“Matrimonio” Homosexual, Laicismo y Criminalización del Cristianismo

El pasado 30 de junio de 2005, en la sesión parlamentaria que aprobó el “matrimonio” homosexual con derecho a adopción, el presidente del Gobierno José Luís Rodríguez Zapatero declaró solemnemente que a partir de esta medida “España será más decente”.

Actos como éste, perpetrado por nuestro Presidente del Gobierno, son de los que transforman la historia de las naciones, y tal vez sin remedio. Sería trágico que no viéramos el tremendo alcance de estas palabras. Por su significado, el lugar dónde se dijeron, la manera de hacerlo, pero sobre todo, por quién lo hizo. Difícilmente se pueden encontrar paralelos, en nuestra historia y en general la del mundo occidental, de una declaración más solemne de iniquidad, de llamar luz a las tinieblas y a las tinieblas luz para hacerla sentar en el trono del juicio de un país. Pero, por trágico que sea, lo cierto es que los evangélicos, en términos generales, hemos asistido a esta proclamación del reino de las tinieblas sin apenas rasgarnos las vestiduras. Lo cual sólo es indicativo de que estamos sumidos en un largo y profundo letargo (cf. Isaías 29:10), del cual ya va siendo hora despertar. Sí, por largas y profundas que sean sus causas, hemos de emplear todos los medios necesarios y a nuestro alcance para salir del sopor, porque las consecuencias del proceso ya iniciado no van a ser sino desastrosas. También para nosotros, los evangélicos.

Conviene brevemente señalar factores que han actuado como anestésicos en la conciencia evangélica. Cantinelas recurrentes, como la de “los evangélicos no tenemos derecho a imponer nuestra moralidad a la sociedad” han sido, sin duda, uno de ellos. Pero, ¿es cierta esta aseveración? La moralidad evangélica, basada en los mandamientos y principios bíblicos, ¿es realmente distinta a la tradicionalmente sentida por la gran mayoría de la sociedad española (¡de la España católica!) y por lo tanto de su ordenamiento jurídico? ¿Es una imposición el proclamar esta moralidad, señalando a la sociedad y sus gobernantes el deber de mantenerla? El complemento necesario de esta argumentación anestésica es el afirmar que “España ha dejado de ser ya católica”. Pero, ¿estamos seguros de que realmente esto es así, tratándose como se trata de un país de 40 millones de católicos? ¿En qué nos basamos para afirmarlo? ¿En nuestra particular comprensión de lo que es el catolicismo-romano? ¿Es, pues, nuestra comprensión correcta?

En fin, todo esto para decir que, en relación con el “matrimonio” homosexual, de las siguientes tres opciones:

1) la afirmación y defensa de la moralidad bíblica que afirmamos propia; 2) la defensa, en un plano menos confesional, de los valores tradicionales de la sociedad, en lo que coinciden con el testimonio bíblico; 3) situarnos en una supuesta neutralidad, y equidistancia, entre los homosexuales y el Gobierno, por un lado, y la Iglesia católica-romana, por otro; los evangélicos hemos optado generalmente por la tercera –sin hablar de aquellos a los que les ha faltado tiempo para emprender una campaña pro-homosexualidad-. Con lo cual, hemos considerado parcialmente posible el tabú, lo prohibido (Efesios 5:3), justificando de esta manera en buena medida la decisión del Gobierno.

Pero incluso en la aprobación del “matrimonio” homosexual, se pone palmariamente de manifiesto que un Gobierno, un Estado, no puede desvincularse de consideraciones morales. No en vano, el presidente del Gobierno aprobaba la nueva ley invocando la “decencia”. Reconociendo, además, el “derecho” de los homosexuales a casarse. Y lo cierto es que los derechos humanos es la manera por la cual los regímenes políticos de la Era Moderna (es decir, posteriores a la Revolución Francesa) han expresado la convicción de que el gobierno humano está –ha de estarlo– basado en unos principios morales, por lo tanto limitado por ellos. La mentalidad materialista que han abrazado las clases dirigentes occidentales milita poderosamente en contra de esta convicción. Pero, a pesar de todo, la relación entre gobierno y moralidad muy difícilmente puede desarraigarse del alma humana. Imposible, pues, en el fondo, desligar el Gobierno de la moral.

El gran problema es que con el “matrimonio” homosexual, el Estado está reconociendo un supuesto derecho que sólo existe porque así le ha placido a él concederlo. Por supuesto, está la reclamación de los homosexuales, que se basa en una concepción típicamente totalitaria, en la que la libertad del individuo se impone sobre los valores morales tradicionales, y en la que la verdad objetiva no juega papel alguno. Pero hablar de familia homosexual es una contradicción en los términos. La razón es simple: la práctica homosexual no engendra familia. La familia homosexual, por naturaleza, no existe. El Estado, pues, no puede reconocer algo por naturaleza inexistente. El Gobierno presidido por Zapatero, por tanto, no reconoce un derecho real, sino que lo está instaurando. Por lo tanto, lo que en realidad se está haciendo, con el matrimonio homosexual a la cabeza, es implantar un nuevo orden moral, decididamente amputado de todo referente normativo exterior a él mismo, ya sea humano o divino. Se trata, de esta manera, de un acto de poder bruto.

Sin embargo, por razones evidentes, el matrimonio homosexual no puede presentarse así a la vista de todos. Por tanto, es revestido artificialmente de moralidad. Históricamente, los Estados realizan este tipo de maniobras por medio de un uso intensivo de la propaganda. Y suelen logarlo. Éste es el punto en el que nos encontramos ahora. ¿Y qué queda por delante? Por lo pronto, hemos de ser conscientes de ello, conlleva la criminalización del pensamiento contrario al nuevo orden y, por lo tanto, de sus defensores. Lo cual, indefectiblemente, se llevará a cabo, cuando el nuevo orden esté más implantado en las conciencias.

Un pequeño botón de muestra. En la ciudad norteamericana de Philadelphia, once cristianos fueron detenidos en octubre pasado por intentar predicar la Palabra de Dios a las puertas de un acto público homosexual –lo cual, por cierto, fue impedido por un grupo intimidatorio de homosexuales, a los que la policía no molestó en ningún momento-. Los cristianos, entre los que se encuentran dos ancianas de 75 y 70 años, se enfrentan a penas de hasta 47 años de cárcel, por haber cometido el delito de “hateful speech”, que traducido puede significar tanto “discurso de incitación al odio” como “discurso odioso”. He aquí, pues, lo que las clases dirigentes post-modernas opinan de la moralidad cristiana, y lo que piensan hacer a los cristianos si la expresan públicamente.

Nos equivocamos si pensamos que esto es algo que no va con nosotros, evangélicos españoles. Los nuevos estatutos autonómicos, los de Cataluña y Andalucía a la cabeza, ante los cuales los evangélicos en general hemos guardado un respetuoso silencio, declaran como uno de sus objetivos principales la erradicación de la homofobia. Si los dirigentes se han dotado de instrumentos para perseguir toda declaración pública en contra de la homosexualidad, es porque existe realmente intención de hacerlo. Van a ir a por nosotros, nos van a reducir al silencio. A cambio nos cebarán con subvenciones por todo tipo de conceptos. Palo y zanahoria, pues. Y si pudieran, hasta nos convertirían en la religión oficiosa del régimen del laicismo amoral. Lo cual sería una manera mucho menos cruenta de acabar con nosotros.

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Jorge Ruiz Ortiz. Artículo originalmente publicado en enero de 2007 y republicado en febrero del 2008, en la revista digital “Tiempo de Hablar”

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  1. clide

    HERMANOS…PREPÁRENSE POR LO QUE VIENE…ESTO NO ES NADA AÚN DE LO QUE TENDREMOS QUE PASAR…SERÁ IGUAL QUE EN LOS TIEMPOS DEL IMPERIO ROMANO CUANDO PERSEGUÍAN A LOS CRISTIANOS…ORAD EN TODO TIEMPO… Y PERSEVERAD EN VUESTRA FE….HASTA QUE NUESTRO SEÑOR,QUE NUNCA FALLA EN SUS PROMESAS, REGRESE EN BUSCA DE SU IGLESIA…FUERZA Y ARRIBA !!! SOY CRISTIANA!!!! JESUSCRISTO ES EL SEÑOR… Y A ÉL SOLO ADORARE….!!!!!

  2. Jorge Ruiz Ortiz

    Gracias Clide por su comentario.

    Estoy de acuerdo que nos esperan tiempos difíciles. El problema es que la persecución no sólo será, o incluso es, exterior, sino que también vendrá por parte de muchos que dicen ser de los nuestros.

    No puede ser de otra manera: cuando se justifica en parte el pecado, se acaba totalmente en contra de Dios.

    Saludos cordiales,
    Jorge Ruiz

  3. JESUS QUINTANILLA OSORIO

    BRILLANTE ALOCUCIÓN. SEGUIREMOS ORANDO PORQUE DIOS NOS MANTENGA LIBRES DE LOS AGENTES DE LAS TINIEBLAS. DIGO SI AL MATRIMONIO ENTRE HOMBRE Y MUJER, NO A LAS BODAS ENTRE GENTES DEL MISMO SEXO. ESTO VA CONTRA NATURALEZA

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