Zapatero y Vaticano II

El Presidente Zapatero ha recibido una cantidad ingente de críticas por su asistencia al Desayuno de Oración de Washington. Salvo los incondicionales, prácticamente nadie ha estado satisfecho con ella, ni los laicistas ni los religiosos (católicos o protestantes). En cuanto a un servidor, creo que, en el fondo, la asistencia de Zapatero a dicho Desayuno ha sido algo positivo, puesto que permite comprobar hasta qué punto su acción de gobierno es animada por un cierto pensamiento y espíritu religioso. Baste considerar la siguiente cita de su discurso:

“La libertad es la verdad cívica, la verdad común. Es ella la que nos hace verdaderos, auténticos como personas y como ciudadanos, porque nos permite a cada cual mirar a la cara al destino y buscar la propia verdad”

Como ya ha sido puesto de manifiesto, aquí Zapatero está invirtiendo el pensamiento expresado por Jesucristo mismo de “la verdad os hará libres” (Juan 8:32). Esta corrección a las palabras de Jesús es algo que el Presidente hizo de manera explícita en julio del 2005, en una charla ante las juventudes socialistas de Málaga, cuando declaró aquello de: “Os han dicho ‘la verdad os hará libres’, pero yo os digo ‘la libertad os hará verdaderos’”.

Por supuesto, esta costumbre suya de corregir en público la Palabra de Dios en las mismísimas palabras de Jesús denota un muy grave problema espiritual en Zapatero. De todos modos, por ser equilibrados, diremos que el proceder (tan extendido) de aquellos cristianos de aplicar la cita de Jesús “la verdad os hará libres” de manera espuria, en el sentido, por ejemplo, de que la información periodística veraz es la que nos hará libres, no es algo mucho mejor.

Asimismo, si intentamos sopesar la cita de Zapatero y buscarle un cierto parentesco en las ideas nos podremos llevar sorpresas. Hagamos un sencillo ejercicio de comparación de citas. Una vez más, la de Zapatero en Washington:

“La libertad es la verdad cívica, la verdad común. Es ella la que nos hace verdaderos, auténticos como personas y como ciudadanos, porque nos permite a cada cual mirar a la cara al destino y buscar la propia verdad”

Compárese ésta con la siguiente:

Con su capacidad de interiorización [el hombre] supera la universalidad del cosmos y es capaz de tocar esas profundidades cuando mira a su corazón, donde le espera Dios, que escruta los corazones, y donde sólo él puede decidir su propio destino a los ojos de Dios”

Ésta última cita pertenece a uno de los documentos producidos por Vaticano II, la Constitución Gaudium et Spes § 14. Los parecidos, de contenido y hasta léxicos, parecen evidentes.

Por tanto, creemos que, con ambas citas, la de Zapatero y la de Vaticano II, estamos ante una concepción similar del ser humano, una concepción libertaria (en un sentido teológico) que postula el carácter trascendente de la libertad del ser humano, una libertad indeterminada, por lo tanto, prácticamente absoluta en sí misma.

Debo de ser el único mortal vivo en pensarlo: creo que Zapatero es católico. Cierto, un ejemplar extremadamente complejo de católico –impregnado hasta la médula de escepticismo postmodernista – pero católico a fin de cuentas. De hecho, Zapatero, como tantos otros políticos españoles, fue educado en colegios religiosos católicos.

Pero no sólo eso. Creo que se puede decir que Zapatero no puede ser concebido sin Vaticano II. Y ello no sólo porque la Transición y la actual Democracia en España es un fruto directo del Concilio y Zapatero juega un cierto papel en él. Es también una cuestión de filiación espiritual.

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