Concilio Vaticano I (1869-70)

1. El Concilio Vaticano I ha sido el primer concilio de la Iglesia católica romana en los tiempos modernos. Casi cien años después de la Revolución Francesa, tras la experiencia revolucionaria a escala continental de Napoleón y las revoluciones y guerras civiles que siguieron en toda Europa a la restauración del Antiguo Régimen en el Congreso de Viena (1814-15), las naciones europeas estaban ya, a mediados del siglo XIX, decididamente inmersas en la Modernidad liberal. Las ideas del liberalismo filosófico del siglo XVIII habían triunfado en la mentalidad de las sociedades, en buena medida por el concurso decisivo de la prensa como medio de comunicación social. Era el momento, entonces, de que se diera la configuración política estable de Europa en base a estas ideas liberales. De hecho, se estaba a las puertas de la unificación de Alemania e Italia (1870-71), por lo que, consiguientemente, el obispo de Roma había ya perdido, en 1860, la dominación política sobre los Estados Pontificios, no sin antes enfrentarse militarmente a las tropas piamontesas. Tras su derrota, el obispo romano permanecería permanentemente custodiado en la ciudad de Roma por tropas francesas.

Vaticano I fue, sin duda, el resultado de la dirección decidida, incluso audaz, de los obispos de Roma durante este convulso siglo XIX. En particular, de Gregorio XVI (1831-46) y, sobretodo, Pío IX (1846-1878), quienes, por medio de sus encíclicas papales, pusieron a Roma como el centro de la polémica internacional, tanto dentro como fuera de la Iglesia católica romana. Las polémicas se centraron especialmente en dos ejes temáticos que, en aquel momento histórico, se encontraban íntimamente relacionados, a saber, la oposición de Roma a la civilización liberal y la infalibilidad papal. Se temía, por tanto, que la infalibilidad papal conllevara el asentimiento de la Iglesia católica romana de la oposición de Roma a la Modernidad.

 

No obstante, la infalibilidad papal también tendría como efecto el vencer definitivamente, a nivel interno de la Iglesia católica romana, la contradicción que para Roma habían supuesto las tesis conciliaristas consagradas en el Concilio de Constanza (1414-18) y Basilea-Ferrara-Florencia (1431-45). A lo largo de los siglos, el conciliarismo había perdurado en Europa gracias al regalismo y al galicanismo, cuya expresión tradicional fueron los Cuatro artículos galicanos firmados por la asamblea de obispos franceses en 1682, los cuales ponían al obispo de Roma bajo las restricciones impuestas por el poder político y la Iglesia nacional.

 

2. Como antecedentes directos del Concilio, hay que destacar las encíclicas (Cum primum,1832; Mirari vos,1832; Singulari nos, 1834) relacionadas con el enfrentamiento entre Gregorio XVI y Felicité de Lamennais (1782-1854), en las que el obispo de Roma se manifestaba explícitamente en contra de las revoluciones liberales de 1830 (particularmente la de Polonia) y de las libertades individuales, así como en contra de la separación entre Iglesia y Estado.

No obstante, sería Pío IX el gran promotor de Vaticano I. En la bula Ineffabilis Deus (1854) definía ex-catedra el dogma de la Inmaculada concepción. Salvo en muy contadas excepciones (por ejemplo, Benedicto XII en 1336, sobre la Visión beatífica), la definición de un dogma de fe había sido una propiamente una facultad de los Concilios ecuménicos. Con esta definición, Pío XI, junto con el dogma de fe, afirmaba con los hechos que el depósito de la fe de la Iglesia residía, en última instancia, en el papado, promocionando así la tesis de la infalibilidad papal. Por último, en diciembre de 1864, Pío XI convulsionaría toda Europa con sus dos encíclicas, Quanta cura y, especialmente, el Syllabus, en los que se oponía frontalmente a los presupuestos básicos de la civilización liberal, a la par que condenaba los principios regalistas y galicanos.

 

Dos días antes de la promulgación del Syllabus, Pío IX expresaba a un grupo de obispos su deseo de celebrar un Concilio. La relación entre ambos, Concilio y Syllabus, aparecía así de manera incuestionable. Por ello, hay que señalar la intensa actividad diplomática que, a partir de entonces, se iba a dar antes y durante el Concilio, siempre en torno a la cuestión de la infalibilidad papal. Del mismo modo, Vaticano I sería el primer Concilio de la Historia en el que se crearía en los distintos países unos estados de opinión pública, tanto a favor como en contra de las resoluciones del Concilio, por medio de la prensa escrita. Destacarían particularmente personalidades del sector católico liberal, como el teólogo alemán Ignaz von Döllinger (1799-1890).

3. El ocho de diciembre de 1869 se inauguraba oficialmente el Concilio Vaticano I. La participación en el Concilio fue bastante alta, teniendo en cuenta que, de un total de 1084, asistió una media de setecientos obispos. Vaticano I fue un Concilio con un marcado predominio italiano, que representaba un 35% del total de los asistentes. Por lo general, cada país asistía con una posición homogénea en relación con los distintos asuntos a dirimir, excepto en la cuestión de la infalibilidad papal. Destacaba la mayoritaria oposición en cuanto a este último tema entre los obispos alemanes y centro-europeos, así como la cerrada adhesión española e hispanoamericana a las tesis infalibilistas. El grupo francés, a pesar de su mayoritaria oposición a la infalibilidad, no consiguió presentar una posición unánime al respecto. En definitiva, en el Concilio se formaron dos grupos netamente perfilados: El mayoritario, partidario de la infalibilidad (450 de los 700 obispos) y el minoritario en contra (140 de 700).

En sus cuatro sesiones generales y 89 congregaciones generales, el Concilio generó dos constituciones dogmáticas de singular importancia: Dei Filius (24 de abril de 1870) y Pastor Aeternus (18 de julio de 1870). La primera, en sus cuatro capítulos y sus correspondientes cánones, daba una respuesta (en general aceptable desde un punto de vista reformado y evangélico) al panteísmo, ateismo y racionalismo, ligados, a menudo, al liberalismo filosófico, así como la relación entre la razón y la fe. La segunda estaba compuesta por un preámbulo y tres capítulos, con sus correspondientes cánones, afirmando la supremacía en todos los órdenes del obispo de Roma sobre la Iglesia de Jesucristo. Un cuarto capítulo concluía el documento, en el que se definía solemnemente la infalibilidad papal.

Vaticano I estuvo repleto de manipulaciones, incidentes y polémicas, que han llegado a ser ciertamente memorables. Destaca en especial la retirada en bloque del sector minoritario ante la decisión inamovible del obispo de Roma de incluir la infalibilidad en la constitución dogmática sobre la Iglesia.

4. En conclusión, el Concilio que se había previsto condenatorio de la civilización liberal nunca acabó sus sesiones. El inicio de la guerra franco-prusiana (1870-71) obligó la retirada de las tropas francesas de Roma, lo cual propició la irrupción de las tropas piamontesas en la, en adelante, capital de Italia. Desde entonces, el “papa” se declararía permanentemente prisionero en Roma, sin aceptar el régimen político italiano liberal. Así iba a continuar hasta que en 1929, por los Pactos de Letrán, el régimen fascista de Mussolini reconocería la soberanía política del obispo de Roma sobre la Ciudad del Vaticano. Una soberanía sobre un ínfimo territorio, pero de enorme transcendencia para la Iglesia católica romana, en especial en sus relaciones con los gobiernos de las distintas naciones.

Durante los próximos treinta años, los sucesores de Pío XI (León XIII, Inescrutabilis Deo Consilio, 1878; Pío X, Lamentabili y Pascendi, 1907) no harían sino confirmar las afirmaciones hechas en Syllabus o Dei Filius y su oposición frontal al liberalismo en todos sus órdenes.

– GRAU, José, Catolicismo romano. Orígenes y desarrollo, 2 vols., (Barcelone : Ediciones Evangélicas Europeas, 1987), pp. 683-828.

– LORTZ, Joseph, Historia de la Iglesia, (Madrid: Ediciones Guadarrama, 1962), pp. 565-579.

– Documentos del Concilio Vaticano I:

Contitución Dei Filius http://www.conoze.com/doc.php?doc=2943 ; Constitución Pastor Aeternus http://www.conoze.com/doc.php?doc=2944

– KIRK, K., Concilio Vaticano I, en Enciclopedia Católica

http://www.enciclopediacatolica.com/v/vaticano1.htm

– CASAS, Santiago, “El obispo Caixal y el Concilio Vaticano I”, en Excerpta e dissertationibus in Sacra Theologia XLII (2002), 473-561.

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Jorge Ruiz Ortiz. Artículo publicado en

Dizionario di teologia evangelica, P. Bolognesi, L. De Chirico, A. Ferrari eds., (Marchirolo: Uomini Nuovi, 2007) pp. 849.

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  2. Luis Arouet

    Hay que hacer unas correcciones de texto. En varias ocasiones se cita a Pío IX como Pío XII. A quienes conocen la historia no dificulta mayormente, ya que el error es muy claro, pero para quienes asisten a este interesantísimo aporte en la web en busca de saberes nuevos, puede ser confuso y desalentador. Por todo lo demás, mil gracias.

    • Julio Gutiérrez

      Es un buen artículo. Gracias.
      Sin embargo, lo he leído hoy, 3 de junio de 2016, y los errores señalados por Luis Arouet en diciembre 2011 siguen estando ahí. ¿No se puede corregir el artículo?

      Atte.

      • Jorge Ruiz Ortiz

        Muchas gracias por el comentario y también el recordatorio. Ya está corregido. Como se suele decir, más vale tarde que nunca…

        Atentamente,
        Jorge Ruiz

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