Categoría: Comentario Bíblico

Isaías 1:10-20 (y II)

Explicación Teológica

Si en el anterior pasaje veíamos que la destrucción del reino de Israel fue debida a la apostasía, la perduración del reino de Judá se debe a la gracia de Dios (vs. 9). Este pasaje, el segundo oráculo de Isaías, marca las condiciones en la que esta perduración se produce: ligada a la verdadera adoración a Dios. Él la busca y requiere de su pueblo, ésta ha de ser verdadera, como la ofrecida en Jerusalem en contraste con la ofrecida por el reino de Israel. El culto arbitrario (ethelothrēskia, Colosenses 2:23), aun ofrecido al Dios verdadero, es rechazado como idólatra. Pero el culto verdadero también ha de ser sincero, genuino (Juan 4:23) y, resaltado de manera especial en este pasaje, en el contexto de una vida íntegra.

De esta manera, la adoración religiosa pública, aun siendo verdadera, no cuenta automáticamente con el agrado del Señor. Seguir leyendo

Isaías 1:10-20 Adoración e Iniquidad

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10 Oíd la palabra de Jehová, príncipes de Sodoma; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra.

11 ¿Para qué a mí, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Harto estoy de holocaustos de carneros, y de sebo de animales gruesos; no deseo sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos.

12 Cuando venís a ver mi rostro, ¿quién demandó esto de vuestras manos, hollar mis atrios?

13 No volváis a traer ofrenda de vanidad; el incienso, él [es] abominación para mí; luna nueva y sábado, el convocar asambleas; no puedo sufrir iniquidad y solemnidades.

14 Vuestras lunas nuevas y vuestras solemnidades aborrece mi alma; me son por carga; cansado estoy de soportar[las].

15 Cuando extendiereis vuestras manos, [yo] esconderé de vosotros mis ojos; asimismo cuando multiplicareis la oración, [yo] no oiré; llenas están de sangres vuestras manos.

16 Lavad, limpiaos; quitad la maldad de vuestras obras de ante mis ojos; dejad de hacer el mal.

17 Aprended a hacer el bien; buscad juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda.

18 Venid y estemos a cuenta, dice Jehová: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, serán como blanca lana.

19 Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra;

20 Si no quisiereis y fuereis rebeldes, seréis devorados a espada; porque la boca de Jehová [lo] ha dicho.

Con este oráculo, el discurso de Isaías cambia ostensiblemente de sentido. El estilo descriptivo de los versículos iniciales da paso a la invectiva, la denuncia y el llamamiento al arrepentimiento. Este llamamiento pasará, así, a encabezar todo el resto del libro, marcando toda su orientación y sentido.

10. Los verbos “oíd” y “escuchad” son los mismos que los del vs. 2. El profeta interpela primeramente ahora a los gobernantes de Judá (qāṣîn, cf. 3:6.7; Miqueas 3:1.9). Por su función de representación, todo el “pueblo” está también comprendido. La “palabra de Jehová” está puesta en paralelismo con la “ley” (tôrâ), la cual tiene en esencia el sentido de instrucción.

El pueblo de Judá se había librado de acabar totalmente destruido como Sodoma y Gomorra (vs. 9), pero no se escapa esta vez de ser puesto al nivel de estas dos ciudades en lo que vivir en el pecado y la maldad se refiere. La maldad de estas dos ciudades es descrita sobretodo en Ezequiel 16:49-50, donde se hace especial hincapié en los pecados derivados de su opulencia y riqueza, perspectiva también presente en este pasaje de Isaías (cf. vs. 17). Sin embargo, los pecados de índole sexual también están apuntados por Ezequiel (vs. 50: “hicieron abominación [tô‘ēbâ; cf. Levítico 18:22; 20:13; Judas 7] delante de mí, y cuando lo vi las quité”, evidente alusión a Génesis 18:20-21 y 19:1-11), por lo que estos no se pueden excluir al hablar de la iniquidad de estas dos ciudades.

El Nuevo Testamento también continua esta identificación de Jerusalem con las ciudades de Sodoma y Gomorra (cf. Apocalipsis 2:9).

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Isaías 1:2-9 (y II)

Explicación Teológica

Isaías 1:2 llama a Israel “hijos” y Romanos 9:4 afirma que de los israelitas es la “adopción”. El pueblo de Israel fue puesto aparte, santificado para Dios, de todas las naciones de la tierra. El pueblo como tal había recibido la instrucción de Dios a lo largo de la Historia, de manera especial, recibiendo la revelación divina por medio de sus santos profetas. Cuando en la Palabra se califica a Israel como hijo de Dios, hay que tener en cuenta que en el pueblo había tanto creyentes como incrédulos, piadosos como impíos, elegidos como reprobados. La Palabra de Dios reserva la adopción como hijos tan sólo a los miembros creyentes y piadosos del pueblo, la elección de Dios.

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Isaías 1:2-9 Israel Destruido, Judá Asediado

2 Oíd, cielos, y escucha, tierra; porque habla Jehová: Hijos crié y engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí.

3 El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de sus señores; Israel no conoce, mi pueblo no tiene entendimiento.

4 ¡Ay, nación pecadora, pueblo cargado de maldad, generación de malignos, hijos destructores! Dejaron a Jehová, despreciaron al Santo de Israel, se han vuelto extraños [tornando] atrás.

5 ¿Por qué seréis castigados? ¿Todavía añadiréis revuelta? Toda cabeza [está] enferma, y todo corazón doliente.

6 Desde la planta del pie hasta la cabeza, no hay en él nada íntegro, [sino] herida, hinchazón y podrida llaga; no fueron curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite.

7 Vuestra tierra [es] devastación, vuestras ciudades [están] quemadas con fuego, vuestra tierra delante de vosotros, extranjeros la comen, y [es] asolación como asolamiento de extraños.

8 Y queda la hija de Sion como choza en viña, como cabaña en melonar, como ciudad sitiada.

9 Si Jehová de los ejércitos no nos hubiese dejado un resto pequeño, como Sodoma fuéramos, y a Gomorra semejantes.

Los capítulos 1-5 presentan la actividad profética de Isaías durante el reinado de Uzías.2 Crónicas 26 nos sitúa este periodo. Uzías fue un rey piadoso y por eso fue prosperado por Dios (vs. 5). Su reinado se centró en levantar un gran sistema defensivo (vv. 9-10), la reorganización y modernización del ejército (vv. 11-15) y el desarrollo de un ambicioso programa agrícola y ganadero (vs. 10). Como resultado de ello, el pequeño reino de Judá obtuvo prosperidad y seguridad, llegando a tener renombre entre sus enemigos.

2-4 En estos versículos, el pueblo es acusado por Dios, por medio de su profeta, por haber roto la Alianza y haber caído en apostasía. Se hace un hincapié especial en la culpabilidad moral y espiritual de este abandono del Señor.

2. La invocación a los cielos y tierra introduce un litigio legal entre Dios y su pueblo en el que el profeta, como portavoz de Dios, vindica la Alianza del Señor. Esta invocación se remonta al Cántico de Moisés (Deuteronomio 31:28; 32:1) y es retomada en el Salmo 50:4. Los cielos y la tierra son testigos mudos, pero permanentes y perdurables como la fidelidad de Dios a sus palabras. La infidelidad predicha se cumple, pero el pueblo es culpable de ella.

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Isaías 1:1 Título

Visión de Isaías hijo de Amós, que vio sobre Judá y Jerusalem en los días Uzías, Jotam, Acaz, Ezequias, reyes de Judá.

Estas palabras forman el título de las profecías de Isaías, que abarcan los 66 capítulos de este libro. La palabra “visión” ( ḥāzôn ) denota revelación sobrenatural (cf. Salmo 89:19). Esto es lo que marca la diferencia con los falsos profetas, los cuales profetizaban “de su propio corazón” (Ezequiel 13:3). En el Nuevo Testamento se nos dice que los profetas “hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21), en efecto, por “el Espíritu de Cristo que estaba en ellos” (1 Pedro 1:10-12). La palabra de los profetas del Antiguo Testamento forma parte, por derecho propio, del canon de las Escrituras cristianas.

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