El Ministerio Es Una Ordenanza Perpetua, por George Gillespie

Que el ministerio es una ordenanza perpetua de Cristo en la Iglesia, y que los ministros deben ser recibidos como embajadores de Cristo así también ahora como en los tiempos primitivos

Aquello que por mucho tiempo se había ocultado en los corazones de tantos ateos es ahora profesado y defendido por ese erasmiano [1] feroz, cuyo libro fue publicado el año pasado en Franeker.  Él proclama que el mundo es abusado por esa noción de un pretendido llamamiento ministerial sagrado —aunque los apóstoles y otros quienes primero predicaron el evangelio fueron ciertamente enviados y apartados para ese llamamiento santo, lo cual también había sido confirmado por señales y milagros, y por consiguiente ellos debían ser recibidos en obediencia como embajadores de Cristo—.  Sin embargo los ministros y pastores de hoy no deberían ser reconocidos como embajadores de Cristo, ni tampoco hay tal cosa ahora que debe recibirse como un llamamiento sagrado que sea especial y exclusivo, o una solemne separación de hombres para el ministerio de la Palabra y de los sacramentos, sino que cualquiera que sea capaz y que tenga dones, aunque no sea llamado ni ordenado, puede tanto predicar como administrar los sacramentos, el Bautismo y la Santa Cena.  La secta de los Seekers [Buscadores] también mantienen que no hay en este tiempo, ni ha habido en siglos pasados, ministros verdaderos o embajadores de Cristo.  Ahora bien, para refutar estos errores, y para confirmar y para establecer a cualquiera que esté confundido o perturbado por ello, he creído bueno en primer lugar confirmar este principio —que el ministerio, como un oficio distinto tanto de los magistrados como de los cristianos en su aspecto privado, es una ordenanza establecida y perpetua de Cristo en Su Iglesia hasta el fin del mundo—.  Esto lo demuestro:

1)  De Mateo 28:19, 20.  Aquella comisión, «Id, y enseñad a todas las naciones, bautizándolos,» etc., no se refiere a los apóstoles solamente o a otros ministros de Cristo de ese tiempo respectiva y personalmente, sino que por necesidad se extiende a predicadores verdaderos y a los que han bautizado a través de los siglos hasta el fin del mundo, como es manifiesto por la promesa añadida, «he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

2)  De Efesios 4:11-13, donde la ordenanza de pastores y maestros para la obra del ministerio se extiende hasta perfeccionar todo el cuerpo de Cristo, y reunir a todos los elegidos, y, por consiguiente, hasta el fin del mundo.

3)  De estas profecías y promesas evangélicas de pastores y maestros, Jeremías 3:15;  23:4;  Isaías 30:20; 62:6, 7; 66:21;  Ezequiel 44:23, las cuales no se limitan a las iglesias de los tiempos primitivos, sino que sí incluyen las iglesias de Cristo en todas las edades.

4)  Cristo ha ordenado que Su evangelio sea predicado a todas las naciones, Mateo 24:14;  Lucas 24:47; y por todo el mundo, Mateo 26:13; y a toda criatura debajo del cielo, Marcos 16:15.  La predicación del evangelio es el medio y la manera ordenada de Dios para salvar aquellos que creen, Romanos 10:14; 1 Corintios 1:23.  Ahora bien, aunque hubo una gran extensión del evangelio en los tiempos de los apóstoles por una gran parte del mundo que entonces se conocía, sin embargo esa comisión universal no se efectuó ni se cumplió tan perfectamente en aquel entonces como lo va ser antes de que venga el fin.  Además tampoco fueron reunidos todos los elegidos en ese tiempo, sino que muchos de ellos aún serán reunidos, lo cual tiene que llevarse a cabo por la predicación.  ¿Y quién puede κηρυσσειν  sino el que es κηρυξ ? ¿Quién llevará a cabo el oficio de heraldo sino aquél que es heraldo?  La palabra que usa el Espíritu Santo para la predicación es tomada de “ser mensajero”.

5)  Cristo ha establecido mayordomos fieles y sabios para ser gobernantes sobre su casa a fin de dar la porción de comida en su debido tiempo, Lucas 12:42, lo cual no fue establecido solamente para los tiempos primitivos, sino hasta que Él vuelva otra vez, como se ve por el versículo 43, «Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando su Señor viniere, lo hallare haciendo así.» Y el versículo 45, «Mas si el tal siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir,» y etc.  Trataremos más de esta escritura posteriormente.

6)  De 1 Timoteo 6:14.  El apóstol, en esa epístola, habiendo dado direcciones acerca de oficiales eclesiásticos, obispos, ancianos, diáconos, con muchos otros detalles que pertenecen al ministerio, al finalizar su epístola, le da un encargo estricto y solemne a Timoteo a que guarde «el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo,» lo cual no puede entenderse de Timoteo personalmente, sino que es un encargo dado en su persona a todo ministro del evangelio que viva hasta la aparición de Cristo.

7)  De Apocalipsis 2:24, 25.  Hay un encargo, «pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga,» y esto es dado a dos tipos de personas:  Primero, υμιν, vobis,  a vosotros obispos o pastores, pues había más de uno entre ellos en Tiatira, así como también en Filipos, Filipenses 1:1; Antioquia, Hechos 13:2; 15:35; Efeso, Hechos 20:17, 28, 36, 37.  Lo mismo se puede observar en otras iglesias primitivas. Segundo, λοιποις, a los demás de vosotros, es decir del rebaño y del cuerpo de la iglesia. Así como el encargo no se puede limitar a la iglesia de Tiatira, así tampoco se puede limitar al ministerio en Tiatira.  Pero en ellos [los ministros] Cristo manda a todos, tanto a los ministros como a los miembros de la Iglesia, a retener firme la joya del Evangelio hasta que Él venga de nuevo.

8)  Es el privilegio de la nueva Jerusalén que es de arriba, que dentro de ella no haya templo, Apocalipsis 21:22, ni ministerio, ni predicación, ni sacramentos en el cielo, sino que Dios será todo en todos.  El creer que es posible disfrutar de Dios en este mundo directamente sin las ordenanzas es un engaño.  En la iglesia triunfante las profecías faltarán, 1 Corintios 13:8; pero en la iglesia militante, «No menospreciéis las profecías,» 1 Tesalonicenses 5:20.

Si alguno pone por objeción (como ciertas personas fanáticas lo han hecho) lo dicho en Jeremías 31:34, «Y no enseñará más ninguno á su prójimo,» y a 1 Juan 2:27, «y no tenéis necesidad que ninguno os enseñe,» respondo:

[1]  Estas escrituras se tienen que entender comparativamente, en el mismo sentido en que Dios dijo que quiere misericordia y no sacrificio, según Óseas 6:6.  El Espíritu de iluminación y conocimiento será derramado en abundancia bajo [la dispensación] del Evangelio. Y Dios escribirá Sus leyes en los corazones de Su pueblo en un grado en que la diferencia entre los que estaban bajo el Antiguo Testamento y los que están bajo el Nuevo Testamento será como entre los que tienen necesidad de un maestro y los que no tienen necesidad de uno.

[2]  «Como la ley no fue dada al justo,» 1 Timoteo 1:9, para forzarlo con freno, pues él no tiene necesidad de tal imposición, sino que obedece dócil y voluntariamente; sin embargo la ley es dada al justo para que sea una regla de obediencia para él. Así los creyentes, bajo la dispensación del Evangelio, no necesitan ser enseñados por hombres del modo en que los ignorantes son instruidos —pues no están sin entendimiento como el caballo o el asno, «porque todos me conocerán,» dice el Señor, Jeremías 31:34; «y conocéis todas las cosas,» 1 Juan 2:20—.  Sin embargo aún ellos necesitan un ministerio de enseñanza para su crecimiento en conocimiento, para su edificación, para fortalecerlos y confirmarlos, para recordarles y para animarlos, Efesios 4:12; 2 Pedro 1:12; 3:18;  Filipenses 1:9. Siempre habrá necesidad del ministerio, tanto para convertir a los inconversos, como para confirmar a los ya convertidos.  El apóstol, en 1 Tesalonicenses 3:2, creía necesario enviar a Timoteo a la Iglesia de los Tesalonicenses para confirmarlos y para confortarlos.

[3]  Mientras que estemos en este mundo, aquella promesa que dice que no tenemos necesidad de ningún hombre para enseñarnos no se ha cumplido perfectamente; porque en parte conocemos, 1 Corintios 13:9, 12, y siempre tendremos necesidad de un maestro hasta que estemos en el cielo y miremos Cristo cara a cara.

[4]  Y es así como debemos entender estas Escrituras que se aluden como objeciones, de otro modo vamos hacer que contradigan otras Escrituras, como Jeremías 3:15, Romanos 10:14, 1 Corintios 1:23, y también cómo puede un hombre entender sin un maestro, Hechos 8:31.

Objeción 2. Pero si creemos que el ministerio es una ordenanza perpetua, y si hay una promesa que dice que Cristo estará con el ministerio hasta el fin del mundo, también debemos creer en una sucesión de ministros desde los tiempos de los apóstoles, y que en medio del papado mismo Cristo tiene un verdadero ministerio.

Respuesta.  Si creemos en la Iglesia santa y universal, y que en todas las edades Cristo ha tenido y tendrá una Iglesia verdadera, de esto no podemos concluir que la Iglesia es siempre visible, o siempre pura.  Pues el hecho de creer en un ministerio perpetuo no nos lleva a concluir que hay una sucesión directa o visible de ministros, o en su pureza y que serán preservados de error.  Nada de esto se puede poner en contra de nuestra creencia en un ministerio perpetuo, sino más bien apoya nuestra creencia de la perpetuidad de la iglesia.

Objeción 3.  La multitud de creyentes bajo el Nuevo testamento, son hechos un «real sacerdocio,» 1 Pedro 2:9; y Cristo «nos hizo reyes y sacerdotes para Dios,» Apocalipsis 1:6.

Respuesta

[1.] Pedro se explica a sí mismo, 1 Pedro 2:5, «Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados una casa espiritual, y un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, agradables á Dios por Jesucristo.» Qué tipo de sacrificios espirituales sean estos podemos saberlo por otras Escrituras —a saber, la mortificación de la carne y ofrecernos a Dios, Romano 13:1, la contrición, Salmo 51:17, la oración y las suplicas, Salmo 141:2; Hebreos 5:7; Apocalipsis 5:8,  acciones de gracias, Salmo 50:14, 23; Hebreos 13:15, actos de limosnas, Filipenses 4:18; Hebreos 13:16—.  En cuanto a estas cosas, todos los creyentes, ciertamente, son un sacerdocio santo, pero en cuanto la administración del ministerio público no lo son.

[2.]  Está objeción lleva a desarraigar los magistrados y el gobierno civil del ministerio, porque Cristo ha hecho a los creyentes reyes como también sacerdotes, y si son reyes, ya no son súbditos.

[3.]  Lo mismo fue dicho al pueblo de Israel, Éxodo 19:6, «Y vosotros seréis mi reino de sacerdotes, y un pueblo santo,» sin embargo Dios designó a los hijos de Aarón solamente como sacerdotes en cuanto a la administración pública de las cosas santas.

[4.] El mismo Dios que ha hecho a los cristianos un sacerdocio santo, también ha prometido a la Iglesia del Nuevo Testamento que apartará y escogerá de entre ellos, o de ellos (por medio de una separación y un llamamiento especial), sacerdotes que ministren ante Él en las cosas santas, Isaías 66:21; Ezequiel 44:15, 16, etc., a quienes Él llama sacerdotes —no en el sentido judaico ni de los católicos-romanos, sino por su presentación de los gentiles a Dios como ofrenda por medio de la predicación del evangelio y santificados por el Espíritu Santo, Romanos 15:16—.  O podemos pensar que son llamados sacerdotes por los profetas, a fin de que sean mejor entendidos, hablando en el modo común de esos tiempos; así como por la misma razón cuando los profetas hablaban de la iglesia del Nuevo Testamento, por ejemplo hablan del monte Sinaí, Jerusalén, los sacrificios, el inceso, la fiesta de los Tabernáculos,  etc.

Pero no puedo olvidar lo que el erastiano Grallator, con tanto desprecio y mofa, rechaza, lo siguiente, que no solamente existe un ministerio perpetuo en la Iglesia, sino aun que los ministros legítimamente llamados deban ser recibidos como embajadores de Cristo, y como enviados de Dios.  Si de hecho debe haber un ministerio perpetuo, no obstante ese hijo del diablo y enemigo de Cristo (porque no puede ser otra cosa quien es un enemigo al ministerio de la Palabra y a los sacramentos) no cesa de pervertir los caminos rectos del Señor.  De ninguna manera reconocerá ministro alguno de las iglesias reformadas como embajador de Cristo, aunque dice que los apóstoles sí lo fueron. Parece que él odia este nombre aún más, pues los embajadores, por la ley de naciones, son personas inviolables o inmunes, ¡cuánto más los embajadores de Cristo!  Pero ahora veamos si la Palabra de Dios no da una autoridad elevada y alta aun al ministerio ordinario del Evangelio como embajador de Cristo. Cuando Pablo dice, «Somos embajadores en nombre de Cristo,» 2 Corintios 5:20, él no lo dice en referencia a ninguna cosa que fuera particular a los apóstoles, o cualquier cosa incompetente a los ministros ordinarios.  Lo contrario está bien claro en el texto mismo, «…nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.  Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio nuestro; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.» Ahora bien si Pablo fue embajador de Cristo, porque Él le había encargado la palabra de la reconciliación, entonces todos los ministros verdaderos del evangelio también son embajadores de Cristo por la misma razón —mire lo mismo en Efesios 6:20, «Por el cual soy embajador…»; ¿para qué?  No para hacer milagros, ni para echar fuera demonios, ni para fundar iglesias en diferentes reinos, o cosas semejantes, sino para que «al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio,» versículo 19, en esta porción bíblica él desea ser apoyado por las oraciones de los santos—.  Por la misma razón, todo ministro llamado fiel y legítimamente es embajador de Cristo así como los apóstoles.  Así como bajo el Antiguo Testamento, los sacerdotes que eran maestros ordinarios, y llamados de una manera ordinaria y directa, eran los Ángeles o Mensajeros del Señor de los ejércitos, Malaquías 2:7, así como también lo fueron los profetas, 2 Crónicas 36:16.  Así también se dice que hombres eruditos y escribas son enviados por Dios como profetas, Mateo 23:34.  Y los ministros de las siete iglesias de Asia son llamados Ángeles, Apocalipsis 2 y 3; y un intérprete de la Palabra de Dios es un mensajero, Job 33:23.  Ahora bien, Cristo ha dado a las iglesias pastores y maestros, así como los apóstoles, los profetas, y los evangelistas, — todos los cuales son del cielo, no de los hombres, Efesios 4:11.

[1] El erastianismo fue una doctrina propuesta por Tomás Erastus (1524-1583) un teólogo suizo.  Su doctrina más controversial, la cual los calvinistas que defendieron el gobierno presbiteriano combatieron, mantenía que los oficiales eclesiásticos no tienen el derecho de impedir tomar la Santa Cena a cualquier persona, sino que eso era derecho del gobierno civil.  Tampoco podrían las cortes de la Iglesia ejercer disciplina contra una persona, especialmente la disciplina máxima, la excomunicación, sino solamente el gobierno civil.  En este sistema de gobierno eclesiástico la cabeza del gobierno civil es también la cabeza de la iglesia, por ejemplo la Iglesia de Inglaterra.  En vez de un Papa, es un Rey civil.  Esto es totalmente en contra del gobierno presbiteriano, por lo tanto contra la Palabra de Dios.

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Traducción: Edgar Ibarra y Joel Chairez.

A Treatise of Miscellany Questions (Edinburgh, 1649)

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