Evangélicos en España: Lo Imposible Es Realidad

La existencia del protestantismo en España ha sido a veces calificada de verdadero milagro histórico. Y con razón. En efecto, si ha habido un país del mundo en el que, desde los días de la Reforma hasta la actualidad, todos los factores pueden haberse conjurado para evitar que existiesen hoy creyentes e iglesias, ése es España. Y, sin embargo, aquí estamos. Lo cual se debe única y exclusivamente al Señor soberano de la historia, quien, en la historia misma de los hombres, hace surgir “lo que no es, para deshacer a lo que es” (1 Corintios 1:28).

La imposibilidad del protestantismo en España ya viene dada desde su mismo origen. En el siglo XVI, entre la dinastía de los Austrias y la Inquisición, se nos condenó, por medio de las llamas de las hogueras, a la más completa no-existencia, con lo cual, dicho sea de paso, se concluía también un cambio de rumbo decisivo en la identidad española, cambio que ha perdurado sin muchos cuestionamientos, de acuerdo con el carácter hispano, básicamente conformista, cuando no derrotista, hasta el día de hoy.

Los evangélicos o protestantes, llámese comos se quiera, no somos tan extraños a la historia de España como tantas veces se ha hecho pensar, y como, desgraciadamente, también los evangélicos nos hemos creídos. Nuestro origen no se remonta únicamente a los días de la Guerra de la Independencia, cuando se dieron en suelo hispano los primeros cultos evangélicos para los soldados británicos que luchaban contra Napoleón. Es algo mucho más profundo, como la idea misma de catolicidad (que no romanidad) de la Iglesia. Tampoco nuestra suerte en los días de la Reforma aconteció en una especie de vacío histórico, sino que debe entenderse a la luz de un largo pasado del que se era, y en buena manera seguimos siendo, solidarios.

Hemos de hablar así de una segunda imposibilidad en lo que al protestantismo en España se refiere. Podríamos llamarlo como la imposibilidad metafísica, según la cual, como se ha mantenido durante generaciones, lo español tan sólo puede ser sinónimo de católico romano, o dicho de otra manera, en España, si no se es católico romano, no se es nada. Dada la fusión entre catolicismo romano y cultura española, ésta es una afirmación que, aunque hoy parezca anacrónica, nos merece ser tenida en cuenta. Ciertamente, esta fusión no se limita a los tiempos llamados ahora, con evidente mala intención, del nacional-catolicismo, ni es una cosa que se salda con el cambio de régimen y la adopción de la modernidad. El sistema católico romano, por su orientación universalista, es bien capaz de operar la síntesis más compleja entre los contrarios aparentemente más irreconciliables.

Además, él sigue detentando en exclusiva los resortes fundamentales de la cultura del país, como la catequesis masiva de los niños, el calendario de fiestas, o sobretodo, la “salvaguarda” de los ya muertos, con los que, en doctrina y en práctica, la iglesia católica romana se encuentra continuamente en contacto o comunión. Con estos resortes en sus manos, las gentes ya pueden ir por donde quieran, que la orientación fundamental de la cultura española seguirá conduciendo a Roma. Y no sólo eso es verdad en lo que respecta a la cultura colectiva, sino también en lo que a las personas individuales se refiere. La enorme paradoja es que la persona en principio más anticlerical y hostil a la fe, no por ello está obligada a dejar de ser católica romana; de hecho, en la mayoría de los casos, lo sigue siendo, tanto o más como el mayor “beato”. Esto es una realidad que a los evangélicos nos ha resultado, y nos resulta todavía hoy, muy difícil de entender y para la que, por lo general, no nos encontramos lo suficientemente preparados. El hecho es que a todo católico romano, aun al anticlerical más enconado, hay que tratarlo como lo que es: un católico romano, que participa, a su manera, de la fe y de la vida de la iglesia.

Por lo tanto, no sólo tomamos en cuenta la afirmación de que en España, si no se es católico romano, no se es nada, sino que la asumimos, sin que renunciemos por ello a ser lo que somos, es decir, españoles. Lo cual tampoco nos crea excesivos problemas de identidad, porque por encima de todo creemos en Dios, “el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen” (Romanos 4:17).

De esta imposibilidad, digamos metafísica, se ha derivado, en la práctica, otra que los evangélicos en España hemos conocido bien, y esto en nuestras propias carnes: la condenación a la inexistencia en la vida pública. El paso de la no-existencia a la existencia sólo se pudo hacer, en el tumultuoso siglo XIX, en paralelo con la difícil implantación en suelo patrio de las ideas de la Revolución Francesa. En el fondo, el caso del protestantismo español fue algo comparable a lo ya vivido en Francia, en 1787. y el Imperio, 1781, cuando los evangélicos obtuvieron, gracias a las ideas liberales, sendos edictos de tolerancia.

La gran diferencia es que, en el caso español, no se tenía que tratar con un protestantismo, bien que diezmado, ya existente desde los tiempos de la Reforma, sino a uno fruto exclusivamente de la obra misionera. Esta circunstancia ha sido bien aprovechada, hasta prácticamente hoy día, por la propaganda anti-protestante, la cual ha calificado sin cesar el protestantismo en España como una simple exportación extranjera, hecha además “a golpe de talonario”. Curiosa reacción, sin duda, por parte de aquellos que en conciencia están sometidos incondicionalmente a un poder transnacional, no sólo espiritual, sino también, o fundamentalmente, político y económico, a saber, el papado. También curioso argumento, por el que se niega al protestantismo lo que se concedieron a sí mismo a raíz de la evangelización de América, propugnando la misión como una de las señales de la verdadera iglesia.

Hasta 1868, pues, la existencia, evangélica en España sólo pudo ser en la clandestinidad. Uno de los espectáculos más impresionantes, y a la vez más desconocidos, del siglo XIX es ver cómo esa existencia en clandestinidad desembocó en la eclosión evangélica durante el sexenio liberal, eclosión conocida como la Segunda Reforma. El desarrollo fue tal que ya no fue posible volver a desarraigar la fe evangélica del suelo hispánico, como sucedió en el siglo XVI. A partir de 1874, y durante unos cien años (con la sola excepción de la Segunda República, cuando se nos concedió una igualdad más teórica que real con respecto al catolicismo-romano), los evangélicos hemos sufrido permanentemente un estado de “tolerancia vigilada”, por el que se nos permitía solamente el ejercicio privado de nuestro culto y en el que hemos conocido desde violentas oposiciones (durante los primeros cincuenta años de este periodo) hasta la prohibición más absoluta (durante el franquismo) de la expresión pública de nuestra fe, lo cual incluía hasta el poder poner rótulos en las fachadas de nuestras iglesias.

Ciertamente, la situación ha cambiado durante los últimos treinta años. Ya se nos permite identificar nuestros lugares de culto como iglesias, celebrar bodas y entierros, o simplemente dar testimonio público de nuestra fe sin ser multados o sin que nuestra integridad física peligre por ello. Ya se nos considera como parte integrante de la sociedad pluralista actual, aunque, lo más a menudo, lo seamos a título de “sectas”. Es cierto que no se nos suele considerar como sectas “peligrosas”, pero sí que somos vistos, casi invariablemente, como un caso limítrofe con la patología psicológica. Periódicamente, incluso, se nos lanza por los medios de comunicación alguna que otra campaña de desprestigio, lo cual, por lo general, suele coincidir con resultados imprevistos en las elecciones presidenciales en los Estados Unidos o con los avatares políticos de los países de América del Sur que tienen una importante presencia protestante y una importancia especial para España. Con todo, la sangre no suele llegar al río. De hecho, transcurrido un cierto tiempo, aquí o allá se nos concederá algún que otro favor o reconocimiento, convenientemente hecho público, que sólo contribuirá para hacer recordar la consabida neutralidad de las administraciones públicas en materia religiosa o simplemente su espíritu de tolerancia, antiguamente llamado magnanimidad.

Sí, ciertamente, hemos entrado en el juego de “las sociedades más avanzadas de nuestro entorno”, como se decía no hace tanto tiempo, e incluso jugamos en él un cierto papel. Ya nunca más se quedará España sin un Plan Marshall, por ejemplo, debido a su intransigencia para con los protestantes. Nosotros los evangélicos, por nuestra parte, estamos tan agradecidos con el nuevo régimen de cosas que estamos hasta dispuestos a eliminar de nuestra expresiones públicas todo lo que pudiera sonar a “imposición de nuestra moral” a la sociedad. Lo contrario sería caer en un “nacional-evangelismo”, monstruosidad conceptual donde las haya.

Ciertamente, en esta situación y ante el panorama actual de descristianización severa, por no decir irreversible, de la sociedad española actual, los evangélicos hemos de volver, sin complejos, a anunciar fielmente el mensaje de la Biblia, desde la doctrina de la salvación hasta la moralidad bíblica. Pese a quien pese. Tal vez no vayamos a salvar al mundo, sino simplemente vayamos a ser fieles a la vocación con que fuimos llamados… Pero tal vez sí. A fin de cuentas, nada es imposible para Dios. Como nuestra misma existencia, hasta el día de hoy, como protestantes en España, demuestra.

_______________

Artículo publicado en En la Calle Recta, nº 135 (sept.-oct. 2005), pp. 19-22

Anuncios

  1. eliécer guillén

    Desde la doctrina de la salvación hasta la moralidad bíblica:
    Que debe incluir necesariamente, denunciar males sociales, no sólo como el aborto, sino también el racismo y la xenofobia.
    Para ilustrar mi punto:
    Un autor judío español, reflexiona y nos cuenta desde la óptica de su particular religión, lo que ocurre cuando los seguidores pacíficos de un grupo religioso, prefieren callar cuando los extremistas de su mismo credo, usando como excusa su religión para oprimir a la gente:

    http://safed-tzfat.blogspot.com/2011/12/escupir-las-ninas-no-es-el-principal.html
    Válido para usarlo como ejemplo para hablarle a los calvinistas, presbiterianos y reformados sobre su deber de denunciar al racismo y al apartheid, que tantos reformados extremistas, se han empeñado en apoyar.

  2. Jorge Ruiz Ortiz

    Eliécer,

    No tengo problemas para denunciar el racismo que han mantenido reformados en la Historia o en la actualidad. Sólo que, una vez más, esto no es de actualidad en mi país.

    Pero ya puestos a denunciar el racismo, lo que se tiene que denunciar ahora es el racismo en Sudáfrica, sí, pero el cometido precisamente contra los afrikaners. Cada día unas 8 familias de afrikaners son atacadas en Sudáfrica y esto parece obedecer más bien a una política de limpieza étnica. El país está en el nivel 6 de genocido potencial, según la organización “Genocide Watch” (el nivel máximo, 7, es de genocidio actual). Los afrikaners están siendo discriminados laboralmente por razón de su raza, lo que ha causado la creación de en muchas ciudades vivan en barrios de chabolas y de la asistencia de las iglesias (según fuentes 600.000 de un total de 3 millones de afrikaners). Pero este tipo de racismo parece que no importa a los medios de comunicación y al país en cuestión se le premia incluso con la mundiales de fútbol y congresos evangélicos mundiales. Su presidente, Zuma, es un polígamo, un corrupto y un violador, pero parece que mucha mala prensa no tiene por ello en Occidente.

    ¿Por qué no insiste usted en denunciar la violencia y el racismo que los reformados blancos están sufriendo hoy en Sudáfrica? Le animo a que lo haga. Permítame decirle que mientras no lo haya hecho, sus comentarios acerca de los reformados y el racismo no serán muy creíbles.

  3. eliécer guillén

    Saludos de Navidad y Año Nuevo, Consiervo Pastor:
    Lamento que no posteó nada usted referente sobre las fiestas.
    Me imagino que por falta de tiempo.
    En España sí es de actualidad, no me negará que hay mucha xenofobia y racismo.
    Que lo digan los hermanos en Cristo Gitanos y Latinoamericanos(me refiero a los evangélicos entre ellos), que han sufrido violencia y discriminación.
    España (hablo de la sociedad española, de la mayoría católica y atea),no ha agradecido lo que latinoamérica ha hecho por ella, en varios tiempos de crisis.
    Incluso Argentina ha recibido muchos inmigrantes Españoles, por la última crisis, ellos son tratados muy bien; a diferencia de los insultos y malos tratos que reciben los argentinos que viven en España: “Sudacas”, etc.
    Claro que sé que los evangélicos españoles son muy minoritarios y en general son muy pobres comparativamente, así que no son responsables de nada, ni pueden hacer nada; pero los reformados hablan de influir en la sociedad y de establecer legislación del estado, en base a sus ideas teológicas.
    El problema es presionar sólo por legislación por un tema, y no decir nada sobre otros “issues” de igual importancia.
    El que cumple un aspecto de la Ley de Dios, se hace responsable de toda.
    Empecemos por reconocer la existencia del problema, no negarlo como la editorial que le comenté, o disminuirlo como lo hizo una revista Española calvinista, que afirmó que en “En españa se comienza a notar una xenofobia similar a la Europea”.
    Se comienza no, tienen años en eso, y es España el país con más grave racismo, xenofobia y antisemitismo en el mundo, según muchos autores y organizaciones.

    Sobre sudáfrica ya lo he hecho, yo participo en blogs sobre derechos civiles; de muchos países, incluso en sitios sudafricanos,no soy de izquierdas ni dispensacionalista transmundano, para callar eso.
    Le enviaré unos videos y unos artículos al respecto.

    Aunque matizando hay que recordar que la Sagrada Biblia nos advierte: “que el que siembra vientos, cosecha tempestades”, y “el que a hierro mata, a hierro ha de morir”.
    Los afrikaners robaron tierras a los negros, se negaron a restituírlas, y reciben su castigo.
    Aunque la violencia es desproporcionada claro.
    Para un partidario de la pena de muerte, gracias a Dios no lo soy, sería un caso de gente castigada en proporción a su crimen.
    El apartheid fue creado por Abraham Kuyper y otros teólogos reformados.
    Y fue muy defendido por Pastores Reformados, todavía un portal suizo lo hace, al igual que varias iglesias y revistas calvinistas,la denominación tiene una responsabilidad en ello, que nunca ha asumido.

    El racismo negro no es producto de ninguna iglesia, esos políticos son comunistas ateos.
    Así que en ese caso diferente, hay que exigirle responsabilidad a los partidos comunistas, cosa que yo he hecho.

  4. Jorge Ruiz Ortiz

    Feliz año nuevo, Eliécer:

    Acerca de los evangélicos y el racismo en España, el testimonio personal que puedo dar es que soy yo el único español blanco (payo) “de pura cepa” de mi congregación. Hay sudamericanos y ciertamente hay gitanos. De hecho, me he pasado un par de años tratándome y predicando casi exclusivamente a gitanos. No tengo ningún problema por ello. Cuando era niño, en la calle y en la escuela, también tuve mucho trato con ellos. Los comprendo y me siento muy bien con ellos.

    No hay racismo en las iglesias evangélicas en España. En todas ellas hay creyentes venidos de fuera, y son queridos y aceptados como los de aquí. En cuanto a los creyentes gitanos, ellos tienen sus propias iglesias, que, por cierto, están basadas básicamente en el criterio racial. No les acuso por ello, pero es que es una realidad.

    Acerca del racismo en la sociedad española, lo hay, como se puede uno esperar en un mundo en rebelión contra Dios y sus leyes. En todo caso, sí que creo que se puede decir que hay mucho menos que en las sociedades de Centro Europa, Alemania o República Checa, pongamos por caso. Sería interesante conocer el porcentaje de matrimonios “mixtos” en España, y no sólo con mujer extranjera, sino con varón extranjero e incluso de otra raza. Seguramente, en España será uno de los porcentajes más altos de Europa. Es algo que se ve simplemente con salir a la calle.

    Simplemente, estoy completamente en contra de que España sea el país del mundo con más racismo y xenofobia. Tal vez los autores que digan esto estarán movidos por un cierto prejuicio anti-español. Simplemente, no es cierto. Yo diría que el problema en España no es tanto el racismo sino más bien el clasismo. Se desprecia lo inferior, independientemente de su origen o de su raza.

    En cuanto a Sudáfrica, me alegro que usted también denuncie lo que están sufriendo hermanos afrikaners. Muchos de ellos son asesinados al volver de los cultos, en el Día del Señor. También hay pastores atacados, familias enteras asesinadas… Es indignante el silencio de Occidente ante tanta barbarie. No creo que los hermanos que yo conozco de Sudáfrica, y a los que amo profundamente, tengan que estar “expiando pecados”.

    Ciertamente, l racismo es siempre condenable, por supuesto, pero no comporta necesariamente la eliminación de vidas humanas y la mayoría de ocasiones se trata de marginación económica o política. Por eso creo que es más urgente y necesario hoy día denunciar barbaries como el aborto, la experimentación con embriones, o el genocidio en ciernes en Sudáfrica. De hecho, creo incluso que posicionarse ante la sociedad en contra del racismo es más fácil que hacerlo en este otro tipo de cosas, y con ello tampoco estoy diciendo que la gente que lucha contra el racismo opta por lo más fácil. Pero es así, inmediatamente se te cuelga los epítetos corrientes al uso, y es muy difícil llegar a quitárselos.

    Saludos en Cristo,
    Jorge Ruiz

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s