistas estadounidenses.
    Estuvieron todos estos años acusándonos de hacer una cultura humanista secular y un arte anticristiano, ahora cuando les preguntamos como hacer una cultura cristiana y un arte cristiano, no dicen nada, así que acudimos a la Iglesia Ortodoxa.

  4. Jorge Ruiz Ortiz

    Sí, por supuesto Eliécer que sé que las obras reformadas hoy de los autores que me mencione por decirlo así triunfan hoy día en el mundo evangélico, sobretodo de corte neo-calvinista o bautista calvinista. Pero no me refiero a estas. En los siglos XVI-XVIII se escribió mucha teología reformada.

    Por otra parte, al final se lo tendré que decir claramente: Espero que usted no me esté culpabilizando a mí o a mi iglesia de temas como el apartheid o la esclavitud en los EEUU, simplemente por el hecho de ser presbiteriano. Usted parece que acusa a todos los presbiterianos en los EEUU de esto mismo, y de paso amplía el circulo a todo presbiteriano en el mundo, y me parece una acusación totalmente fuera de lugar. Sí, ya sé Dabney, etc. Pero en los EEUU hubo una guerra, y se batieron hermanos reformados y presbiterianos por este asunto (y bautistas y de otras denominaciones también). Y sí, hoy día también habrá reformados con posturas racistas aquí y allá, pero también están siendo duramente atacados por otros hermanos reformados y presbiterianos.

    Como presbiteriano en España, y de primera generación, todos estos temas me resultan completamente ajenos. Y lo siento mucho, pero no puedo hacer nada para que su libro pueda ser publicado por una editorial reformada.

    En todo caso, no sé qué relación pueda tener todo esto con el asunto de este artículo. Sin acritud se lo digo.

    Saludos cordiales,
    Jorge Ruiz

  5. eliécer

    Saludos Pastor, veo que tiene un malentendido por mis comentarios, le contesto:
    “Y lo siento mucho, pero no puedo hacer nada para que su libro pueda ser publicado por una editorial reformada”:
    No he escrito ningún libro, y no le he pedido ayuda para publicarlo.
    Toma usted mis comentarios hechos en tono general, como críticas o señalamientos subjetivos, dirigidos a su persona, eso no es una correcta lectura.
    Me recuerda al misionero holandés, que al ver que yo hacía copy and paste de páginas donde se publicitaba su misión de libros; creyó leer que se le solicitaban ayudas.
    Sólo le escribí una vez, y no en el blog, donde sólo le avisé que lo haría; en relación a unos materiales bíblicos, pero no sobre éste tema; y eso no a usted a título personal, sino en relación a sus funciones en la Sociedad Bíblica.

    Me imagino que como bien dijo cuando me contestó, debía remitir y reenviar mi consulta a instancias superiores dentro de la Sociedad.
    Creo que se aplica aquí adaptar el famoso dicho de Winston Churchill:
    “España y latinoamérica son países separados por un idioma común”.
    Buscaba yo si estaba traducido al español algún libro de Francis Schaeffer, o algún autor presbiteriano/reformado conservador estadounidense-nunca uno europeo- similar, de los que han escrito sobre el racismo, usualmente desde el ángulo de verlo sólo como un sentimiento malo y un problema personal, fácil de superar sólo con aceptar bendecir a los predicadores negros, invitar a los judíos al culto dominical, etc.
    Pero aún eso tan simple y tan limitado, lo veo como una alternativa mucho mejor que no decir nada y quedarse de brazos cruzados como lo hacen los demás autores de esa línea teológica.
    De notarse que no hay hoy por hoy nada reformado conservador suizo, francés ni holandés sobre el tema.
    Tres países que se acercan a España, en el infamous primer puesto del racismo, xenophobia y antisemitismo mundiales.
    Decía la Revista Reformada Conservadora Holandesa Lux Mundi:
    “Los reformados holandeses conservadores sólo aprendieron de las novelas del pentecostal estadounidense Hal Lindsey y de las novelas
    ” Las crónicas de Sión ” de la estadounidensa pentecostal Bodie Thoene a criticar el antisemitismo.
    Eso luego de 5 siglos de calvinismo, y fueron aceptadas sólo porque la autora era de origen étnico holandés, y Hal era fuertemente favorable a que USA protegiera a Europa contra la URSS.
    El partido monárquico holandés reformado, de Kuyper y Dooyewerd, colaboró con la ocupación nazi.
    Mientras Corrie Ten Boom, una predicadora de tendencia carismática-ecuménica rescataba judíos en su casa.
    Cuando en las raras veces se halla uno un libro en esos idiomas sobre el tema, el autor es pentecostal o darbyista.
    Y los reformados de esos países,se dedican a criticarlos, sin ofrecer su propia alternativa o solución a un problema real, del que han participado en causarlo -no me refiero a usted ni a su iglesia- esos mismos teólogos y grupos.
    Ya en los siglos 16-18 habia discusiones sobre el racismo y el antisemitismo, pero sólo los odiados anabaptistas lo condenaban.
    Nadie luterano o reformado escribió nada en esa era sobre ese tópico.

    “Que relación tiene eso con un artículo sobre Europa”:
    Europa es un continente fortaleza, como dicen los británicos, con un problema estructural de racismo y antisemitismo, con leyes xenóphobas como la Iniciativa Blickstein, y el maltrato generalizado a la minoría gitana en toda Europa, dicho sea de paso la Unión Bautista Italiana se quejó por la xenophobia de Berlusconi, porque muchos gitanos italianos son bautistas reformados; como no va a tener relación, relevancia o pertinencia ese tema dentro de un post sobre el futuro de Europa, por Dios.
    Como en la consideración Alemana y Francesa de ver como una humillación(?), el que USA, quien los protege de una invasión rusa, les solicite simple apoyo a la guerra contra el terrorismo, como aliados de la Otan que son.
    O más recientemente que España, Francia y Grecia vean como dominación de Alemania, el que los alemanes les presten dinero y les ofrezcan empleos; para resolver una crisis que causó el gasto excesivo de sus propios gobiernos y de las poblaciones que vivían la vida loca, como en la canción de Ricky Martin, pero con dinero inorgánico, producto de la improductividad y el parasitismo de tantos, incluyendo personas del entorno político, incluso del entorno monárquico .
    Le envié por Facebook, a uno de nuestros amigos virtuales en común, que creo es también su amigo en la vida real, un artículo de reflexión sobre catolicismno, protestantismo, ahorro y desarrollo económico.

    Cuando era España (el sistema político, no hablo aquí de las iglesias), através del FMI, quien le imponía duras condiciones a latinoamérica, nadie fuera de la izquierda(hacia la cual nunca he tenido ninguna simpatía, el Señor me libre), se quejaba.

    Una “dominación” así como la Alemana, con préstamos y ofertas de empleos, la querrán muchos en el tercer mundo. 🙂 😛
    De paso, no lo acuso ni a usted ni a su iglesia, de incurrir en gasto excesivo, sé que practican la frugalidad evangélica y ginebrina.
    “Que le resulten ajenos “:
    Sí, bien lo sé. Me imagino que :
    Si un gitano o un judío sefardí o un senegalés convertidos a Cristo, presbiterianos, desean casarse en su iglesia con una novia de ellos que fuese española blanca, no pondrá usted objeción alguna, aún si se tratase de una hermana en Cristo, de su propio entorno familiar.
    Eso mismo ocurre en los países donde hay mayoría reformada entre los protestantes; pero sólo entre los pentecostales, bautistas, nazarenos, menonitas, etc.
    Así se lo dije en otro post, que claramente no culpo de nada a la pequeña minoría evangélica española, ni espero que ustedes puedan hacer nada, porque sé bien que muchos evangélicos españoles son muy pobres, y sin influencia alguna en la sociedad.
    En otro post le dije que la vida y situación de su minoría reformada en la España católica y atea, es sustancialmente diferente a los países de mayoría reformada.
    Ustedes son a ese respecto, más como los evangélicos del tercer mundo o de europa oriental ortodoxa, o como los evangelicalistas carismáticos en los países reformados-luteranos.
    Pero usted toma como alusión a usted mismo y a su congregación, cualquier cosa que comento refiriéndome a los reformados en general.
    Y veo que le duele mucho.
    Como también, cuando comento sobre algún asunto “secular” de españa o europa, usted también lo toma como crítica a su persona y también le hiere mucho por lo que veo; mientras cuando cualquier otro evangélico español o europeo, sólo contestaría algo similar a lo que decía un pastor suizo, hablando de sus compatriotas no evangélicos : “Sí, así mismo son los españoles que no son creyentes en Cristo: Impíos e incrédulos, xenophóbicos, pornográficos,racistas y antisemitas,etc. “.
    Dos Creyentes Españoles con quienes comparto, uno Bautista me decía: “En las elecciones Españolas, siempre voto por algún partido minoritario, nunca por ninguno de los 3 grandes” y otro un Misionero de las Asambleas de Hermanos, me contaba: “No votaré en las próximas elecciones”; cuando intercambiaba con ellos, les consulté su opinión sobre las declaraciones xenophóbicas de algunos políticos españoles.
    Es decir, ellos no se sienten en modo alguno aludidos cuando uno menciona algo que haga la mayoría incrédula de la sociedad europea.
    Pues de hecho me carteo con Pastores y Laicos Españoles de muchas denominaciones, y con luxemburgueses, suizos, italianos, holandeses,alemanes, polacos, rusos, suecos,etc.
    “Pero también están siendo duramente atacados por otros hermanos reformados y presbiterianos”:
    Conocerá usted seguramente a tales reformados, pues yo no he encontrado todavía al primero.
    Cuando le pregunté a un Pastor Teólogo Reformado Blanco Europeo Conservador de un país de la Commonwealth, quien dirige un Seminario, un periódico y una Editorial; si él aceptaba en su iglesia los matrimonios interraciales entre británicas blancas y extranjeros no blancos, que fuesen reformados; me contestó insólitamente, diciéndome que “No, pero que tal negación ameritaba una explicación, que debía darme con largo detenimiento”.
    Mientras la Biblia dice: “Cásese cada uno con el que quiera, con tal que sea en el Señor”. Y versículos similares.

    Como no sean reformados liberales ecuménicos del consejo mundial de iglesias.
    Yo conozco sólo pentecostales como John Lee Clary y Bautistas como Rick Warren, que combaten al racismo, y sólo críticas teológicas reciben de los reformados.
    Como estoy entre los reformados desde hace más tiempo que usted, sé bien que durante el apartheid, todos los conservadores calvinistas lo apoyaron. Ninguno ha pedido nunca perdón por ese abuso.
    Y sólo críticas y ofensas, recibían los pentecostales y los ecuménicos que lo combatieron.
    Yo tengo contactos con Pastores y Misioneros de Sudáfrica.
    Jean Marc Berthoud de Resistir y Construír, no sólo apoya al xenóphobo Christoph Blocher, sino que sigue insistiendo en publicar artículos de respaldo al apartheid, y a la banca suiza. (!!).
    Al igual que lo hace el wiki calvinista fancés.
    Lo que enfatizo y usted nunca entendió, es que si una iglesia insiste en que “Debe haber pena de muerte porque la Biblia la menciona”, “No debe haber ley permitiendo aborto u otras cosas en ética sexual, porque la Biblia las prohíbe”; tiene la obligación de exigir leyes y duras medidas contra el racismo, porque eso la Biblia también lo condena.
    Igualmente la agresividad y hostilidad reformada hacia los que combaten males sociales, llamándolos “secularistas” seguidores de un evangelio horizontal y otras frases sin sentido; mientras se tolera y se acepta a los que son de ultraderecha, no sólo en lo racial-cabe preguntarse aquí si alguien puede sostener ideas reaccionarias sin ser racista-; pues deja mucho que desear.
    Cuando usted hace críticas a Rick Warren, yo un bautista que comparte algunas objeciones al ministerio de Warren, no lo asumo como críticas a mi persona, ni mi iglesia, a la que le gusta recibir mensajes como ese artículo, cuando se los reenvío, no se sienten aludidos; y cuando usted publicó un artículo contra el hockey pockey, un blog argentino bautista pero con lectores y colaboradores pentecostales, lo pingueó, es decir lo republicó, sin que ningún pentecostal se quejara, ni asumiera que ellos o sus congregaciones eran aludidos.
    Otra cosa si escribe criticando a los de otra denominación, por no usar traje y corbata al predicar, como un irrespeto a la Adoración a Dios; pues no veo porque no recordar a los predicadores que bendijeron el apartheid.
    Eso también es un irrespeto al Señor y a su hermosa creación.
    Como mis comentarios le causan fricción, y no edificación alguna; debo sugerirle que los borre, luego de leer éste último.
    Saludos, ore por mí, el Señor le bendiga.

  6. Jorge Ruiz Ortiz

    Eliécer:

    Me va a ser imposible responder a tan largo comentario (1753 palabras). Intentaré ser más breve.

    Lo que me resulta chocante es que esté criticando siempre unidireccionalmente a los presbiterianos-reformados, tachándolos a todos de ultraderechistas o racistas. Y al hacerlo, por mucho que diga que no tengo porqué sentirme aludido, me afecta a mí y a mi iglesia. Máxime cuando, como en este comentario, me sale usted diciendo que yo hablo de muchos temas pero no del racismo. Bueno, o usted me está acusando veladamente de racista o usted no se da cuenta de lo que dice. Tendría que sentarte un momento y ver antes el alcance de lo que escribe.

    Bueno, por volver solo un poco del tema del racismo y de la esclavitud en los USA, que si no ha tocado aquí lo habrás hecho en otros comentarios, por supuesto que los presbiterianos del sur lo defendían (Dabney et ali). Pero es que los presbiterianos del norte lo condenaban. Ambos, los presbiterianos del norte y los del sur, defendían el principio de separación entre iglesia y estado y la corrección a la confesión de Westminster en este sentido hecha en los USA. ¡Pero resulta que los presbiterianos reformados, que estaban por mantener el principio confesional en el estado de la confesión original de Westminster, condenaban la esclavitud! Fue precisamente en sus iglesias donde se comenzó a reunirse el movimiento de Martin Luther King. Pero estoy seguro de que sabe de que los bautistas tampoco condenaban precisamente la esclavitud… Quiero decir con esto que esta cuestión es es algo más complicada que el hacer aparecer a todos los reformados-presbiterianos en el mismo saco y pintarlos a todos como racistas, esclavistas o defensores del apartheid. Y, por cierto, si tiene algún comentario a hacerle a JM Berthoud, pues adelante, intente ponerte en contacto con él y hágalo, pero no sé si sabe que él es tan bautista como usted. En todo caso, no sólo lo conozco personalmente sino que es un amigo personal mío. Conozco perfectamente sus opiniones acerca del apartheid y del racismo y puedo decir que usted se equivoca completamente con él.

    Me resulta bastante cansino, por decirlo así, que a todo lo que digo (Europa, pena de muerte, Warren, hockey pockey, traje pastoral, entre otros) me venga a decir esto de que “sí, pero es que no hablas del racismo”. Mire, perdone si le hablo bruscamente, pero prefiero ser claro con usted, para que me entienda: yo hablo de lo que quiero, porque para esto este es mi blog. Usted no va a venir aquí a dictarme la agenda de lo que tengo que decir o lo que no. Y de la misma manera que usted me dice que si no me gusta lo que escribe, que borre el comentario, le digo que si no le gusta lo que escribo, que no lea este blog. Y si lo lee, que lo haga en silencio.

    Por último, no le voy a dejar que usted insulte a mi país, diciendo que ocupa el “infame” primer puesto del racismo en Europa, de la misma manera que hace con los reformados. Nadie insulta a su país ni a ningún otro, y usted no para de hacerlo con el mío. No sé cómo calificar esto.

    Que el Señor le bendiga

  7. Jorge Ruiz Ortiz

    Y una última acotación:

    Usted que afirma que entre los presbiterianos no había nadie en contra de la esclavitud, tendría que saber que en 1838 hubo en los EEUU una división en la Iglesia Presbiteriana, en parte acerca de la cuestión sobre la esclavitud.

    Por ejemplo, Charles Hodge escribía en The Princenton Review (Abril, 1848):

    “Slavery is a heinous crime; it degrades human beings into things; it forbids marriages; it destroys domestic relations; it separates parents and children, husbands and wives; it legalizes what God forbids, and forbids what God enjoins; it keeps its victims in ignorance even of the gospel; it denies labor its wages, subject the persons, the virtue, and the happiness of many to the caprice of one; it involves the violation of all social rights and duties, and therefore is the greatest of social crimes”.

    ¡Deje ya de difamar a los presbiterianos!

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