Creo La Santa Iglesia Católica

Al citar este artículo del Credo de los Apóstoles, “Creo la santa Iglesia Católica”, nosotros, evangélicos, nos apresuramos a aclarar que la palabra “católica” equivale aquí a “universal”. Por un lado, esta reacción es comprensible, para no dar a entender que seguimos creyendo en la iglesia que está bajo la dominación del papa de Roma. Por otro lado, al decirla declaramos que no nos consideramos como los únicos creyentes que hay en el mundo, ni nuestra iglesia la única congregación, sino que formamos parte del conjunto de creyentes en Jesucristo a lo largo de todas las épocas, y en todas las naciones.

Estas razones son aceptables, pero ni una ni la otra son enteramente satisfactorias, como esperamos demostrar a continuación: es preferible de seguir hablando de la “Iglesia Católica”.

La razón principal es que la palabra “universal” es una simplificación que no acierta a expresar todo el sentido de “católica”. No encontramos mejor manera de explicarlo que citando al antiguo decano de la Facultad Libre de Teología Reformada de Aix-en-Provence (Francia), y pastor reformado, Pierre Courthial:

“La palabra griega katholicos proviene, en efecto, de la yuxtaposición de dos palabras: kath = según, y holon = el todo. Si, reducido a su sentido cuantitativo, la palabra católico significa o bien “según el todo espacial”, universal, o bien “según el todo temporal”, continuo, perpetuo, permanente, “Creo la Iglesia católica” significa entonces, o bien “Creo en la universalidad de la Iglesia”, o bien “creo en la continuidad, la perpetuidad, la permanencia de la Iglesia”. Pero esto no es ni lo más importante, ni lo esencial. En sentido cualitativo, que es el sentido principal y prioritario, que lleva consigo el sentido cuantitativo, espacial o temporal, católico significa “según el todo de la Revelación normativa que es, para la Iglesia, la Sagrada Escritura” [1]

Por su parte, Juan Calvino, en la Institución de la Religión Cristiana –aunque él mismo empleara la palabra “universal”– recoge ambos sentidos, cuantitativo y cualitativo, propios de la palabra “católica”:

“La Iglesia universal es una multitud de gentes de acuerdo con la verdad de Dios y con la doctrina de su Palabra, aunque procedan de naciones diversas y residan en muy remotos lugares, que están unidas entre sí con el mismo vínculo de religión.

Bajo esta Iglesia universal están comprendidas todas las iglesias particulares que están distribuidas en las ciudades y en los pueblos, de modo que cada una de ellas, y con justo derecho, tiene el nombre y la autoridad de Iglesia” [2]

Esta definición pone el acento en la Iglesia como institución visible. Pero la Iglesia católica es también invisible. Poco antes, Calvino había puesto la elección divina para salvación como el fundamento de la catolicidad de la Iglesia:

“Esta es la razón por la que la Iglesia se llama católica o universal, porque no es posible dividirla en dos o tres partes sin despedazar a Jesucristo, lo cual es imposible. Los elegidos de Dios están unidos de tal manera en Cristo, que así como dependen todos de una sola Cabeza, así todos ellos no constituyen más que un solo cuerpo: la misma unión que vemos existe entre los miembros de cuerpo humano” [3]

Por último, la Confesión de Fe de Westminster (art. XXV,1.2) resalta la catolicidad tanto de la Iglesia invisible como de la visible:

“La iglesia católica o universal, que es invisible, se compone del número completo de los elegidos que han sido, son o serán reunidos en uno, bajo Cristo, su cabeza (…) La iglesia visible, que bajo el evangelio también es católica o universal (no está limitada a una nación como anteriormente en el tiempo de la ley), se compone de todos aquellos que en todo el mundo profesan la religión verdadera, juntamente con sus hijos”

Concluyendo, y en resumen, si la palabra “universal” transmite más bien la idea cuantitativa y temporal (el conjunto de creyentes de todas las épocas y naciones), la palabra “católica” expresa también la idea cualitativa (la iglesia conforme a la totalidad de la verdad de la Palabra de Dios). En este último sentido, la “iglesia católica” se convierte virtualmente en sinónimo de la “Iglesia verdadera” de Jesucristo. Razón por la cual nosotros, evangélicos, no podemos concederla a la iglesia que permanece bajo la dominación de Roma. Es preferible hablar así, de Iglesia Romana, romanistas e incluso papistas, palabra esta última que, connotaciones aparte, expresa con precisión la naturaleza y el estado actual de esta iglesia.

Tanto la denominación “universal” como “católica” hacen referencia a la dimensión invisible de la Iglesia: el conjunto de creyentes, por tanto elegidos, que forman verdaderamente parte del cuerpo de Cristo. Pero la palabra “católica” expresa con mayor claridad la visibilidad de la Iglesia: una iglesia visible, institucional, la cual, conforme a la verdad de Dios, que es una, es igualmente una en todo el mundo, y comprende en su seno a todo el conjunto de iglesias locales y particulares.

Precisamente, esta creencia de la catolicidad de la Iglesia visible institucional fue, y es, de la esencia de la Reforma. Sin ella no la hubiera habido hace quinientos años, y sin ella no puede haberla hoy. Y he aquí, ciertamente, uno de los mayores males de los evangélicos hoy, razón por la cual sin duda tampoco vemos Reforma: por norma general, no creemos la Iglesia católica.

_____________

[1] COURTHIAL, Pierre, Le jour des petits recommencements, (Lausana: L’Age d’Homme, 1996), p. 133.

[2] CALVINO, Juan, Institución, IV.I.9 (Rijswijk: FELIRE, 1994),  tomo 2, p. 812.

[3] IV.I.2, tomo 2, p. 804

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  1. M. Kopecka

    Al leer este artículo me he acordado de algunas conversaciones que he tenido con católicos-romanos. Su objeción a los protestantes era que las iglesias protestantes no pueden ser la Iglesia verdadera porque no son una sola Iglesia.

    Entonces les contestaba que la Iglesia está formada por los creyentes en Cristo y es una. Después me he dado cuenta de que yo hablaba de la Iglesia invisible y ellos me preguntaban por la Iglesia visible.

    Creo que la pregunta de los católcios-romanos no está bien respondida de esta manera. De hecho, me parece que más bien tienen razón ellos, que la Iglesia visible tiene que ser una como la invisible.

    A ver si esto se puede aclarar.

  2. Jorge Ruiz Ortiz

    Antes que nada, felicidades por el comentario.

    Pero, para empezar, hay que decir que la cuestión del número, por sí solo, no define la catolicidad de la Iglesia. La Iglesia no es verdadera porque es una. Más bien hay que decir que la Iglesia verdadera es la que cree y confiesa, enseña, predica y vive la verdad de la Palabra de Dios, y esta iglesia es una a lo largo de los siglos.

    En el momento de la Reforma, la iglesia que se quedó bajo Roma era una, pero ella rechazó explícitamente la verdad de la Palabra de Dios. Asimismo, de la sujeción de Roma salieron distintas iglesias (locales, particulares y nacionales), y ellas predicaban la verdad de la Palabra de Dios en cuanto al Evangelio y la salvación. Tras quinientos años, estas iglesias no han manifestado visiblemente su unidad (por ejemplo, no han realizado nunca un concilio ecuménico), pero ello no quita los lazos de fraternidad y comunión.

    Por otro lado, Iglesia católica no significa Iglesia absolutamente evidente siempre ni iglesia perfecta. Creo que es bueno guardar la perspectiva de la Confesión de fe de Westminster en este punto (cf. Art. 25.4-5).

    Es mi convicción que la iglesia católica (verdadera) son las iglesias reformadas y presbiterianas que son herederas espirituales y doctrinales de la Reforma. Pero por otro lado, considero que el panorama protestante o evangélico actual es tan lamentable, por haberse apartado tanto de esta herencia, que lo único que se puede hacer es llamar otra vez y con todas las fuerzas a la Reforma… y seguir haciendo extensivo este llamamiento a las iglesias particulares que permanecen bajo Roma. Pero primero, comencemos por nuestra propia casa. Es lo justo según la Palabra de Dios (Mateo 7:5).

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