Los Evangélicos y El Aggiornamento (5)

Parte 4

c) La aparatosa entrada de la Alianza Evangélica Mundial (AEM) en el diálogo ecuménico con Roma merece ser considerada como caso aparte. A principios de los años 70, coincidiendo con el movimiento de Lausana, la AEM empezaba a reflexionar en los temas puestos a la orden del día tras el concilio Vaticano II, como la relación entre evangelización y acción social, o la contextualización en la misión y la teología. El giro de la AEM hacia el diálogo ecuménico se produjo de manera un tanto accidentada a partir de su VII Asamblea General, celebrada en 1978 en Hoddeston (Gran Bretaña). En esta reunión se dio la presencia inesperada de dos observadores católicos romanos, lo cual, en las acaloradas protestas de buena parte de los participantes, era visto como la aprobación evangélica a la Iglesia católica romana de Vaticano II, sin que esta hubiera sido votada por la AEM como tal. Para evitar una posible ruptura, en aquella asamblea se decidió la creación de una comisión de diecisiete miembros para evaluar el catolicismo romano e indicar el tipo de relación de la AEM con él. Seis años de trabajo de esta comisión dieron como resultado un documento, aprobado en 1986 en la VIII Asamblea General de la AEM en Singapur, que se llamaría La perspectiva evangélica sobre el catolicismo romano.

Todo esto habría quedado en un episodio que sólo hubiera contribuido a clarificar la posición evangélica ante el catolicismo romano, de no ser por el envío final del dicho documento al Consejo Pontifical para la promoción de la unidad cristiana. Tal vez el envío fuera bienintencionado (en señal de testimonio o como mera cortesía, pongamos por caso) pero lo cierto es que éste propició que la AEM entablara conversaciones directas con la Iglesia católica romana. En efecto, la respuesta entre firme y un tanto provocativa del Consejo pontifical (y tardía, llegada cuatro años después, en 1990) ha sido prolongada en el tiempo con una serie de encuentros (en 1993, 1997, 1999 y 2002), en los que, comenzando por los temas en principio más polémicos entre evangélicos y católicos romanos (como la justificación, la Escritura o la tradición) se ha ido avanzando hacia terrenos mucho mas fraternos, como la cooperación en la misión o el sentido ecuménico de la koinonia.

Este último documento acerca de la koinonia merecería, por la importancia de su contenido, una consideración especial. No se puede decir que, en el mundo evangélico internacional, dicho documento haya sido o esté siendo ostentado con orgullo, como muestra de los resultados que el nuevo talante ecuménico es capaz de producir. De hecho, es prácticamente desconocido por todos. La nueva luz que ha de alumbrar al mundo evangélico internacional parece permanecer aún debajo de la cama. Sin embargo, ya ha sido hecho público por los contertulios católicos romanos. Parece claro, pues, que, tarde o temprano, habrá que hablar de él.

Parte 6

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