Escuela en Casa: Un Modelo Alternativo Para los Evangélicos

Durante esta semana se ha conocido dos noticias que hacen que la opción de “escuela en casa” (home-school) se imponga a cada día que pasa con mayor peso, habida cuenta de lo que hay. La primera, la absolución de todos los cargos, en un juicio, de una familia de Teruel que hace la escuela en casa para sus dos hijos. La segunda, la terrible noticia de la violación de dos niñas de 12 años por nueve compañeros de clase de un instituto de Madrid.

El siguiente artículo es una reflexión, publicada hace más de un año, en la que ya se avanzaba que éste era, precisamente, el curso que se iba a seguir, en ambas direcciones.

ESCUELA EN CASA: UN MODELO ALTERNATIVO PARA LOS EVANGÉLICOS

1. UNA NUEVA ENSEÑANZA

La “escuela en casa”, a debate.

La “escuela en casa” está, por fin, de actualidad en España. Ello se debe en especial a la importante atención que los medios de comunicación le están prestando en estos últimos meses. Este concepto educativo es nuevo en nuestro país, pero tiene una historia de más de treinta años en Estados Unidos y una implantación creciente en otros muchos países. Una historia suficiente como para comprobar sus efectos, que aparecen como claramente positivos. Actualmente, según el National Home Education Research Institute, (NHERI) hay en Estados Unidos entre 1,9 y 2,4 millones de niños que realizan su educación con sus padres en casa, [1] de manera que ésta ya representa nada menos que la primera educación privada del país. La primera generación de niños escolarizados en casa han llegado ya a la Universidad, con una media de preparación significativamente superior a los que siguen los estudios en las escuelas convencionales: según datos de un estudio del NHERI, los resultados de los estudiantes de escuela en casa superan en un 30% a un 37 %, en todas las materias, a los de la escuela pública. [2]

No obstante, aquí en España el fenómeno resulta muy novedoso, y de ahí proviene la atención extraordinaria que recibe por parte de los medios de comunicación desde finales del 2006. En ocasiones, se habla de unas dos mil familias que en España han optado por este tipo de enseñanza.[3] Si este dato es cierto, tal vez estemos hablando de cuatro a cinco mil niños.

A últimos de octubre del 2007, ha saltado a la palestra el caso de unos padres “home-schoolers” evangélicos de Irún, Michael y Ketty Branson, imputados por la Fiscalía de menores de San Sebastián, en lo que claramente nos parece como una vulneración de los derechos de los padres. Nos explicamos. La mayor imputación de la fiscalía consiste en la de “desobediencia a la autoridad”, puesto que los Branson no obedecieron a la orden del fiscal de volver a escolarizar a sus hijos sin que hubiera ninguna resolución judicial previa en su contra. Este asunto ha recibido una atención abrumadora por parte de los de todos los medios de comunicación importantes del ámbito nacional. Tristemente, no se puede decir que, hasta el momento, el mundo evangélico español, institucionalmente hablando, haya reaccionado resueltamente en apoyo de los hermanos imputados.

El caso ha servido para poner de manifiesto que, en términos generales, el tratamiento dado por los medios de comunicación al fenómeno de la escuela en casa es de respeto, cuando no de moderada simpatía. Este tratamiento favorable hace que la gente de a pie acepte bastante bien esta posibilidad y, a su vez, que cada vez más gente se plantee este nuevo tipo de educación como una alternativa válida para sus hijos.

Por supuesto, también se da una importante oposición en contra. Básicamente, de los sectores de la administración del Estado que gestionan la educación, es decir, los centros educativos, inspección, etc., acostumbrados a pensar que la educación o es una atribución exclusiva del Estado o debe estar bajo su control directo. En el caso que los niños hayan estado previamente matriculados en escuelas públicas, estos estamentos no dudan en considerar esta nueva etapa formativa de los niños como “absentismo escolar”, con la consiguiente creación de problemas de tipo legal para los padres. Asimismo, tampoco se puede decir que los llamados “especialistas de la educación” (pedagogos, psicólogos, etc.) manifiesten una opinión favorable al respecto, lo mismo que sindicatos, y partidos políticos, los cuales hasta el momento, por lo que sabemos, no se han manifestado públicamente al respecto. Se puede decir que el temor básico es que este nuevo tipo de educación se generalice. Algo nuevo en la sociedad emerge, de lo cual no tienen el control.

En frente de ellos, tan sólo se encuentran los padres, que reclaman (reclamamos) el reconocimiento de este derecho, y que utilizan para dar a conocer sus razones ante la opinión pública la única, pero considerable, arma que disponen en una sociedad libre: el libre acceso a los medios de comunicación.

Los evangélicos y la “escuela en casa”

En principio, la educación en casa no tiene que plantearnos excesivos problemas, ni nos debería resultar extraña, a nosotros como evangélicos. De hecho, los evangélicos han sido una de las grandes fuerzas que más han contribuido a la difusión y aceptación social de esta nueva educación en Estados Unidos, desde que las primeras iniciativas de creyentes particulares aparecieron allá por los años 1960. Tal vez hayamos conocido a algunos misioneros americanos que han seguido practicando la escuela en casa durante sus ministerios en España. Por último, también existe un pequeño número, no precisado, de creyentes españoles que la llevamos a cabo, aunque esperamos que cada vez seamos más.

Estamos convencidos de que la escuela en casa puede llegar a ser el principal modelo de educación evangélica en nuestro país, habida cuenta de la gran dificultad, a todos los niveles, para la creación y mantenimiento de escuelas evangélicas privadas convencionales. Las ventajas de la escuela en casa son ciertamente muchas. Exceden, incluso, el ámbito meramente educativo, puesto que tienen que ver con un interés en la mejora de la vida familiar. Ello se pone de manifiesto sobretodo en inglés, en el que el concepto home-schooler está ligado al de home-maker, es decir, la persona cuya principal prioridad y actividad es crear una buena vida de hogar.

Asimismo, la aparición de la escuela en casa nos presenta muy pertinentemente el interrogante de si la comunidad evangélica puede tener un discurso educativo propio, y si puede llegar a presentarse como una alternativa cultural en la sociedad actual. Las dificultades para ello ciertamente existen, pero en principio, como creyentes en Dios, hemos de descartar que haya imposibles. Tal vez, la mayor dificultad esté en nosotros mismos. Para que la comunidad evangélica en su conjunto asuma la posibilidad de la escuela en casa no sólo como algo tolerable, sino como una opción consciente y convencida, primero se tiene que superar una serie de barreras mentales. Las mismas barreras, psicológicas y sociales, que ha de afrontar una familia a título individual antes de comenzar a educar sus hijos en casa.

2. EL PRINCIPIO FUNDAMENTAL

El principio fundamental de la escuela en casa no es otro que el siguiente: la educación de los hijos es una responsabilidad esencial de los padres. Este es un principio que subyace a lo largo de toda la Escritura, y que se manifiesta, sobretodo, en sus continuas exhortaciones a que sean los padres quienes enseñen la Palabra de Dios a sus hijos. De igual manera, en un sentido más general, la enseñanza de los hijos es una de las principales responsabilidades de los padres. Los padres tienen la patria potestad sobre sus hijos como un hecho natural de la vida, tal y como ha sido creada por Dios, por el simple hecho de que ellos son hijos suyos. Pero por ello los padres están obligados a procurar el amor, cuidado y educación a sus hijos.

Esta patria potestad de los padres sobre los hijos constituye lo esencial de la esfera de soberanía de los padres, de la familia, ante otros estamentos del Orden Creacional, en particular ante el Estado. Sencillamente, esta patria potestad no es concedida por el Estado, sino que nos pertenece a los padres por propio derecho. Puede ser retirada por el Estado, cierto, si los padres son infieles a sus atribuciones, es decir, si se ha demostrado fehacientemente que incumplen las responsabilidades más básicas como padres. Pero esto no significa la subordinación de la familia al Estado, puesto que la soberanía del ámbito de la familia le marca al Estado límites que, en condiciones normales, no debe traspasar.

Esto significa que, como atribución de la patria potestad, la educación de los hijos es algo que le pertenece de manera primordial a los padres. Por eso hablamos de responsabilidad esencial de los padres. Si el Estado demanda una escolarización obligatoria, por ejemplo, ello sólo es legítimo en el sentido de que está proclamando una atribución de la patria potestad, que es el de la educación de los hijos, y en la medida que contemple que los padres, en ejercicio de esta patria potestad, proporcionen a sus hijos la escolarización que crean más conveniente, incluido la formación de una escuela en su propio hogar. Si el Estado proporciona un sistema de educación pública, en ningún caso puede tener carácter obligatorio y compulsivo para la población. Su objeto no es otro que el de “garantizar”, para el conjunto de la sociedad, unos niveles mínimos y comunes de educación.

La escuela en casa, por lo tanto, significa que los padres recuperan y toman en sus propias manos la educación de sus hijos, algo que, por derecho propio, les pertenece.

De esta manera, se da respuesta una de las principales objeciones acerca de la escuela en casa, que tiene que ver con nuestra tendencia a pensar en la educación como una atribución esencial del Estado, o que sólo es educación digna de ese nombre la impartida o reconocida por el Estado. En realidad, en esta manera de ver pesa sobremanera nuestra tradición y cultura política europea, y en particular la española, eminentemente intervencionista, cuando no simplemente estatista con claras tendencias al totalitarismo. La idea de la escuela en casa plantea muchos menos problemas en la tradición liberal anglosajona, la cual está mucho más enraizada en el concepto de “ley natural”, de la que se desprende precisamente la idea de “derechos individuales”.

3. LA NECESIDAD ACTUAL

Los evangélicos, como el resto de la sociedad, hemos confiado hasta ahora la educación de nuestros hijos al Estado, o las vías educativas convencionales reconocidas por él. Ello se debía a la función que se concedía al Estado, tanto en relación con la educación como en un sentido más amplio. Por ejemplo:

a) Un reconocimiento de su autoridad. Es bien significativo que hasta hace pocas décadas, las poblaciones han reconocido a las autoridades la potestad de aplicar hasta la pena de muerte a los criminales.

b) Una cuestión de confianza. El consenso cultural en las sociedades europeas, y en la nuestra española en particular, era formalmente cristiano. Ello significaba que nuestros hijos iban a ser educados (a grandes rasgos, nominalmente) en los valores comunes propios de la civilización cristiana.

c) El ambiente en la escuela. Como en el conjunto de la sociedad, la escuela era regida básicamente por autoridad y disciplina. Evidentemente, había excesos deplorables por parte del profesorado, pero los padres tenían la impresión de que en la escuela, a diferencia de “la calle”, los hijos no iban a aprender colas malas, a poco que ellos escogieran buenas compañías y que cumplieran con lo que se pedía de ellos. Quienes no lo cumplieran, especialmente por indisciplina o rebeldía, muy fácilmente eran expulsados de la escuela.

d) La calidad de la enseñanza. Las escuelas impartían una enseñanza que estaba realmente fuera del alcance de lo que los padres, en la inmensa mayoría de los casos, podían conceder directamente a sus hijos, aun de lo que ellos podían juzgar.

Esto, evidentemente, ha cambiado en lo últimos años, y de manera muy especial, tras el advenimiento de José Luís Rodríguez Zapatero. Estamos verdaderamente ante una manera nueva de ejercer el poder por parte del Gobierno, que por todos los medios no busca sino una nueva configuración de la sociedad. Por lo tanto, también se perfila una relación nueva del Gobierno y las autoridades con el pueblo, que nos llama a reconsiderar en profundidad nuestro voto de confianza depositado en él para la educación de nuestros hijos.

a) Por ejemplo, todavía no se ha considerado debidamente las implicaciones y consecuencias de que un Estado implante, por primera vez en la Historia, un supuesto “matrimonio” homosexual, lo cual en realidad es una contradicción en los términos. ¿Qué autoridad le queda al Estado que hace tal cosa? Por supuesto, sigue detentando el poder que, por ordenanza divina, les corresponde a las autoridades legítimas. Pero ¿podemos reconocerle autoridad moral al Estado, es decir, el derecho para utilizar el poder, porque lo empleará para el bien, la verdad y la justicia, una vez que ha subvertido completamente estos valores morales? Por lo tanto, si a nuestros gobernantes no les queda más autoridad que el poder de coacción, que es evidente que posee, ¿qué autoridad, en realidad, es la suya? O mejor dicho, ¿qué nombre hemos de dar a su ejercicio de poder?

Pero podemos decir aún más. El “reconocimiento” de un supuesto “derecho” de los matrimonios a los homosexuales significa, en el fondo, que el ámbito de la familia pasa a ser contemplado, por primera vez en la Historia, no como un hecho natural de la vida misma, sino como una concesión graciosa por parte del Estado a sus súbditos. El Estado marca así su supremacía absoluta sobre la familia en general, puesto que el matrimonio homosexual es equiparado ante en todo punto a los verdaderos matrimonios. El Estado, por tanto, no reconoce ninguna esfera de soberanía (potestad) a la familia, ya que la familia ante él es un concepto vaciado de significado. Y lo triste es que los evangélicos, en términos generales, no nos hemos enterado para nada de que esto es la verdadera cuestión que subyace detrás del “matrimonio homosexual”. ¿Vemos hacia dónde éste nos aboca?

b) Es evidente que la educación promovida y proporcionada por el Estado ha entrado en una profunda crisis, lo cual no es sino el reflejo de la crisis en la que está inmersa la sociedad en su conjunto. En el caso de España, la importación masiva y sumamente ingenua de las pautas culturales más radicales del mundo occidental europeo y americano ha hecho que, en un par de décadas, nuestro país se ponga a la cabeza de los países más secularizados del mundo, y ello, bien curiosamente, sin que sea un país oficialmente laico. En España, el postmodernismo, basado en el relativismo ético, juega el papel de ideología oficial del régimen. El clima general de la sociedad es de ruptura con el pasado más inmediato, o revolución permanente, de permisividad generalizada en lo colectivo y de auténtico desconcierto en las conciencias individuales.

c) La escuela deja de ser autoridad, por no decir que está guiada por un espíritu anti-autoritario. Lo cual significa que la escuela, forzosamente, se convierte en un fiel reflejo de la sociedad, la cual, como hemos dicho, está inmersa en un proceso imparable de descomposición. No sólo eso, sino que, al acompañar la institución de la escuela a la sociedad en este camino, la afianza aún más en él. Con ello, la escuela se está convirtiendo, al mismo tiempo, en vector de un nuevo modelo social postmoderno, que sería la culminación, o síntesis, de las ideas más radicales de la modernidad, tanto en su vertiente liberal como izquierdista.

d) Como consecuencia de esto, no podía ser de otra manera, el ambiente en el interior de las escuelas se ha degradado dramáticamente. De ello es prueba bien elocuente la violencia entre compañeros o contra el profesorado,[4] el cada vez mayor tráfico y consumo de drogas en los centros,[5] o la promiscuidad sexual a una edad cada vez más temprana. [6]Es bien triste decir que confiar nuestros hijos a la escuela es cada vez más arriesgado para la integridad moral, espiritual e incluso física de nuestros hijos. Pero esa es la realidad.

e) Disponer así de la escuela por parte del poder, en contraste con el cometido original encomendado por los padres, sólo puede resultar en una pérdida general de calidad en la enseñanza. No es cuestión solamente de recursos económicos destinados a la educación, sino que es en buena medida producto de la profunda decadencia de la cultura en nuestra época. A su falta de referentes de la Revelación divina, las sociedades occidentales ahondan todavía más la ruptura con los patrones culturales o grandes modelos clásicos, tanto más cuanto más imbuida de post-modernismo está la cultura oficial. En el caso de España, por tanto, la ruptura es abismal. Lo cual no queda sin consecuencias importantes. En una palabra, se produce unas nuevas generaciones muchísimo más manipulables, a pesar de que ellas estén orgullosamente convencidas de lo contrario. Es un hecho que nuestros planes de estudio, en contraste con la enseñanza clásica, no favorecen precisamente el uso correcto de la argumentación y del raciocinio, y la integración de los datos en esquemas de pensamiento generales.

f) Hemos de ser conscientes no sólo en la importancia de la transmisión de conocimientos, sino también en la manera como estos son transmitidos. En el orden y manera del contenido de la enseñanza, en su organización interna, se transmite asimismo toda una manera de ver la vida, una cosmovisión muy definida, que indudablemente dará lugar a  una mentalidad, una ideología y aun una manera de vivir correspondientes en nuestros hijos.

Por ejemplo, siempre nos ha intrigado el por qué de la presencia exorbitante de imágenes de brujas en los libros de estudio de los niños, en particular de los más pequeños. Últimamente hemos encontrado lo que nos parece la respuesta más probable. Más que un personaje simpático, se ha de ver en ello un símbolo de la liberación de la mujer, de la emancipación femenina contra el “patriarcado” y los patrones morales y culturales de la sociedad tradicionalmente cristiana.

Tomemos, asimismo, los libros de texto de primaria. Veremos que las antiguas “Naturales” y “Sociales” han sido unificados en una categoría más bien “holística” llamada “Conocimiento del Medio”, que sirve también para presentar, a la par de esos conocimientos, como no, los valores cívicos. Todo tiene su razón de ser. Por ejemplo, tomando los libros de texto de nuestros hijos, la primera lección del primer curso tiene como punto de partida el cuerpo humano. La idea principal que se transmite en ella: “Tú tienes derecho a tu propio cuerpo, y nadie te lo puede quitar”. El universo se empieza a estudiar a partir de uno mismo. Es evidente que se trata de una muy eficaz manera de transmitir la idea de que el hombre es libre, que él es el centro del universo, y que lo es cada individuo en particular… Por no hablar también de la atención muy especial que esta asignatura dedica para presentar con todo lujo de detalles los aparatos genitales, tanto masculinos como femeninos, sentando así las bases para una muy temprana “educación sexual”.

Mucho se podría hablar en este sentido, en la orientación ideológica de los textos en los que se les enseña a leer a nuestros hijos, en la proliferación exuberante de imágenes en los libros de texto, en el rechazo visceral contra todo tipo de memorización, incluso en la manera como se enseña a los niños a realizar operaciones matemáticas… Nada es injustificado, todo tiene su razón de ser.

A todo ello, por si fuera poco, hemos de hablar de la implantación de la nueva asignatura de “Educación para la Ciudadanía”. Con ella, el adoctrinamiento moral, ideológico e incluso espiritual de nuestros hijos llegará a ser total, puesto que no es otra su vocación. Ya no son los ciudadanos que dicen al Estado cómo tiene él que ser, sino todo lo contrario. Está claro que este adoctrinamiento por parte del Estado se produce cuando se desconfía o hasta cuestiona la educación moral que reciben los niños en la familia por los padres. El Estado busca a hacer a los hijos ideológicamente mejores que sus padres. El Estado declara, pues, con sus hechos que considera no ya la instrucción sino la educación de los niños como una atribución esencial suya (véase los comentarios precedentes acerca del “matrimonio homosexual”). En este punto, por tanto, no podemos transigir.

h) Por último, la razón por la que deberíamos con fuerza plantearnos la escuela en casa es la falta de alternativas. No hay escuelas evangélicas convencionales. Por otro lado, aun respetando profundamente a los padres que hayan optado por ellas, las escuelas católicas tampoco son la mejor solución. Primero, porque al ser por lo general centros concertados, la enseñanza que dispensan no podrán del todo escaparse de estos condicionantes impuestos por el Estado. Segundo, y es algo que merece ser muy tenido en cuenta, porque es bastante inverosímil pensar que la educación dada por los católicos no vaya a ser en nuestros hijos un factor determinante a la hora de entender nuestras diferencias con la Iglesia católica-romana, o incluso llegar a ser formativa a nivel espiritual.

4. RESPUESTAS A ALGUNAS OTRAS OBJECIONES

1. “La escuela en casa es ilegal”

Sencillamente, esto no es verdad. La ley española reconoce la patria potestad, una de cuyas atribuciones es proporcionar educación a sus hijos (art. 155 del Código Civil). Asimismo, la Constitución española reconoce el derecho de los padres a educar a sus hijos en sus propios valores morales y religiosos (art. 27.3). La ley española también obliga la escolarización de los niños (art. 1.1 de la Ley Orgánica 8/1985; art. 4.1 de Ley orgánica 2/2006, y del R.D. 732/1995, art. 11.1). Pero la escuela en casa no infringe esta ley. La escuela en casa lo que significa precisamente es la creación de una pequeña escuela en el ámbito de una sola familia. En algunos estados de Estados Unidos, la ley obliga a las escuelas en casa a tener un nombre, exactamente como las otras escuelas. Se les reconoce, pues, a las escuelas en casa el carácter de escuelas. Si se responde que tales escuelas en el hogar no son reconocidas u homologadas como tales por nuestra Administración, hemos de responder preguntado que cuál es el principio que ha de prevalecer: los criterios meramente administrativos del Estado para reconocer una escuela privada o el derecho inalienable de los padres a proporcionar la educación a sus hijos. En otros países de nuestro entorno inmediato (Francia, Italia o Portugal) este punto está perfectamente claro. En Francia, la no-escolarización de los niños es legal desde 1882, y los niños educados por los padres obtienen los títulos oficiales presentándose por libre a las convocatorias de los mismos.

En el fondo, es una simple cuestión de principios. Estamos hablando del derecho fundamental e inalienable de los padres a educar a sus propios hijos. Los derechos fundamentales están por encima del ordenamiento legal, puesto que éste lo único que ha de hacer es protegerlos. Los regímenes pueden cambiar, y con ellos sus leyes, pero no así los verdaderos derechos fundamentales.

En segundo lugar, mientras que el Estado no reconozca el derecho de los padres a la formación de sus propias escuelas en su hogar, los padres siempre tenemos el recurso de recurrir a escuelas debidamente reconocidas por Gobiernos extranjeros que desarrollan programas de escuela en casa por medio de un sistema de tutorías. Ya hablaremos de esta posibilidad un poco más adelante.

La prueba de que la escuela en casa no es ilegal es que todos los juicios que se han celebrado en España, el juez o ha resuelto a favor de los padres, o ha directamente archivado el caso sin tener que pasar a juicio. Últimamente, hasta lo archivan los Fiscales de menores que reciben la denuncia de la inspección de educación. La escuela en casa, por tanto, no infringe directamente ninguna ley. De otra manera, en nuestro país ya estaría totalmente proscrita. Simplemente, es una realidad que todavía no está contemplada por nuestras leyes. Pero esto no es ningún delito.

2. “La escuela en casa impide la socialización de los niños.”

Hay que perderle el miedo a esta afirmación recurrente. En primer lugar, el mismo término de “socialización” debería ser puesto por nosotros totalmente en cuarentena, porque es uno de los ejemplos más evidentes de la filosofía materialista que rige en Occidente, desde el siglo XIX.

En segundo lugar, si hablamos de la socialización en el sentido en el que normalmente se entiende y se usa este término, el de “relación social”, se tiene que responder con un “depende”. Muchos niños perfectamente escolarizados tienen una vida social muy limitada, pobre o incluso inexistente. Por otra parte, la escuela en casa también puede llegar a ser un aliciente para que las familias cultiven una relación social variada, sana y gratificante para sus hijos.

En tercer lugar, ¿es la escuela convencional quien proporciona una “socialización” perfecta para los niños y jóvenes? Si lo paramos a pensar, la escuela misma es una situación absolutamente artificial en la vida, y tampoco está libre de contraindicaciones importantes para procurar individuos más sociables. En la vida normal no estaremos nunca con treinta o cuarenta individuos de exactamente la misma edad que nosotros. Esa no es una situación normal ni en la familia, ni en el futuro trabajo, ni siquiera en la Universidad. La escuela, debido a la obligación de la escolarización masiva, divide artificialmente la realidad de los niños en franjas de la misma edad, y aísla el grupo durante muchos años del resto de las personas. Todos los niños de las mismas edades están juntos, pero separados de los demás. Esto puede contribuir que un número no cuantificado de personas, las que tienen mayores dificultades de adaptación, no consiga nunca a subirse al mundo de los adultos. Los planes del Gobierno de ampliar el Bachillerato hasta los 20 años nos debería hacer reflexionar en este sentido.

Por el contrario, la escuela en casa hace que los niños estén continuamente con personas de otras edades, para empezar sus propios hermanos, y permite que los niños sean introducidos en el mundo de los adultos por mediación de los padres. A la larga, su sociabilidad será mucho mejor.

3. “No los quites del mundo, sino que los guardes del mal”

No es extraño que se intente dirigir este versículo bíblico en contra de los padres que optan por la escuela en casa. En realidad, se trata de un claro mal uso de la Escritura. Esta misma lógica prohibiría la creación de escuelas privadas evangélicas convencionales. ¿Estaríamos dispuestos a llegar a este punto? Si es así, ¿por qué no dar un paso más, y prohibir todo aquello en lo que como creyentes nos distingamos del mundo?

Por otra parte, como hemos intentado exponer anteriormente, el mal de nuestra época es de tal naturaleza que hemos de plantearnos si esto no demanda de nosotros como padres, para que nuestros hijos sean guardados del mal, la creación de escuelas en casa. Si vemos este punto claro, y estamos en condiciones como para poder hacer una escuela en casa, entonces estaremos a un paso de crearla.

5. CONDICIONES PARA LA ESCUELA EN CASA

Condiciones personales:

a) Estar convencido de lo que se está haciendo. Podemos hablar incluso de estar llamado a hacer la escuela en casa. Si no se está, seguramente que lo mejor sea no intentarlo.

b) Entrega total. Normalmente, la escuela en casa demandará el sacrificio de las expectativas profesionales de la mujer. Asimismo, el marido tendrá en casa y en la enseñanza de los niños mucho más trabajo que cuando los niños estaban en la escuela. Sus aspiraciones profesionales se verán limitadas, por lo tanto, también lo será la promoción social y económica de la familia. Hay que ser consciente de que la vida familiar se verá transformada por el hecho de tener continuamente a los niños en casa. Hay que asumir todo esto y estar dispuesto a obrar en consecuencia.

c) La escuela en casa ha de convivir con las tareas normales del hogar. Esto demanda de los padres una buena organización, sobretodo una gran disciplina y orden en los horarios. No se puede optar por la escuela en casa para que la vida para los niños se convierta en un caos. En los padres, el gusto por la rutina es necesario. Esto no excluye, a veces, las sorpresas y el hacer cosas que no estaban planeadas. La escuela en casa también proporciona más libertad que la escuela convencional para ello.

d) Estabilidad emocional en los padres. Sobretodo, mucha seguridad y confianza en el Señor. Los padres han de tener su vida devocional, tanto personal como en pareja. También los cultos familiares han de formar parte de la escuela en casa. En definitiva, todo ha ser hecho en un ambiente verdaderamente espiritual.

e) Preparación intelectual. Esto no significa que, como a veces se alega la escuela en casa sea algo reservado exclusivamente para gente con una formación extraordinaria. Sobretodo, significa el tener un gran deseo de entrar en una renovación intelectual continua para los padres, una verdadera y nunca acabada “formación permanente”. En la escuela en casa, los primeros que aprenden son los padres: qué es lo que tienen que enseñar y cómo hacerlo. Unos padres con estudios normales, pero con mucho interés e ilusión por lo que hacen, enseñarán mucho más y mejor a sus hijos que la gente preparada con estudios, pero sin más interés que el recibir la paga a final de mes.

Condiciones institucionales.

Como creemos que se translucirá en nuestro artículo, no estamos abogando por un concepto absolutamente libertario de la escuela en casa, puesto que lo concebimos siempre en términos de escuela. Lo cual significa que los padres han de proporcionar horarios, e inculcar a los hijos el valor de la disciplina y del trabajo bien hecho.

Concebir la escuela en casa en términos de escuela implica hablar de la necesidad de evaluar los conocimientos de sus hijos. Por la utilización ecléctica de diversos libros de texto correspondiente a sus edades, o siguiendo uno en concreto de su elección, los padres tendrán una guía, un patrón, para ir siguiendo el desarrollo de la educación de sus hijos. Es también recomendable que los padres hicieran que un profesor particular evaluara periódicamente a sus hijos.

Asimismo, la necesidad de la evaluación exterior a los padres significa que los hijos sigan los estudios que les den sus padres, pero estando apuntados en escuelas que proporcionan a los padres un sistema de tutorías y de asesoramiento, tanto legal como educativo. Lo ideal es, como ya hemos adelantado anteriormente, hacerlo en escuelas extranjeras que tengan reconocimiento oficial por parte de sus respectivos Gobiernos. Es precisamente por medio de una escuela americana con sede en España que la escuela en casa ha sido introducida en nuestro país de manera legal. De esta manera, al acabar los estudios, los niños tendrán su correspondiente diploma extranjero, que puede ser convalidado con el español.

Éste es un modelo que creemos que los evangélicos podemos seguir sin problemas, a fin de poder contar con una escuela en casa específicamente evangélica en España. Si se siguiera este modelo, no tendríamos muchos problemas para disponer, en poco tiempo, de un sistema semejante con una escuela evangélica debidamente reconocida en un país extranjero. Tendría que ser una escuela que fuera seria, solvente, fiel a la Escritura y con una base confesional clara.

De todos modos, los padres hemos de reconocer también al Estado su potestad para evaluar los conocimientos adquiridos por nuestros hijos. Lo podrían hacer, por ejemplo, al acabar la primaria, secundaria y bachillerato, comparándolo con el nivel de las escuelas convencionales.

6. VISIÓN

Por largo tiempo, los evangélicos hemos carecido de una enseñanza propia. Estamos a merced de una enseñanza laica (ya sea pública o privada) o de la que nos pueda proporcionar  la Iglesia católica. Ya es hora de que los evangélicos podamos enseñar a nuestros hijos integralmente en nuestra fe y valores, así como procurar a nuestros hijos una enseñanza que prime la excelencia, el desarrollo de todo el potencial de cada uno de ellos y, por encima de todo, la gloria de Dios. En una palabra, dar a nuestros hijos una enseñanza esencialmente bíblica, basada íntegramente en la revelación de Dios, tanto la natural como la escrituraria.

[Artículo publicado en Nueva Reforma, 80 (enero-marzo 2008), pp. 10-16]

_________________

[1] http://en.wikipedia.org/wiki/Homeschool

[2] Fuente: ibid.

[3] “Ellos no van al cole”, Mujer hoy, nº 394, p. 17.

[4] Según una encuesta del Centro Reina Sofía del año 2005, el 75% de los alumnos ha sido testigo de algún tipo de agresión contra alguno de sus compañeros. El 14,5% de los escolares entrevistados declara haber sido víctima de agresiones. España es el segundo país de Europa en agresiones en los centros escolares, sólo superado por Bélgica (la media de las agresiones en Europa es de un 11,5% de alumnos). http://www.gva.es/violencia/crs/crs/informe_escuela.pdf

Según otro estudio del sindicato ANPE-Madrid, del año 2006, el 90% de los centros está afectado por casos de violencia. Más de la mitad de los profesores en toda España (el 53,6%) declara haber sido víctima de algún tipo de violencia. En los estudios de E.S.O y Bachillerato, el porcentaje aumenta hasta el 65,1%.  http://www.el-refugio.net/bullying/informe-cisneros-VIII.pdf

[5] En la Comunidad Valencia, los niños empiezan a fumar hachís a los 12 años, datos sin duda sin indicativos del conjunto de España. http://www.20minutos.es/noticia/123483/0/alcohol/porros/desintoxicarse/

Según datos del Ministerio de Sanidad, en 2006 17000 menores consumieron cocaína en España, http://www.20minutos.es/noticia/119803/0/menores/esnifaron/cocaina/

España es el país europeo con mayor consumo de cocaína: 6000 menores entre 14 y 18 años la consumen cocaína a diario. http://www.20minutos.es/noticia/207639/0/espana/consumo/cocaina/

Sin embargo, el Gobierno español ha rechazado implantar los controles de consumo de droga en los centros, lo cual ha sido puesto en práctica en Gran Bretaña http://www.unad.org/documentos/200403081.pdf

[6] El 60% de los jóvenes entre 14 y 19 años declara haber tenido “relaciones sexuales”, produciéndose en el año 2003 abortos, en chicas menores de 19 años, en casi 9 menores de cada 1000. http://www.ipfe.org/noticias/index.php?p=215

Cf. también  http://www.conelpapa.com/sexo/sexoescuela.htm

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  1. Olga poggi

    Es un articulo muy importante. Estoy de acuerdo con su punto de vista y lo que dijo respecto a escribirse a una buena escuela. Es lo que estoy buscando para mi hija y de verdad , con buena doctrina, reformada no encuentro ninguna. Podria sugerirme una. Dios le bendiga.

    • Jorge Ruiz Ortiz

      Muchas gracias por el comentario. La verdad es que, tras los años, nosotros tampoco conocemos. En España, no las hay, y en Europa, es bien difícil encontrar. En EEUU ciertamente se podría encontrar, pero hay que ver si desarrollan los estudios también en español. Nosotros continuamos ofrenciendo la enseñanza a partir de distintos libros de texto.

      Se tendría, pues, que seguir buscando. Siento no poder serle de mucha ayuda en este sentido. Bendiciones.

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