El Fantástico Santo Grial

Una de las características más acusadas de nuestra cultura es su tendencia a confundir la realidad con la fantasía, y viceversa. De ello habla bien elocuentemente el tremendo éxito de novelas y películas como “Harry Potter”, “El Señor de los anillos” y, muy recientemente, “El Código da Vinci”. Se puede incluso llegar a entender la necesidad que tiene la gente de sumergirse en un mundo de ensueño, sobretodo cuando se ha rechazado, como se ha hecho en los países occidentales, la Palabra de Dios, y cuando se dice, como lo hace el necio en su corazón, “No hay Dios…” (Salmo 15:1). Cuando se hace todo esto, invariablemente la vida al final resulta tediosa, sin sentido. A veces, especialmente dura y cruel. Pero siempre resulta doloroso darse cuenta de esta realidad descrita por Moisés: “Son como sueño, como la hierba que crece en la mañana. En la mañana florece y crece; a la tarde es cortada y se seca” (Salmo 90:5-6).  ¿Qué es la vida? ¿Setenta u ochenta años, a lo sumo? “Pronto pasan, y volamos” (Salmo 90:10).

Es por ello que el hombre siempre ha tenido necesidad de expresar, por mitos o leyendas, las peripecias de los humanos para poder escapar de su condición pequeña, limitada y mortal. Uno de ellos ha sido el mito del llamado “santo grial”, mito de origen ancestral y que se reencuentra, con diversas variantes, en todos los países en los que hubo presencia de los celtas. En las distintas historias de este mito, siempre se dan algunos rasgos fundamentales o comunes a todas ellas. Por ejemplo, el protagonista es un varón que, tras algún tipo de iniciación, normalmente inducida por alguna mujer, sale en búsqueda de un “grial” o vasija mística, que simboliza la “liberación” de la condición humana, la obtención de la “eterna juventud” o algo parecido a la vida eterna. Este viaje fantástico transformará al protagonista, quien finalmente encontrará el anhelado objeto en algún remotísimo lugar.

En la Edad Media, allá por los siglos XII y XIII, nos encontramos ya con las primeras obras literarias acerca de este mito, relacionadas con la figura legendaria del rey Arturo de Inglaterra. Las más importantes se dieron en Francia (el “Conte de Graal”, de Cretién de Troyes, escrito entre 1180 y 1240), y en Alemania (“Parzival”, escrito por Wolfram de Eschenbach entre 1205 y 1215). Estas obras, escritas en lengua vernácula, moldearon tremendamente los gustos y cultura de su época. Baste decir que la obra de Cretién de Troyes estaba formada por nada menos que ¡sesenta mil versos!

Curiosamente, es de aquellas épocas cuando aparecen los primeros datos documentales del cáliz que hoy se conoce como el “Santo Grial” de la Catedral de Valencia. En el año 1134 ya se le menciona en un manuscrito, que lo sitúa en el monasterio de San Juan de la Peña (Huesca). En el año 1399, el rey de Aragón Martín “el Humano” haría trasladar la vasija a Zaragoza, y en 1416, el rey Alfonso V de Aragón la envió a Valencia, donde la custodió en su palacio. Finalmente, será Juan II, rey de Navarra y gobernador de Aragón y Valencia, quien la entregue, en 1437, a la Catedral de Valencia, donde ha permanecido hasta nuestros días.

Hay que darse cuenta que la primera aparición documental del cáliz aparece precisamente en la época cuando la epopeya del Santo Grial “causaba furor” en Europa. También resulta curioso constatar que, en España, se diera precisamente en tierras de la Corona de Aragón, la cual siempre se ha caracterizado por estar abierta de par en par a lo proveniente más allá de los Pirineos. Sin duda, alguien podrá decir que el manuscrito ya citado, que por primera vez habla del cáliz, es anterior a la obra de Cretién de Troyes. Bien, suponiendo la autenticidad del manuscrito (y que no sea una creación a posteriori para dar “denominación de origen” eclesiástica a una alhaja del tesoro real que representaba el “best-seller” de la época) suponiéndolo pues, hay que tener en cuenta que la leyenda del “Santo Grial” fue, sin duda, escrita incluso antes de la obra de Crétien de Troyes: el autor alemán de “Parzival” reconoció haberse inspirado de una obra anterior, de un tal Guiot de Provenza… y nótese la especial relación entre Aragón y la Provenza, que se puede comprobar simplemente en las actuales banderas de dichas regiones: son, como las de Cataluña, Valencia y Baleares, idénticas.

En definitiva, la relación, o dependencia, entre la historia del cáliz valenciano y el mito medieval queda evidenciada hasta por su misma apelación como “grial”.

Con todo, ¿cómo es que, a día de hoy, el cáliz de Valencia goza de creciente aceptación como reliquia auténtica de Jesucristo? Eso sí que es, lo que se dice, “hacer carrera” en la Iglesia. En su día, la Edad Media, el cáliz de Valencia competía con un gran número de vasijas que se reclamaban todas ellas igualmente ser la auténtica que Jesucristo utilizó en la noche que fue entregado. Se dice que, por aquel entonces, había en Europa una veintena de cálices o “santos griales”. Los más importantes: el de Notre Dame de Ile, cerca de Lyon (Francia), o la vasija de plata de Antioquía (la actual Turquía). En España mismo se encuentra otro “santo grial”, en O Cebreiro (Galicia).

En la actualidad, nuestra mentalidad racionalista hace una criba entre todas las supuestas reliquias, y sólo sobreviven aquellas que puedan ser presentadas con el apoyo de estudios “científicos”, de las que se pueda decir aquello de “científicamente probado”. Caso típico: el de la Sábana Santa de Turín. Bien, nuestro cáliz valenciano está sufriendo un caso parecido, con una cada vez mayor atención del mundo de la ciencia y de los medios de comunicación. Pero, para hacer “carrera en la Iglesia”, los estudios y reportajes, por sí solos, no bastan. De hecho, ellos son la consecuencia. La causa no es otra que el apoyo de Roma.

En este sentido, en noviembre de 1982 tuvo lugar la primera visita de Juan Pablo II a España. Y a su paso por Valencia, el “papa” veneró de manera particular al cáliz. Pero es que no sólo eso: lo utilizó para la eucaristía en una multitudinaria misa. Pero eso no es todo: Juan Pablo II calificó el cáliz de Valencia como un “vestigio del paso de Cristo por la tierra”. Y de “vestigio” a “reliquia”, sólo hay un paso. Es difícil, pues, tener mayor apoyo del papa en una sola visita. Se puede tener más, sin duda, pero todo requiere su tiempo. Es necesario una mayor publicidad, más estudios, más reportajes, cosa que efectivamente es en lo que estamos.

¿A qué es debido, por tanto, este trato preferente de Roma con el cáliz valenciano? ¿Tendrá acaso un interés especial Roma en él? Políticamente hablando, es hasta probable, vistas las tentativas cada vez más pujantes de reeditar en suelo patrio la antigua Corona de Aragón. Roma sabe jugar como nadie sus cartas para ganar las “adhesiones inquebrantables” de las naciones, las habidas o por haber. Para tal fin, nada como declarar que en tal o cual ciudad reside el cáliz auténtico que usó Jesucristo, devotamente custodiado por los monarcas aragoneses. Qué gran distinción, sin duda.

Pero no sólo eso. Resulta que, si el “papa” lo “canonizara” oficialmente, el papado estaría a su vez legitimándose a sí mismo. Sí, porque hay que tener en cuenta la curiosa historia del cáliz. Según la leyenda, el cáliz estuvo en poder del mismísimo apóstol Pedro, quien se lo llevó a Roma. Y allí se quedaría, siendo usado por los sucesivos obispos para la eucaristía, hasta que a finales del siglo III, un diácono de Huesca que servía en Roma, debido a las persecuciones de los emperadores romanos, se lo llevaría a su lugar de origen. Et voilà! que diría Cretién de Troyes. Es como el viaje de la película “Excalibur”, pero al revés: no es el viaje en busca del “grial”, sino llevando el grial. Tampoco es el viaje “al fin del mundo”, sino la “vuelta a las raíces”. Un feliz contrapunto, pues, a la leyenda del rey Arturo, que tanta relación tiene con la evangelización de Inglaterra, y que tiene como efecto secundario el que la Iglesia de Inglaterra le haga la competencia, en ilustres orígenes, a la de Roma, fortaleciendo así su independencia eclesiástica. De lo cual Roma es perfectamente consciente.

Y es que Roma, por si quedara alguna duda de ello, es maestra en crear historias en las que la fantasía se convierte en realidad y viceversa, y siempre en provecho propio. Por lo cual, vemos que con la famosísima y polémica película actual de “El Código de Vinci” (que tanto está doliendo a Roma, y al Opus Dei en particular, película con la que, por otra parte, no estamos en absoluto de acuerdo) la Iglesia católica-romana como institución no hace más que recibir lo que ella misma ha sembrado. Sí, eso es lo que ocurre cuando se da por válidas leyendas, por bonitas que sean, transformándolas “a la cristiana”.

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Jorge Ruiz Ortiz. Artículo publicado en En la Calle Recta, nº 205 (marzo-abril 2007), pp. 11-14.

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Un Comentario

  1. Victor Madrid Lino

    Cuando uno escucha que existen personas ideotas, como que nos reimos,pero el caso es que en pleno siglo 21, con todos los adelantos, con toda la tecnologia que ahora se dispone, sigue aumentando el número de ideotas. Con todo respeto sin animo de ofender a nadie, no me explico como es que no se saca en claro, todo lo pasado. La iglesia catolica se subroga la autoridad de ser la depositaria de la fe cristiana.Nos olvidamos que uso todo tipo de tortura para imponer su autoridad disque para corregir errores de la gente. Por otro lado Jesús vino en la mayor sencilles posible para relizar su labor de salvar al mundo de la condenación; hoy tenemos un señor llamado “papa” que dice ser su reprentante, y vive en palacio rodeado de todo un servicio lujoso, custodiado por un sistema de seguridad que ningún personaje importante lo tiene, ¿Es este el que representa al Mesias? creo que ahora comprendera amigo lector el porque de la palabra ideota. Todavia hay muchos que le creen . QUE LA MISERICORDIA DE DIOS PERSONE A ESTA PERSONA QUE TOMA SU LUGAR INDIGNAMENTE , Y A LOS QUE TODAVIA LE CREEN LO MISMO

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