La Conexión Carismática

Tal vez a más de uno le sorprenda saber que, según los historiadores, los inicios de lo que hoy se conoce en la Iglesia católica romana como Renovación Carismática se remontan a la Nochevieja del año 1900, en Topeka, estado norteamericano de Kansas. Pero, en efecto es así. Eran los tiempos en los que en los Estados Unidos surgían, en parte como respuesta a la relajación en las grandes iglesias protestantes caídas en el liberalismo teológico, los conocidos como “movimientos de santidad”. En Topeka, los estudiantes de un pequeño colegio bíblico, fundado ese mismo año por un joven de orígenes metodistas llamado Charles Parham, celebraban un culto de vigilia del Año Nuevo. Pues bien: una estudiante, Agnes Ozman, comenzó el año “hablando en lenguas”.

Tras esto, Parham, fuertemente influenciado por diversas teologías milenaristas (el mismo substrato del que han surgido “corrientes” tales como los mormones, los testigos de Jehová o los adventistas), insistiría en las lenguas como señal de que un cristiano ha sido “bautizado en el Espíritu Santo” y en el papel futuro de ellas en un inminente avivamiento (del inglés revival) mundial que precedería inmediatamente al regreso del Señor Jesús.

Poco tiempo después, en 1906, William Seymour, un predicador negro de santidad que había sido estudiante de Parham, se estableció en Los Ángeles y empezó a mantener unas reuniones revivalistas en un establo abandonado en la hoy célebre calle Azusa. Estas reuniones, en las que se “hablaban lenguas” a profusión, llamaron pronto la atención general por las inusitadas manifestaciones de descontrol de sus participantes, de las que, cómo no, se hizo cumplido eco la prensa local. Con lo cual, evidentemente, el interés por el Azusa Street Revival creció hasta casi convertirse en una especie de fenómeno de multitudes de la época. Durante años, hasta 1909 y más tarde incluso, se dieron cita allí miles de peregrinos venidos de todas partes, que de regreso a sus lugares de origen intentarían dar continuidad a la experiencia de Azusa creando las primeras iglesias pentecostales.

Conviene sin duda saber que Charles Parham, tras rendir visita a la obra de su ex-estudiante, desaprobó totalmente las estentóreas manifestaciones de descontrol de Azusa, por lo que Parham y Seymour no se volverían a hablar en el resto de sus vidas. Las principales iglesias protestantes rechazarían también el nuevo movimiento no sólo por sus salidas de tono sino también, o sobretodo, por razones doctrinales (la principal, el hecho de buscar al Espíritu Santo aparte de la Palabra de Dios y la unión a Cristo por la fe). Pronto las nuevas iglesias pentecostales tendrán que hacer frente a importantísimos problemas doctrinales en sus propias filas (por ejemplo, poco después de su inicio, una cuarta parte del movimiento ya negaba la doctrina de la Trinidad). Asimismo, las iglesias pentecostales tienen el dudoso honor de haber sido la primera denominación protestante en haber ordenado a mujeres como pastor (la primera fue en 1909 en Cleveland, en el estado de Tennessee) contraviniendo abiertamente así el mandamiento apostólico de 1 Timoteo 2:11-12.

Con todo, a pesar de estas precariedades, el primer movimiento pentecostal, conocido hoy como “pentecostales clásicos” o “primera oleada pentecostal”, pudo mantenerse dentro de la ortodoxia evangélica al seguir guardando las principales afirmaciones doctrinales protestantes y por su gran insistencia en la conversión personal y la vida de santidad.

A estas alturas, tal vez más de uno estará preguntándose qué tiene que ver todas estas historias, de indudable sabor evangélico-americano, con los grupos de Renovación Carismática de latitudes más latinas. Bien, hay que esperar sólo un poco más.

Como hemos visto, el movimiento pentecostal comenzó aislado y aislándose del resto de las iglesias cristianas. Seguramente la persona que más influyó desde dentro para que se produjese la apertura del mundo pentecostal fue el pastor americano David J. du Plessis, quien participó de manera no oficial en seis congresos del Concilio Mundial de las Iglesias, desde Ámsterdam (1948) hasta Vancouver (1983). Como suele suceder con los pioneros, du Plessis fue un incomprendido en su época, e incluso su iglesia, las Asambleas de Dios, lo disciplinó retirándole sus credenciales como pastor desde 1962 hasta 1980. Pero por otra parte, du Plesis consiguió también tener una enorme influencia entre las iglesias protestantes oficiales (episcopalianos, presbiterianos, luteranos, etc.).

De esta manera, en 1960 se dio en Van Nuys (California) un nuevo Azusa Street Revival, pero esta vez en la parroquia episcopaliana (anglicana) de Saint Mark. El acontecimiento fue tan sonado que incluso las conocidas revistas Time y Newsweek lo cubrieron con vivo interés. Y otra vez la llama carismática prendería por todas partes, pero ahora, a diferencia de inicios de siglo, dentro de las iglesias oficiales.

Una característica notable de este nuevo movimiento, conocido como “neopentecostal”, “carismática” o “segunda oleada pentecostal”, es que se iba a desarrollar también en las universidades: en octubre de 1962, en la Universidad de Yale, a la que siguieron otras muchas… y entre ellas, también universidades católica romanas. Así, en la primavera de 1967, un grupo de unos treinta estudiantes de la Universidad Notre Dame (South Bend, estado de Indiana) se iniciaron en las prácticas carismáticas durante un retiro de fin de semana. El retiro se volvería a celebrar anualmente como una conferencia pentecostal católica. En 1974, en la conferencia de Notre Dame ya se daban cita unas 30.000 personas. Al año siguiente, el papa Pablo VI daría su bendición al movimiento ante 10.000 peregrinos llegados de unos 50 países. En el verano de 1977 se celebró una conferencia carismática en Kansas City en las que se dieron cita las tres alas del movimiento pentecostal (pentecostales clásicos, carismáticos protestantes y carismáticos católicos); la mitad de los participantes eran católicos romanos.

¿Cuál es, pues, la relevancia del movimiento carismático dentro de la iglesia católica romana? Por las cifras, impresionante: en apenas 40 años, se ha pasado de los 30 participantes del primer retiro en Notre Dame ¡a los 100 millones de carismáticos actuales! Sin duda, debe tratarse del mayor movimiento religioso de toda la Historia. Significativamente, la mayor parte de los católicos romanos carismáticos se encuentra en Sudamérica, y en este sentido, es muy difícil dejar de pensar que el fenómeno carismático dentro de la Iglesia católica romana sirve para dos fines principales: uno de cara al interior, como contrapeso a la teología de la liberación, y otro de cara al exterior, como cortafuego al avance evangélico, en buena medida también pentecostal.

De esta manera, vemos cómo la Iglesia de Roma no sólo es una institución monolítica, que ni se inmuta por el correr de los siglos y de los milenios, como les gusta pensar a los católicos romanos de su propia iglesia, sino que también es una organización con unos reflejos increíbles y una agilidad fuera de lo normal, que ninguna otra institución humana puede emular.

Y todo ello, conviene recordarlo, bajo el control directo del papa. En 1993 se aprobó el ICCRS (Internacional Catholic Charismatic Renewel Service) organismo que centraliza las instancias carismáticas católicas romanas de todo el mundo y las pone en relación (o sumisión) del Vaticano. El mismo secretario personal del [antiguo] papa pertenece a la Comunidad Emmanuel, orden sacerdotal carismática muy activa en Francia. Actualmente, la cuarta parte de las ordenaciones sacerdotales en la región parisina es de sacerdotes de esta orden; es decir, que es una orden que apunta directamente a influir en el centro político y económico de “la hija mayor” de la iglesia católica romana, Francia. Por lo demás, Emmanuel, además de revitalizar los peregrinajes a Lourdes, dispone de importantes medios financieros, de centros de ocio, de hoteles, empresas, escuelas, asociaciones caritativas, de periódicos, inmobiliarias… En definitiva, se trata de todo un banco de pruebas para ensayar la “nueva evangelización de Europa” tal y como la comprende el Vaticano.

El hecho de que gracias a la Renovación Carismática, los mundos evangélico y católico romano disponen ahora de un amplio terreno común en términos, conceptos, prácticas y experiencias no debe hacer olvidar nunca que los católicos romanos entienden y difunden el carismatismo exclusivamente desde la perspectiva de Roma: la efusión carismática sigue siendo conferida a través de la sacramentalidad de la Iglesia y se siente una profunda aversión a proclamar la autoridad soberana de la Biblia (esto sería, según ellos, caer en el “fundamentalismo”). Si el sacramentalismo y la supremacía del Magisterio por encima de la Biblia se hallan intactas, para un evangélico sentirse en comunión con los carismáticos católicos es compartir su espiritualidad. Lex orandi, lex credendi dice la máxima bien sabida por la iglesia católica romana (“la ley de la oración es la ley de la fe”). El objetivo declarado de Allan Panozza, presidente del ICCRS, es hacer que los “hermanos separados entren en la vida sacramental de la Iglesia y atraerlos una vez más”. Más claro, imposible.

Y a todo esto, ¿qué es del mundo pentecostal evangélico? Pues tras casi cien años de existencia, con 450 millones de adherentes se ha convertido en la segunda familia cristiana en número de miembros, detrás precisamente de la iglesia católica romana. El tiempo y las cifras han acabado otorgando a este movimiento la respetabilidad que en sus orígenes ni buscó ni tampoco se le concedió. Ahora, pues, los pentecostales ya se comprometen activamente con el Consejo Mundial de Iglesias. El liberalismo teológico, por lo visto, ya no es problema, aunque siga siendo el mismo.

Por otra parte, parece ser que el mundo pentecostal ya va por su “tercera oleada”, con Toronto, y en menor medida Brownsville, como nuevo Azusa que recibe millones de peregrinos de todo el mundo; las manifestaciones de descontrol colectivo ahora serían capaces de dejar pasmado al mismísimo Seymour. Por encima de las risas y los gritos, una sola idea se transmite poderosamente: el llamamiento a la unidad completa entre los cristianos, sin contar con doctrina, tradiciones o incluso la Escritura. Todo ha de estar supeditado para que venga el último avivamiento mundial… o, según otros, para que la raza humana encuentre en Roma su unidad perdida.

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Artículo publicado en En la Calle Recta, nº 195 (julio-agosto 2005), pp. 21-24.

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  1. JUAN RAJS

    En primer lugar, publicar ahora una edición del año 2005, es reescribir una historia sesgada, mucha agua ha corrido bajo el puente desde aquella época, en segundo, decir que la Renovación Carismática Católica en El Espíritu Santo nace aunque sea en forma indirecta de un hecho acaecido en la nochevieja de 1900 de los grupos pentecostáles evangélicos es escapar por completo a la realidad, es no considerar que SS. León XIII el 1º de Enero de 1901 consagró el s. XX al Espíritu Santo, es desconocer por completo lo que predica la espiritualidad carismática católica la cual da un sentido relevante a la Palabra (léase Biblia) y por supuesto a la doctrina que de ella procede, la cual, es totalmente avalada por la Tradición y el Magisterio de la Santa Iglesia Católica, decir que ésta, es una institución humana y que extrañamente ha prevalecido por más de dos mil años con una fuerza y acción inusitadas es desconocer que ésta Iglesia es de institución divina y por tanto cuenta con la ayuda y el poder defensivo del Espíritu Santo -tercera persona de la Santísima Trinidad- “…y las fuerzas del infierno, no prevalecerán sobre ella”.
    Es no tomar en consideración el pedido del Papa Beato Juan XXIII al citar al Concilio Vaticano II, la RCC es la respuesta al pedido hecho por el Papa Juan a Dios, nada tiene que ver con las corrientes pentecostáles surgidas en la década del 1890 en USA.
    En fin, podría seguir escribiendo y explayándome acerca del tema, pero para abreviar, en resumidas cuentas, quien escribió el artículo de marras, supo, leyó, o le contaron de algo que jamás vivió y que por tanto, poco y nada puede explicar acerca de ello.
    Para comentar acerca de un tema, hay que conocerlo, a fondo, si no, es mejor quedarse callado, y para publicar algo que leí pero que en el fondo desconozco, vale la misma premisa.
    Bendiciones, Juan.

  2. Jorge Ruiz Ortiz

    Apreciado Juan,

    Gracias por el comentario. Es para mí un placer que estemos en contacto y compartamos puntos de vista.

    En primer lugar, el autor del “artículo de marras” es un servidor. Vaya esto por delante. Se sobreentiende que, si no se dice lo contrario, todas las entradas del blog son mías.

    En segundo lugar, publicar un artículo escrito en 2005 no necesariamente significa publicar un “artículo sesgado”. Sesgado sería si ocultara voluntariamente datos acontecidos hasta el 2005 o posteriores a esta fecha que invalidaran lo que digo. Sinceramente, creo que no es el caso.

    Si no digo cosas como las que dice, es porque ni forman parte de mis creencias personales ni sobretodo creo que sean datos históricos relevantes. El hecho histórico irrefutable es que el movimiento carismático en el seno de la iglesia de Roma ha tardado veinte siglos en llegar, y eso tras décadas de haberse desarrollado notablemente en el protestantismo.

    Por cierto, también los protestantes creemos que la iglesia es una institución divina. No creer en el papa no significa necesariamente contemplarla como algo meramente humano. También creemos, por supuesto, en el Espíritu Santo, quien, por ejemplo, nos da la seguridad de la salvación (cf. Romanos 8).

    Saludos cordiales,
    Jorge Ruiz

    • JUAN RAJS

      Estimado hermano Jorge, el problema que yo veo en su publicación es que sí omite datos que son relevantes a la RCC -católica, como le decía para escribir acerca de un tema es necesario documentarse, ya en la década de los 1890 SS. el Papa León XIII recibió una serie de misivas de la (ahora) Beata Elena Guerra, en las cuales lo instaba a formar un movimiento eclesial dirigido al gran desconocido de la Iglesia Católica, me refiero por supuesto al Espíritu Santo, y eso fue lo que lo llevó a consagrar el siglo XX a la tercera persona de la Trinidad, o sea, esto ocurría, en la misma época en que en el protestantismo ocurrían las escisiones en las Iglesias Metodistas y que dieron lugar a la formación -en la década de 1920- a las Iglesias Metodistas Pentecostales, creo que por su estructura, la Iglesia Católica tardó más en asimilar esa situación, pero como era una obra de Dios, indefectiblemente tenía que ocurrir.
      Sinceramente lo que me molesta en el artículo, es su título “La Conexión Carismática”, eso, literalmente, suena al nombre de una película de espionaje, no a una corriente de gracia -que eso es lo que es la RCC- dentro de la Iglesia Católica.
      Jesús lo bendiga y lo colme con su gracia, Juan.

  3. Rubén

    Tiene un pequeño error en el párrafo que comienza:
    Una característica notable de este nuevo movimiento

    South Bend se encuentra en el estado de Indiana, y Pittsburgh es una ciudad del estado de Pennsylvania. Se lo menciono porque la combinación de South Bend con Pittsburgh me hace preguntar si a lo mejor no hay una claúsula omitida.

  4. Jorge Ruiz Ortiz

    Muchas gracias, Rubén, por la corrección. Tienes razón y ya está enmendado.

    En Pittsburgh (Pennsylvania) está otra universidad católica, la de Duquesne, pionera, junto con la de Notre Dame (Indiana) del carismatismo católico romano.

    Saludos cordiales,
    Jorge Ruiz

  5. Jorge Ruiz Ortiz

    Estimado Juan,

    Muchas gracias de nuevo por su amable respuesta. De lo que dice, hay cosas que entiendo y cosas que, sinceramente, no entiendo.

    Entiendo que, desde su punto de vista, toda gracia deba ser mediada por la figura del papa. Entiendo que si para usted la RCC es una obra de la gracia, deba situar, incluso temporalmente, al papa en el origen de la misma. Pero lo que no entiendo es que usted me exija que yo acepte estas premisas para poder escribir sobre la RCC. Me parece que, con sus insistencias, es precisamente lo que hace.

    Permítame que, con todos mis respetos, disienta de lo que dice. ¿Qué significa esto de que el papa “consagra” todo un siglo al Espíritu Santo? ¿Qué poder tiene él para hacerlo? ¿Acaso se tiene que añadir ahora una nueva cláusula al filioque? En cuanto a mí, miro al desastroso siglo XX y, movimientos carismáticos aparte, me pregunto en qué se diferencia de los anteriores sino en que en él se han cometido las mayores salvajadas de la Historia. Pero claro que estamos hablando de la Iglesia…

    Además de esto, debo decir, si me lo permite, que querer calzar al papa León XIII como originario del movimiento carismático moderno me parece un procedimiento extremadamente forzado, por no decir anacrónico. ¿Estaría él pensando, al hacer la supuesta consagración, en la profusión de las actuales prácticas así llamadas carismáticas? ¿No se trata más bien de una proyección en retrospectiva, tanto para justificar una determinada realidad como para atribuirla a la figura del papa?

    De todos modos, los hechos son los hechos y estos son más tozudos que usted y yo juntos. El carismatismo en el seno de la Iglesia de Roma apareció no en 1901 y tardó unos cuantos años en ser integrado oficialmente en las estructuras eclesiales, sino en 1967, en una universidad (siguiendo los movimientos similares en otras universidades americanas) y fue rapidísimamente integrado en las estructuras eclesiales, en especial por el interés del papado en él.

    En su primer mensaje, usted negaba el hecho de que Renovación Carismática fuera descendiente, ni siquiera indirecto, de los primeros movimientos pentecostalistas evangélicos americanos. A mí me parece evidente. El carismatismo moderno nace en los ambientes revivalistas americanos de principios de siglo. Si existía anteriormente sería de manera tan marginal que apenas queda constancia de ello. Las ideas carismáticas se introdujeron en las iglesias oficiales del protestantismo a partir de mediados de siglo coincidiendo en el tiempo con el desarrollo del diálogo ecuménico entre las iglesias. Y la Iglesia de Roma se interesó finalmente en el carismatismo a raíz de su aparición y rápido desarrollo en las iglesias protestantes oficiales, también con el diálogo ecuménico como telón de fondo. Con lo cual se puede llegar a afirmar que el carismatismo, que atraviesa hoy prácticamente todas las denominaciones y confesiones, ha constituido y constituye un elemento más del movimiento ecuménico entre las iglesias.

    En cuanto al título del artículo, resonancias cinematográficas aparte (uno a veces se permite según qué licencias de estilo), lo cierto es que está reflejando una realidad. El carismatismo constituye una “conexión” entre evangélicos y la Iglesia de Roma. En sus mismas palabras, usted seguramente diría que son un “vínculo espiritual”, ¿verdad? Al caso, viene a ser prácticamente lo mismo.

    Saludos cordiales,
    Jorge Ruiz

    • JUAN RAJS

      Mí estimado hermano Jorge, creo no me entendió, yo en ninguna parte de mí comentario asevero, es más -ni siquiera lo creo- que el Papa sea mediador de las gracias que recibimos de Dios, quien intercede por nosotros ante el Padre -y constantemente- es Jesús, no menos cierto para los católicos es lo de la intercesión por María o los santos a Jesús y de Él, al Padre, pero esa es una materia diferente al punto que se ha tocado en este comentario y que no pretendo comentar, lo que intento es hacerle ver el parangón que se produce en las Iglesias cristianas, tanto la protestante como la católica, en las cuales, por las mismas fechas, se dirijen a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, esto es al Espíritu Santo.
      Estoy consciente que el siglo XX fue especialmente cruento, pero lo fue por culpa de los hombres por mal entender y mal utilizar el libre albedrío.
      En cuanto al poder del que usted se pregunta acerca de consagrar el s. XX al Espíritu Santo, pienso, que lo puede realizar cualquier bautizado no necesariamente el Papa, solo que él lo hizo como cabeza visible de la Iglesia Católica y la respuesta de Dios a eso fue suscitar, también, dentro la Iglesia Católica un movimiento de espiritualidad carismática -renovación en los fieles de los dones del Espíritu Santo (sólo podemos consagrarnos a Dios, en ningún caso a María o a los santos, pienso seriamente que quien así lo haga ometería un error garrafal, amo y respeto a María, la considero la más excelsa de las creaturas, posee un título que el mismo Dr. Martín Lutero exaltaba, el ser Madre de Dios, pero no es mas que una creatura, atribuirle otro tipo de “poderes” sería contravenir La Palabra, la Tradición y el Magisterio).
      Sinceramente para mí, el orígen del carismatismo está en el Espíritu Santo, no en tal o cual Papa, cura o Pastor, Él, fue el que lo inspiró en las diferentes Iglesias, por tanto no es cosa de hombres, que los protestantes le hayan hecho antes que los católicos es verdad, pero como le decía anteriormente al ser una acción proveniente de Dios mas tarde o mas temprano tenía que fructificar.
      Tampoco creo que sea una “conexión” entre las diferentes Iglesias, por demás, considero que la Iglesia es una sola y que todos los cristianos terminarán por unirse en la Iglesia de Jesús, el Cristo, pero eso ocurrirá cuando depongamos actitudes de ataque entre unos y otros, cuando nos unamos en torno a su doctrina, sin aceptar ningún tipo de ambigüedades, al sí Sí y al no NO, cuando dejemos de ser como decimos en Chile “ni chicha ni limonada”, recordemos y eso vale para todos, incluyéndome a mí, que no podemos ser tibios.
      En cuanto al Ecumenismo soy fervientemente contrario a él, amargas experiencias he vivido acá en el extremo de sudamérica, prefiero no practicarlo.
      No sé sí he aclarado mí punto de vista con lo que he escrito pero es lo que siento en este momento, Jesús lo bendiga, Juan.

  6. Jorge Ruiz Ortiz

    Mi estimado Juan,

    De veras, muchas gracias de nuevo por tomarse el tiempo en leer el artículo y mantener este diálogo conmigo. No pretendo ser en modo alguno descortés con usted. Ha planteado sus convicciones de manera clara y lo ha hecho de manera respetuosa. Por mi parte, yo también soy, como dice, fervientemente contrario al ecumenismo. Si alguna vez la Iglesia debe manifestar una unidad visible, espero que sea a partir del principio de la autoridad soberana de la Sagrada Escritura, es decir, a partir de una Reforma bíblica de la Iglesia, similar y en prolongación a la habida en el siglo XVI. Éste es, precisamente, el sentido de este blog.

    Con mis mejores deseos para este Nuevo Año,
    Jorge Ruiz

  7. Aldous Darwin

    “Seguramente la persona que más influyó desde dentro para que se produjese la apertura del mundo pentecostal fue el pastor americano David J. du Plessis”.
    Él era sudafricano, de la Misión de Fe Apostólica, una denominación de origen hugonote.
    Du Plessis es un apellido común en sudáfrica, como la cantante sudafricana cristiana Juanita Du Plessis, el filósofo Jakobus Du Plessis, etc.
    Los orígenes del pentecostalismo están en los profetas hugonotes de Cevennes, los fenómenos de glosolalia en la iglesia del pastor puritano Jonathan Edwards, el avivamiento presbiteriano de las hébridas donde la gente caía en trance (slain in Spirit lo llaman los pentecostales)la Revista En la Calle Recta menciona esos eventos favorablemente, los sucesos en el avivamiento presbiteriano del Pastor Evan Roberts, el avivamiento Cambusland Wark presbiteriano escocés donde la gente gritaba y sangraba por la nariz al sentir convicción de pecado ; la iglesia presbiteriana apostólica de Edward Irving cuya feligresa Margaret McDonald creó la doctrina del rapto, el avivamiento reformado holandés de New York del siglo antepasado, los profetas reformados holandeses Siener Van Rensburg y Johanna Brandt, etc.
    En wikipedia y youtube se encuentran referencias a miles de artículos enciclopédicos y libros escritos sobre éstos hechos,etc.
    Saludos en Cristo

  8. Jorge Ruiz Ortiz

    Querer hacer ahora a los reformados los padres del movimiento moderno pentecostal es un ejercicio anacrónico. Esos ejemplos aislados y extrapolados nada tienen que ver con el gran tronco del pentecostalismo moderno que está presentado en este artículo. Los “profetas de Cevennes” han sido rechazados por los reformados en Francia.

    Su referencia a “En la Calle Recta” de nuevo resulta tendenciosa.

    Le recuerdo la norma para publicar comentarios, si quiere seguir haciéndolo aquí

    https://westminsterhoy.wordpress.com/2012/12/11/normas-para-publicar-comentarios/

    Y este es el tercer y último aviso.

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