El Error de Blázquez Acerca de la Monarquía

De la intervención del presidente de la FEREDE en el programa “59 segundos”, destaca Protestante Digital esta cita:

«debemos dejar atrás todo el pasado confesional, y creo que el primero que debería hacerlo, también, es el Rey de España, que así como renunció a su privilegio en la designación de obispos, ahora debería renunciar al título de Rey católico (…) debe ser el rey de todos los españoles»

La frase “debe ser el rey de todos los españoles”, en realidad expresa lo que el rey, de hecho, ya es, independientemente de su religión o la de los españoles. La lógica de las palabras de Blázquez, por tanto, es que la Monarquía debería prescindir de todo elemento confesional para representar así a todos los españoles. Creo que es ahí precisamente donde se encuentra el error fundamental en el planteamiento de Blázquez.

La Monarquía es una institución heredera del Antiguo Régimen y un vestigio del mismo en nuestros días. El monarca, entonces, era el soberano, es decir, la soberanía de un pueblo o nación residía en el monarca y se perpetuaba de manera directa en sus descendientes. La familia real, por tanto, encarnaba al pueblo considerado como una unidad orgánica o como una gran familia.

Como decimos, pues, la Monarquía hoy sigue dando testimonio de este pasado. En la actualidad, en muchos países de Europa sigue habiendo Monarquías, pero que se han dotado de constituciones escritas. Son monarquías constitucionales. La gran excepción a esto es Gran Bretaña, la cual carece de Constitución escrita, aunque sea uno de los países que más han difundido el concepto moderno de democracia en el mundo. Por el contrario, en aquellos países que se han dotado de constituciones escritas, la Monarquía se ha mantenido, sí, como una institución heredada del pasado, pero la soberanía ha pasado a residir en el pueblo, a la vez que se han definido, por tanto limitado, los poderes del monarca.

La Monarquía, de esta manera, ha sido integrada en los sistemas políticos democráticos y parlamentarios. Pero eso no significa que la monarquía como tal sea una institución que representa al pueblo. Es decir, a diferencia del Parlamento, la Monarquía no es representativa. Si lo fuera, hubiera sido el pueblo quien la habría elegido y quien la podría deponer de manera directa. Pero no es así, por lo tanto, se puede decir que la existencia de la Monarquía no se deriva de un acto de soberanía del pueblo. No ha sido el pueblo quien la ha instaurado, sino que él sólo se ha limitado a refrendar la Constitución en la que figuran las atribuciones de la Corona. De esta manera, la Corona es preexistente a la Constitución, lo es en la nuestra y lo mismo ocurre con todas las monarquías constitucionales. De hecho, todo esto está reflejado en nuestra Constitución, cuando se define al Rey como “legítimo heredero de la dinastía histórica, es decir, que es precedente a la actual Constitución pero que ha sido integrada en ella.

Todo lo dicho hasta aquí, pues, es para establecer el principio de que el monarca, no por ser Rey Católico, deja de ser rey de los españoles protestantes. Es decir, que sea rey sobre nosotros no depende del elemento religioso. En nuestro contexto de libertades, que nosotros seamos protestantes, en principio al monarca le tiene que ser indiferente, como a nosotros la religión que él ostente, puesto que ni nos la impone a nosotros o a la sociedad, ni lo hace al Estado, que es –a pesar de todos los que se empeñan a decir lo contrario– aconfesional.

Con todo, es cierto que hay que tener en cuenta que la religión del monarca, por la misma naturaleza de la Monarquía, no es un asunto meramente personal y privado suyo. Como mínimo, y no es poco, afecta a su linaje, a su descendencia. Ser descendiente del monarca significa formar parte de la familia real, la religión del monarca es la de su familia, por tanto de su dinastía. Y es un hecho que las Monarquías, como tales, tienen su religión. Querer hacer que prescindan de esto es como quitarles atributo esencial a la Monarquía, para hacer de la Monarquía algo que no es. Para entendernos, es como querer hacer una monarquía electiva: en ese caso, no sería monarca, sino un presidente de la República.

Para probar de todo esto, podemos preguntarnos si existe una monarquía sin religión que le sea propia. Sin tener que extendernos demasiado lejos en el mundo, podemos centrarnos en nuestro propio contexto europeo:

En Gran Bretaña, el monarca es “gobernador supremo” de la Iglesia de Inglaterra (protestante).

En Suecia, el monarca tiene que ser, según las leyes de la sucesión, protestante.

En Noruega, el rey es el “gobernador supremo” y el “protector” de la Iglesia de Noruega (evangélica luterana). Es él quien nombra los obispos.

En los Países Bajos, el rey tradicionalmente es de la Iglesia Reformada. El casarse con un católico-romano es un impedimento para pertenecer a la dinastía real, como ocurrió, en los años 1960, a las princesas Irene y Christina.

En Dinamarca, el monarca, según la Constitución art. II.6, tiene que ser miembro de la Iglesia nacional danesa (evangélica luterana).

En el Principado de Mónaco, según su Constitución, la religión de estado es la católica-romana.

El país en el que tal vez el elemento confesional de la monarquía esté más diluido es Bélgica. Sin embargo, éste ha sido mantenido por el rey en los asuntos mismos de gobierno. De esta manera, el rey Balduino I, en 1990, tuvo que abdicar por unos días por su negativa a firmar la ley del aborto.

Evidentemente, a nadie se le ocurre decir que todos estos monarcas europeos son reyes, en sus respectivos países, sólo de los ciudadanos protestantes. La confesionalidad de ellos no plantea ningún problema a las distintas iglesias nacionales, y sobretodo es difícil imaginarse que la Iglesia católica-romana solicitara que dichos monarcas dejaran de ser oficialmente protestantes para que sean reyes también de sus ciudadanos católicos-romanos.

Por todo ello, resulta verdaderamente insólito ver que el máximo representante de los protestantes en España se desmarque solicitando públicamente que el Rey de España deje el título de Rey católico. El error conceptual, creemos, es importante. Pero el espectáculo dado, en términos de testimonio, creemos, es lamentable.

Porque ¿cuál debería ser, como protestantes, nuestro testimonio a la Corona? Pues, en vez de solicitarles que abracen la ideología laicista, creemos que sería más bíblico centrarnos exclusivamente en darles testimonio de Evangelio, recordándoles sus deberes para con Dios por el hecho de haber sido constituidos autoridad para ser ministros Suyos (Romanos 13:1-6), así como orar por su conversión (1 Timoteo 2:1-4). La cual, por otra parte, de darse, no sería solamente la de ellos tomados como individuos, sino también la de su familia. Por tanto, también de la familia real o dinastía. Pero, vistas las cosas, seguramente tendremos que esperar todavía mucho para que esto ocurra. Es decir, para que tal testimonio por nuestra parte se produzca.

Hemos de tenerlo claro: los problemas más acuciantes para el protestantismo español no son exteriores a nosotros –la Corona, la confesionalidad del Estado o intolerancia en la sociedad– sino más bien nos son internos. Mientras que la Federación protestante hace gala de laicismo como su ideología oficial, mantiene a su seno a adventistas y liberales, debido a su insuficiente definición del Evangelio o de la Sola Escritura, cortada además de sus referentes históricos, las confesiones de fe de la Reforma. No se puede hacer tabula rasa del pasado, pero nosotros lo hacemos, o intentamos hacer, en todos los órdenes.

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  1. Andrés López Huertas

    “el máximo representante de los protestantes ”

    ¿de dónde se saca esta idea acerca del secretario ejecutivo de Ferede?

    Será el máximo representante de Ferede, que representa a los evangélicos en los acuerdos con el Estado, pero de ahí a ser “el máximo representante de los protestantes” va un largo trecho.

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