Concilio Vaticano II (1962-1965)

1. El 28 de octubre de 1958, el cardenal Angelo Giusseppe Roncalli fue elegido como papa, adoptando un nombre que había caído en desuso desde los días del Cisma de Occidente (1378-1418), Juan XXIII. Tan sólo tres meses después, el domingo 25 de enero de 1959, el nuevo papa anunciaba inesperadamente, en la basílica de San Pablo extramuros de Roma, la celebración de un nuevo Concilio ecuménico de la Iglesia católica romana, junto con la convocación del primer sínodo de la diócesis de Roma y la revisión del Código de Derecho Canónico. Pocos meses después de este fulgurante inicio, Juan XXIII publicaba su primera encíclica, Ad Petri Catedram, en las que se ligaba el anuncio y explicación de la convocación del Concilio con un paternal llamamiento a los cristianos no-católicos a volver a la sede de Pedro. Sin duda alguna, la palabra clave de esta encíclica era la de “unidad”, la cual debía ser alcanzada entre todos los cristianos y entre todos los hombres en general. La Iglesia católica romana se presentaba, así, ante los separados de Roma, como un “maravilloso espectáculo de unidad.” Ya desde el inicio mismo de la encíclica, se señalaba como objetivos del próximo Concilio la “restauración de la unidad, de la concordia y de la paz”, tres expresiones que venían a ser sinónimas. Seguir leyendo