El Impracticado Camino de la Reforma en España

mapa camino españaEn el año 1555, en el reino de Francia había tan sólo cinco congregaciones reformadas, constituidas según la reforma de Ginebra, es decir, contando no sólo con ministerio pastoral sino también con un consistorio presbiteral. Siete años después, en 1562, había en Francia no menos de dos mil congregaciones. En ese mismo año comenzaría en el vecino país la primera de las Guerras de Religión.

Éste fue un acontecimiento trágico, pero absolutamente predecible, aun para los actores de aquella época. Desde la década de los 1530, la monarquía francesa se había opuesto resueltamente a abrazar la Reforma iniciada en Alemania y continuada en algunos cantones de Suiza. La opción por la continuidad en el seno de la Iglesia, la legitimidad política concedida por el papado, el equilibrio de fuerzas internacional frente a las potencias europeas que, como el Imperio y España, permanecían ligadas a Roma, o el decidido espíritu centralizador de la monarquía, pesaron grandemente en la decisión de los reyes de Francia a la hora de decidir la persecución de la considerada como disidencia religiosa.

Sin embargo, no por ello la Reforma se arredró. Calvino mismo, en el temprano año de 1536, en el dedicación de la primera edición de la Institución de la Religión Cristiana, ya advertía directamente al rey Francisco I de que si, en contra de sus ruegos, el monarca continuaba con la persecución de los evangélicos, el Señor mismo, a su debido tiempo, saldría “con mano armada” en su defensa. Fue necesaria una espera de casi veinte años, en los que la Reforma se pudo consolidar en el enclave suizo, para poder pasar a la ofensiva. El momento llegó, pues, en 1555. En siete años, una vez más, se plantaron en Francia dos mil congregaciones.

Por aquel mismo entonces, en España, se celebra, en mayo de 1559, el primer auto de fe de la Inquisición contra los miembros de la congregación protestante de Valladolid. Le seguirían otros tres autos de fe más (septiembre de 1559, Sevilla; octubre de 1559, Valladolid; diciembre de 1560, Sevilla). La congregación de Sevilla era especialmente importante: Cerca de ochocientas personas serían procesadas por herejía, llegando el movimiento protestante a alcanzar al convento jerónimo de San Isidro.

Comparando los casos de ambos países, se desprende un dato de gran importancia, pero que tampoco se suele tener muy en cuenta al hablar de España y la Reforma: En el año 1555, Francia tenía, probablemente, tan sólo tres congregaciones protestantes más que España.

A la vista de ello, la pregunta surge inmediatamente: ¿Qué es lo que hizo la diferencia entre la suerte de la Reforma en ambos países? Evidentemente, no nos es dado inquirir en los designios secretos del Señor, quien guía la Historia según sus propósitos soberanos (Dt 29,29). Tampoco nos corresponde ahora abundar en los factores de orden político, que sin duda influyeron en el fracaso de la Reforma en España. Indiquemos, simplemente, el rumbo mundialista de la corona española con el advenimiento de los Austrias, particularmente con Felipe II. Lo que sí que, por el contrario, podemos hacer es señalar brevemente algunos de los factores que resultaron decisivos, más concretamente en el terreno eclesiástico.

En la década de 1520, las clases cultivadas de la nobleza e importantes sectores de la Iglesia se decantaron por la figura de Erasmo de Rótterdam. El humanismo de Erasmo, caracterizado por una antropología optimista y por – en el fondo, y a pesar de su crítica a las órdenes religiosas – moderación en lo eclesiástico, sería la “vía media” que se escogería entre, por un lado, la Iglesia papista y, por otro, la Reforma que avanzaba en Alemania y Suiza. De la distancia de los gobernantes españoles con el papado habla bien elocuentemente el hecho de la toma y saqueo de Roma, en el año 1527, por parte de las tropas imperiales. Asimismo, es un hecho que el mismo rey Carlos I se rodeó de personas, políticos y eclesiásticos, que al final serían sospechosas o incluso acusadas por sus vínculos con el erasmismo, cuando, once años después de su muerte en 1547, todas las obras del humanista holandés fueron prohibidas en España. El proceso del mismísimo Arzobispo Toledo, primado del Imperio español, Bartolomé Carranza, es paradigmático en este sentido.

Por su parte, el caso de Francia, en un primer momento, no es muy distinto al español, sobre todo al considerar al llamado “movimiento evangélico” en el interior de la Iglesia católica romana, el cual fue encabezado por el humanista francés Jacques Lefèvre d’Étaples Las analogías con el papel jugado por el erasmismo en España, pues, son evidentes.

¿Se puede, por tanto, indicar algún factor, algo que estuviera presente en el ámbito francés, y que faltara en el español, que contribuyera a la muy distinta suerte de la Reforma en ambos países? Señalemos tan sólo uno: En 1544, Calvino publica y envía masivamente a Francia desde Ginebra el panfleto conocido como Excusa a los señores nicodemitas. En él, el reformador francés conmina a los sectores alcanzados por el humanismo cristiano a romper con los moldes que los mantenían dentro de la Iglesia papista y a decantarse abiertamente por la Reforma.

Esta obra fue la conclusión de una serie de escritos que comenzaría prácticamente al día siguiente de la primera publicación de la Institución, de la cual ya hemos hablado. En el año 1537, Calvino escribía dos epístolas latinas en las que se invitaba a los iluminados por el Evangelio a no mezclarse en las ceremonias de la Iglesia romana. En 1540 escribiría otra carta del mismo contenido. En el año 1543, publicó el “Tratado del Fiel entre los papistas”, seguida al año siguiente de la “Excusa a los nicodemitas”. Por último, Calvino reunió todos estos escritos y los publicó, primero en latín y, en el año 1551, en francés.

Eso fue, pues, lo que faltó en España. Por las razones que sea, aquí no se rompieron los moldes, con lo cual no llegó nunca la Reforma eclesiástica. A la cual no pudieron seguir tampoco la Reforma del país en su conjunto, una Reforma sobre bases bíblicas, y bajo la autoridad soberana de la Escritura, la Palabra de Dios.

No obstante, todavía podemos extraer enseñanzas importantes por las que ser interpelados. La perspectiva del fracaso de la Reforma en España cambia notablemente cuando se pasa a valorar que los estamentos que la tenían que llevar a cabo en nuestro país optaron mayoritariamente por el nicodemismo. Y es muy de temer que, casi quinientos años después, en él sigan todavía instalados. ¿Cómo distinguir esta actitud? Se da nicodemismo cuando se acentúa la espiritualidad interior hasta el punto que se desecha como carente de importancia el aspecto “exterior” de la profesión de la fe, cuando se deprecia del elemento doctrinal y confesional en la Iglesia, cuando se defiende a ultranza el irenismo, cuando multiplica sin fin los llamados “adiáfora”… pero también, como no puede ser de otra manera, cuando se muestra una insatisfacción profunda y permanente por lo que no se alcanza. Como José Biedma López bien afirma, “El nicodemismo preconciliar era –como es hoy- una modalidad expectante de espiritualidad, a la espera de una reforma que nunca llegará del todo, que nunca llega… Es también y a la vez una táctica de preservación basada en la ocultación de las propias creencias y en el respeto a la tradición.” [1]

A la luz de todo ello, podemos concluir avanzando las siguientes proposiciones:

1) Una Reforma bíblica, de la iglesia y de la sociedad, es esencialmente incompatible con el actual estado de le iglesia y de la sociedad.

2) Una Reforma bíblica sigue siendo tan esencialmente incompatible con el actual estado de cosas hoy como lo fue hace casi quinientos años.

3) Hay actitudes y tradiciones que, como el nicodemismo, son esencialmente incompatibles con la Reforma bíblica.

4) No hay Reforma bíblica hasta que no se alcanza, por la Palabra de Dios, el “centro neurálgico” ideológico sobre el que se sustenta un tiempo determinado.

5) No se puede pretender declarar como nulo un “centro neurálgico” e introducir su sustitución por otro sin que los actores que defienden este tiempo reaccionen en contra de él por todos los medios, hasta violentos.

6) El “centro neurálgico” del que dependió y depende la Reforma bíblica no es otro que el de la gloria de Dios (Soli Deo Gloria).

7) Siempre hay un precio a pagar. Tanto en afrontar la Reforma bíblica como en optar por continuar sin ella.

_______________________

[1] José Biedma López, “El nicodemismo de Juan de Valdés”.

[Articulo publicado en Nueva Reforma, nº 75 (Julio-Septiembre 2007), pp. 6-8]

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